jueves, 30 de octubre de 2014

Sin perdón

  Pido perdón, pido perdón, perdón. Lo siento. 
Mis más sinceras disculpas. 
No lo sabía, no me di cuenta, me engañaron. 

  Estas y parecidas razones cacarea ahora el Presidente del Gobierno de España. Lo hace leyendo un papel sin tener el desparpajo de derramar unas cuantas lágrimas, aunque fueran de cocodrilo. Como dice Michael Corleone, nos pide el favor de que lo perdonemos, pero lo hace sin ningún respeto. Que le perdonemos su falta de cuidado, por su negligencia, pero no por sus propios pecados.

  Después de negarlo todo, después de decir que eran casos aislados, después de decir que exagerábamos, ahora que la corrupción política y empresarial en España es tan obvia como el aliento a ginebra de un borracho, se sacan el último naipe de la chistera. Su disculpa no nace de su afligido corazón sino de las instrucciones de los asesores. "Pedir perdón. Sentirse indignado. Posdata. No olvidar poner cara de cordero degollado antes de ser degollado".

  Los asesores, sociólogos y otros cerebros del Partido Popular han llegado a la conclusión de que España no deja de ser un país de tradición católica. Un país sentimental después de todo. Un país feo después de tanta corrupción, pobreza y desigualdad. Católico, feo y sentimental como Valle-Inclán, creador del esperpento definió a su decadente personaje el Marqués de Bradomín. No se hagan ilusiones, los asesores no leen a Valle, ni se creen feos ni mucho menos sentimentales. Pero sabedores de la influencia del perdón, no dudan en jugar la carta de la manipulación sentimental. Ya lo decía Calisto en la Celestina "que de los buenos es propio, las culpas perdonar". ¿Vamos a ser tan malvados con esta pobre gente que no ha matado a nadie, tan solo se ha llevado unos cuantos miles de millones de euros? ¿Y qué es acaso el vil metal comparado con la grandeza de nuestros corazones?

  En el fondo de la mayoría de los españoles anida una primera comunión (aunque rara vez una trigésima). Por tanto, algo les suena de la catequesis o de las palabras melifluas arrojadas en las clases de religión. El perdón es un concepto capital del catolicismo. Tienen un sacramento consagrado que se desenvuelve en torno al concepto de perdón. Sin embargo, bien provistos como está el Partido Popular de miembros del Opus Dei, debería recordar que tras administrarse el sacramento de la confesión lo que se logra es la absolución de los pecados. Como diría cualquier tertuliano que se precie: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios exento de impuestos. 

  Estar libre de pecado, para los que vivimos sin religión, no significa gran cosa, pues existe el concepto del mal, y quizá también los remordimientos, pero no el pecado. Tampoco para los creyentes basta con la confesión. Como recordaba algún contertulio de edad, para recibir el perdón, el pecador debe mostrar sinceridad y propósito de enmienda. Difícil creer en la sinceridad de quien pide disculpas leyendo un papel y menos en su propósito de enmienda cuando las medidas que toma contra la corrupción son papel mojado.

  Los piadosos de verdad saben que ciertos pecados no se lavan con la mera confesión. El caballero don Juan Manuel de "Romance de Lobos" de Valle-Inclán, sabe que no basta el arrepentimiento de su vida disoluta, que ha llevado a la tumba a su mujer.  Es imprescindible la penitencia. Su penitencia es la búsqueda de la muerte que no llega, la indigencia y el martirio de ver a sus hijos convertidos en animales de rapiña.

  Pero además, el perdón debe de ser recibido y aceptado. No siempre conviene, pese a la buena fama que tiene la magnanimidad. Es bien sabido que los maltratadores tienden a pedir perdón a sus víctimas, a quienes les tratan de convencer de su sincero arrepentimiento. Muchos esfuerzos se han dedicado a convencer a las maltratadas en lo peligroso e inútil que resulta perdonar al maltratador, quien tanto si fue sincero como si no, probablemente volverá a repetir su agresión, seguramente con más violencia.

  —¿Quién es el dueño de esta pocilga?—. brama William Munny el asesino vengativo que encarna Clint Eastwood en "Sin perdon" (Unforgiven. 1992). Munny trabajaba humildemente de porquero. Su difunta mujer le había redimido. Sin sangre ni licor. O al menos eso creía, porque si es un asesino de ágil gatillo en el lejano oeste tarde o temprano uno seguirá su naturaleza y no habrá para él perdón ni redención, y eso que Munny era sincero. Conviene recordarlo y actuar en consecuencia.



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domingo, 26 de octubre de 2014

Test: ¿Qué sanguinario dictador eres?

  ¿Quién no ha recibido alguna vez el reproche de que se comporta como un dictador? 

Eliges una película sin consultar, te niegas ingerir hamburguesas en sórdidas cadenas americanas o decides que hay que volver a casa antes para no encontrarte con una congestión de tráfico. ¡Dictador. dictador, dictador! De acuerdo, pero ¿cual? Dictadores hay muchos. De izquierdas y derechas. Sanguinarios y supersanguinarios.

¿Qué tipo de dictador eres tú? Este pequeño test te ayudará a descubrirlo.


1.- Estás tranquilamente viendo pasar los estorninos en una calle cuando ves que un fulano aparca en la zona reservada para discapacitados. ¿Cómo reaccionas?

  1. Le pides cortésmente que retire el vehículo ya que su discapacidad está por debajo del 33% y la caradura no se considera como tal.
  2. Le felicitas y le sugieres firmar un manifiesto a favor de Esparta.
  3. Dejas que se aleje y le pinchas las ruedas.
  4. Sigues mirando los estorninos.


2.- Acaban de cesarte como consejero de Bankia pero sigues teniendo una tarjeta black. ¿Qué haces?

  1. Me la sigo fundiendo como si no pasara nada.
  2. Me la sigo fundiendo como si no pasara nada.
  3. Me la sigo fundiendo como si no pasara nada.
  4. Me la sigo fundiendo como si no pasara nada y si me pillan digo que no sabía que la tenía.

3.- Juegas un partido de tenis con un amigo. En una pelota de partido la pelota pega en la línea y tu rival te pregunta si ha sido buena. 

  1. Le dices que no tiene corazón por ganarte el partido.
  2. Le dices que la pelota fue mala y le reprochas su mezquindad por dudar de tu palabra.
  3. No le contestas y te otorgas el punto.
  4. Le das el punto y el partido pero contratas tres mafiosos para que le den su merecido.

4.- Eres un/a cerdo/a sin escrúpulos que quiere hacer la vida imposible a un compañero de trabajo. ¿Qué estrategia usas para minar su moral?

  1. Le echas la culpa de todos los errores de la oficina.
  2. Le das instrucciones incorrectas para que se equivoque.
  3. Le criticas a sus espaldas para que el resto de los compañeros le tome manía.
  4. 1, 2, 3 y además le pones sal en el café.

5.- Acabas de hacer en tu casa una obra ilegal y buscas un lugar para tirar los escombros. ¿Dónde los tiras?

  1. Aprovechas la noche para encontrar un descampado.
  2. Aprovechas la noche para arrojar los escombros en un río truchero.
  3. Aprovechas la noche para tirar los escombros en un paraje natural protegido.
  4. En pleno día tiras los escombros aplastando a unos cuantos linces ibéricos.

6.- Eres abogado y te piden que defiendas a Carlos Fabra. ¿Qué decisión tomas?

  1. Lo rechazas porque el tal Fabra ni siquiera tiene un mísero homicidio en su historial delictivo.
  2. Lo aceptas porque paga una pasta y es una buena oportunidad para hacerse un arroz en Castellón y cantar la canción de El Último de la Fila.
  3. Lo rechazas porque perdiste una mañana intentando tomar un avión en el aeropuerto de Castellón.
  4. Lo aceptas porque una de tus ilusiones en la vida siempre ha sido conocer a su hija, la diputada Andrea Fabra.



Solución.

Predomino de 1). Stalin. Eres un verdadero dictador soviético. Aunque eres un palurdo de provincias y tienes un bigote feroz. Te gusta comerte crudos a listillos que hablan siete idiomas, como ese idiota de Trotsky. La última vez que sentiste remordimientos fue cuando robaste un chupete a otro niño en el Jardín de Infancia. Tu palabra fetiche es Gulag. 


Predominio de 2). Francisco Franco. Tienes voz aflautada y probablemente no tengas todos los testículos, pero tu frialdad solo es pareja a tu psicopatía. Todos te consideran un asco, pero los que acabarán siendo un asco son los demás. Tu palabra fetiche es masón. 


Predominio de 3). Hitler. Aunque te hubiera gustado dedicarte al arte , pero sueñas con el exterminio de parte de la humanidad. Te da igual empezar por los ciclistas o por los jugadores de mus. Cuidado. Nunca entres en un búnker. Tu palabra fetiche es achtung!


Predominio de 4). Pinochet. Siempre has adorado los uniformes y poner cara de mala leche. Cuando eras pequeño ya disfrutabas troceando lagartijas vivas. Te flipan los castigos físicos, llevarte el dinero de los demás y hacerte pasar por yanqui. Tu palabra fetiche es Chicago.



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sábado, 25 de octubre de 2014

Si no se puede bailar, no es mi revolución

  Esta célebre y genial frase fue acuñada por la feminista y anarquista Emma Goldman. Un personaje notable. Haré un guiño feminista, mucho más que otros que están en primera línea del panteón de los personajes admirados. Pero si la vida no es justa, ¿por qué iba a serlo la posteridad? Goldman rechazaba los paraísos revolucionarios que no dieran libertad a las personas también para gozar. A mi me interesa la frase desde otra perspectiva. ¿Bailar el qué? 

  Pondré un ejemplo. La transición española, ahora tan criticada y con razón, fue experimentada no sólo como un cambio político, sino como un cambio social, de mentalidad, de costumbres. Era quitarse el luto de la abuela y ponerse una minifalda de colores. Fue una explosión de creatividad. Derribos Arias, Radio Futura, Golpes Bajos e incluso si se quiere, Mecano. Así ha sucedido a lo largo de la historia. Desde la Marsellesa al coro de los esclavos de Verdi en Nabucco. Desde las Polonesas de Chopin a las Valquirias de Wagner. De Fariña a James Brown

  Me preguntaba cuál era la música que encarna las ganas de cambio en España. Las ganas de que Rato y Blesa acaben en la cárcel, cuando no comidos por los leones. Las ganas de que Rajoy por fin se vea como lo que es, un tipo gris y retorcido al que le huelen los calcetines de sudor. Que liquide para siempre del subconsciente de la gente humilde que la felicidad está en una hipoteca a cuarenta y cinco años y un todoterreno. Que se burle de la clase paletodirigente con sus auditorías de calidad, coaching, managing, business breakfast y toda su pueblerina parafernalia trufada de pseudo-inglés. Que entierre a todos los que usen la frase "ponerse la pilas" cuando ellos cobran seis mil euros al mes y sus empleados seiscientos. ¿Qué bailan?

  Como soy un tipo cuarentón y aislado, tirando a aislacionista de temperamento a veces albanés, ahora más bien norcoreano, en lo que a las relaciones con el exterior se refiere, pongo en cuarentena (en un rasgo de sensatez que no es siempre apreciado por occidente) mis opiniones en torno al tema "qué-es-lo-que-sucede-fuera-de-mi-casa". Si a eso se le une que no viajo, mi precaución es más que necesaria. Por supuesto navego, buceo y a veces naufrago por Internet, y trato de estar más o menos al día de lo que sucede pero ¿cómo puedo estar seguro? A fin de cuentas descubrí a Arctic Monkeys seis años después de su primer disco. ¿Qué movimiento cultural, musical, teatral, cinematográfico, fotográfico, literario, operístico, de danza hay detrás de toda estas ganas de cambio?

  La respuesta la obtuve la pasada semana. Ninguno en absoluto. No hay nada o al menos nada que haya cuajado. ¿Cómo lo supe? Viendo a los de Podemos clausurando su congreso cantando L´estaca de Lluís Llach. "Si jo l´estiro fort per aquí..." Cuando yo tenía veintitantos L´estaca era una canción que olía a naftalina y que cantaba con mis amigos como si fuera un coro bufo cuando llevábamos más calimocho encima del que correspondía. Cuando estábamos de verdad animados ya nos decantábamos por la música sacra y el himno anarcosindicalista "A las barricadas".

  Que nadie me lo tome a mal. No es que me una a la bandada de buitres que empieza a sobrevolar "Podemos" ni que pretenda hablar mal del maestro Llach. Pero si las nuevas ideas asamblearias y tecnoparticipativas, si la "democracia 2.0" ha echado mano de L´estaca como glorioso himno, es porque no hay nada mejor. O quizá es que tienen más sentido del humor del que demuestran (que es ninguno) y han querido hacer un guiño irónico a los tiempos de la transición democrática que ellos tanto critican. Pero no creo.

  Resulta, por tanto, que lo escucho desde mi refugio norcoreano "es lo que hay". Ahora me explico por qué en las fiestas infantiles de los colegios no se les ocurre poner otra cosa a los infantes que una sórdida "chunda chunda", a veces un detestable reguetón. No sé cómo la fiscalía de menores no toma cartas en el asunto.

  Algunos dirán que me paso de sentimental. Que lo importante son las propuestas políticas, sociales y económicas. Pero hasta que haya una música detrás que la inspire y la encarne, no me creeré que hay detrás una nueva propuesta de cambio, no de las sillas en los ayuntamientos y las empresas de capital mixto o en los palcos de los campos de fútbol.

Si es una revolución, quiero bailar, y quiero bailar algo que suene a nuevo. 
Para lo de siempre, ya me quedo con Cat Stevens.





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