28 febrero 2015

Notas de Cine

  "Notas de cine" es un excelente programa de cine y música que emite la Cadena Ser, dirigido por Antonio Martínez. Como es una emisión (como decía mi abuela) buena y cultural, está proscrita a la madrugada del sábado al domingo, no sea que la gente desarrolle sentimientos por algo diferente a un gol de Messi o unas rebajas de Carrefour.

  Antonio Martinez formaba parte junto con María Guerra, Elio Castro, Juan Zabala y su director Carlos López-Tapia, del programa de cine "Lo que yo te diga" que se emitía en la Cadena Ser. Juntos lograron convertir que un niño necrófilo y ficticio fuera el crítico cinematográfico más reputado del país. Ahora, con diferentes componentes, tiene una interesante página web y podcast que siguen el espíritu del programa.

  En una promo hace años del programa Notas de Cine, escuché a Almodóvar decir que en ocasiones ponía música de cine en casa y que convertía las actividades cotidianas en una experiencia cinematográfica. La idea quedó rondando en mi cerebro, perdida y compartiendo neuronas con las que se encargan de lograr que cada calcetín tenga su pareja, y la que me recuerda (sin éxito) que tengo que llamar al seguro de la casa, y por fin ha dado su fruto. Por supuesto, lo que ahora sigue es tan solo una propuesta. No oso decir que deban utilizarse siempre, y sin el consenso de la pareja, el compañero de piso o la delegación del Gobierno. Pero es una propuesta meditada de años y avalada por un psicólogo, un trabajador social, un educador y un policía nacional.


  • Desayuno. Dicen los expertos en nutrición que es la comida más importante del día. En España se maltrata al Desayuno de lunes a viernes. O quizá no. Quizá sólo se oculta a las miradas de los nutricionistas haciéndose llamar almuerzo, paraíso formado por tostadas con aceite y jamón. ¿Qué escuchar? Perdonen que sea una propuesta obvia, pero ¿a que es bonita? Moon river me llamaba a susurros.


  • Cocinando para los amigos. Bien es uno de los placeres de la vida. Sólo hace falta tener buenas viandas y amistades con hambre. La comida ha sido la protagonista de grandes películas, sea en el papel secundario de la mantequilla del Último tango en París o en el estelar del El festín de Babette. Siento decir que mi propuesta va a ser más inquietante

  • Ducha segura. Ducha y cine. Ya sé en lo que están pensando. Pero queremos salir vivos de la ducha, lugar predilecto para que psicópatas, asesinos y entes paranormales cacen a sus desnudas (por lo general mujeres) víctimas. ¿Les podemos ahuyentar con acordes como los ajos a los vampiros o la decencia a José Ignacio Wert? Podemos (con perdón), con el pretexto de que en esta legendaria película hay una inolvidable escena en una bañera

  • La cama no es para dormir. Debo de corregir. Mi cama es sólo para dormir, pero espero que tengan ustedes una vida más interesante, aunque si pierden el tiempo leyendo mi blog, permitan que lo dude. ¿Algo para ponernos tiernos? ¿Algo que nos ponga cachondos? ¿Algo que nos haga sentir vivos? 

  • Todos tenemos nuestros "Días de la rata". El Día de la rata es aquel en el que te sientes tan miserable que más valdría haber nacido roedor, gato o incluso mosca. Precisamente en mosca es en lo que quiere convertirse, según ha declarado en una entrevista, el director Gonzalo Suárez. Lo que a cada uno le anima es muy subjetivo. Por ejemplo, los depresivos nos ponemos bien intentando estar peor, de modo que yo ahondo en mis depresiones con el Requiem de Mozart o con una pieza de Eric Satie y me quedo como nuevo. Pero no compartiré mis fantasmas y haré una propuesta razonable. Si todo el mundo te dice que te quiere ¿qué es lo que se siente? 

Decididamente, las penas con notas son menos. 
Decididamente ninguna de las propuestas es seria, pero 
 ¿a que no ha sido peor leer el post que sufrir una inyección?





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26 febrero 2015

Las reacciones

  Hoy era el segundo día de esa comedia bufa que se llama "Debate del Estado de la Nación". Una comedia que ni siquiera tiene guión original. Pero como decía William Holden en El puente sobre el río Kwai,  "siempre hay que contar con los imponderables". En lo más insulso de la vida sobreviene lo inesperado. A veces, demasiado a menudo en forma de tragedia. Otras veces es simplemente un augurio y, de cuando en cuando, un regalo.

  Hoy ha sucedido en el debate al que aludía. Un parlamentario, citaremos su nombre para la posteridad, Joan Baldoví, estaba recitando su papel cuando de repente le ha sobrevenido una indisposición. Abruptamente ha interrumpido su discurso, mientras apenas sin fuerzas se recostaba en el suelo junto a la tribuna. Si hiciésemos una lectura política a la americana, este incidente habría acabado con su carrera política. Pero esto es España y en España como en Rusia, se puede comparecer débil o borracho, no mengua la popularidad de un político.

  Parece que su señoría se encuentra bien y su vahído ha sido simplemente un susto. Pero me ha interesado, mientras veía el vídeo que será la intervención más seguida del diputado en su vida, la reacción del resto de las personas que se encontraban a su lado. La que estaba más próxima se le acercó y sus brazos laxos la han retratado como una persona falta de energía e iniciativa. Sin embargo, Celia Villalobos, en funciones de presidenta del Congreso, resolutiva, daba instrucciones de primeros auxilios y pedía un médico.

  Las reacciones ante los acontecimientos inesperados nos definen. Sobreviene lo inesperado y no podemos acogernos a nuestras costumbres, a nuestra buena o mala educación, nuestra elocuencia o parquedad. Hay que actuar, y como en las bodas de las películas, hablaremos ahora o callaremos para siempre.

  Hace unos años estando en Madrid, coincidí en un bar con Ricardo Darín. Coincidir no es estar. La única persona célebre que conozco personalmente es mi madre. Estaba en la mesa de al lado, rodeado de chicas en flor que le miraban arreboladas. Para un paleto de provincias como yo la posibilidad de encontrarse a famosos es uno de los encantos de Madrid. De modo que desde la mesa vecina yo también miraba arrebolado a Darín. 

 De repente dio un brinco y en dos zancadas se plantó en la calle, en la puerta del local. Detrás de él el clan femenino y el pesado de la mesa de al lado (también conocido como yo). En la calle un turista guiri yacía en el suelo. Creo que tenía algo de sangre. Le acababan de robar y sólo Darín se había dado cuenta, y como el héroe de una de sus películas, había acudido a prestarle asistencia. Tenía su mano sosteniendo su cabeza. El pesado (yo) se hizo un hueco entre las admiradoras y los curiosos, me acuclillé y me ofrecí a hacer algo. Darín me miró pero no me contestó, como justo castigo al paleto de provincias que aprovechaba la ocasión para simpatizar con la celebridad, y siguió a la suya.

  He vuelto a ver el vídeo del desmayo y me he fijado en las reacciones de los diputados, de los periodistas y de los ujieres. Me he fijado en la reacción de Mariano Rajoy, y me ha confirmado su naturaleza. Mientras Villalobos se sentía francamente alarmada y preocupada, al presidente se le ve sentado cómodamente en su escaño. Sin moverse contempla el espectáculo como un impávido coloso. Seguro que le provoca más emoción el sprint de una etapa tediosa del Tour de Francia. No me sorprende la frialdad de Rajoy. No creo que sea una persona de profundos sentimientos. Sin embargo debo añadir, que yo mismo he reaccionado en ocasiones de un modo que me avergüenza.

  Pero debo terminar desconcertando a los lectores y contradiciéndome con todo lo dicho. Contaré otra anécdota, aunque esta vez, obviamente, yo no estaba presente. Corría el año 1977 y un incendio se declaró en la calle Sagasta de Madrid. Un veinteañero entra en el inmueble y salva a varias personas. Esa persona, que mostró su naturaleza en esa heroica reacción, sería años más tarde conocido por su sanguinaria trayectoria criminal. Ese hombre se llama Iñaki de Juana Chaos.



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