viernes, 30 de enero de 2015

Entre bastidores

  Los tipos que hablan constantemente de sus cosas y que hacen referencia solo a su pequeño (o grande) mundo interno, suelen ser aburridos "ad nauseam". Sin embargo con el cine ocurre a veces lo contrario. Cuando se miran el ombligo y hacen una reflexión sobre su profesión, a menudo da fruto a películas extraordinarias.   

  El último filme que se ha unido a la nómina es Birdman (2014). Por fin González Iñárritu se ha liberado de cierto toque pedante y plomizo para crear una obra de ritmo prodigioso. Rodado en un aparente plano secuencia y a ritmo de sonido de percusión que juega a ser diegético, los personajes van y vienen desde el espléndido escenario a los cochambrosos camerinos de un teatro de Broadway. 

  El ritmo de sus idas y venidas es paralelo al caldero de ideas y miedos que bulle en su cabeza. ¿Lo mismo de siempre? ¿Los actores, actrices, guionistas, directores, productores con sus neuras y obsesiones? ¿Es que de verdad son tan especiales? ¿No funcionaría igual una película si hablaran de los funcionarios de un juzgado de instrucción? ¿Fue antes el huevo o con dos huevos?

  He hecho una pequeña lista de películas sobre el mundo del teatro y del cine para que saquen sus propias conclusiones. Sacarlas yo sería más trabajoso, y con toda seguridad, serían menos atinadas. Me limitaré a mencionar su nombre, fecha, director y un frase que me venga a la mente. 


  • Ser o no ser (Ernest Lubitsch) 1942. ¿La mejor comedia de la historia? ¿Una de las películas que mejor ha envejecido? Un grupo teatro polaco utiliza su talento contra el invasor nazi. Hago notar el año de filmación. Compárenla con El Gran dictador y verán cómo la primera está reluciente y la segunda huele a naftalina (sea lo que sea eso).

¿De verdad no conoce a ese gran, gran, grandísimo actor llamado Joseph Tura?


  • La noche americana (Francois Truffaut) 1973. La locura del rodaje de una película. El amor por el cine y sus innumerables problemas. Las depresiones de la actriz protagonista, el embarazo de otra y la mujer de un eléctrico que siempre está estorbando.

"¿Tú crees que las mujeres son mágicas?"


  • El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez) 1986. Película triste, melancólica y divertida al mismo tiempo. El teatro contra el cine. El actor contra su público y los caminos polvorientos. 

"¡Malditos titiriteros!


  • Cazador blanco, corazón negro. White hunter, black heart (Clint Eastwood) 1990. ¿Por qué hacer cine cuando se puede ir de caza? Eso pensó John Huston durante el rodaje de "La Reina de Africa". La película irregular y bella narra la historia de dicho rodaje y la obsesión de Huston por la caza.

"Aquella gente me pareció espantosa. Todo aquel barrio está lleno de judíos".


  • El último metro. Le dernier metro. 1980. François Tuffaut. ¿Se puede dirigir una obra de teatro desde el sótano mientras los nazis tienen ocupada Francia? En cada actor interpreta al menos dos personajes: en la vida y en el escenario. Puede ser un héroe o un traidor. 

"Veo leyendo en la mano que usted es en realidad dos mujeres"
"Sí y ninguna de las dos va a acostarse con usted".



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jueves, 29 de enero de 2015

Edgar Allan...

  Antes que nada la confesión. Hacía años que no leía a Edgar Allan Poe. Más bien hacía tiempo que no "pensaba en él". ¿Suena un poco ñoño? ¿Hay que estar pensando en los escritores favoritos de uno? Seguramente no, pero nunca hay que olvidar los escritores con los que has crecido, los que han puesto hitos en tu camino. De estos escritores puedes olvidar sus obras, pero jamás en qué ocasión y dónde los leíste. No son muchos los que pueden compartir ese privilegio. Son como los viejos amigos o las antiguas novias, si se prefiere una versión más sensual.

  Por eso siento remordimientos por no haberme acordado de Poe durante tantos años. Como a aquel amigo del que de repente nos damos cuenta que no le llamamos, que incluso se nos pasó felicitarle por el cumpleaños. ¿Cómo habré podido olvidarlo? ¿Cómo he olvidado a Edgar Allan Poe?

  Alguno dirá porque ya no soy joven (o tan joven) y es una literatura de juventud, por así decirlo. Es posible, pero también, salvo error creo, que Poe ha sido olvidado en general. Cuando yo era estudiante de secundaria incluso los profesores recomendaban su lectura. Por supuesto, no fue por esa razón por la que leí a Poe. Nunca he leído un solo libro de ficción por obligación en todo mi vida. No era por rebeldía, sino por la pura pereza de obedecer. En su día lo pagué con suspensos que ahora puedo exhibir orgulloso como los exploradores sus cicatrices. 

  Sin embargo sospecho que los gustos actuales van por otros lados. La fantasía edulcorada de Ruíz Zafón supongo, o historias como Harry Potter. La diferencia entre Poe y ellos y su literatura, es que el primero murió a los cuarenta años borracho y los segundos disfrutan de jugosos beneficios económicos y probablemente se cuidan practicando pilates. Nada que objetar, pero algo dice sobre lo genuino de su literatura y sus diferentes propósitos. Soy consciente de lo superficial del comentario, pero me gusta dejarme llevar por el romanticismo.

  De modo que aunque Poe era popular también en el estamento académico no fue esa la razón por la que lo leí. Lo leí porque lo habían leído mis hermanos y había un ejemplar manoseado en algún estante de la casa de mi madre. Esa si es una razón poderosa. Ahora me he propuesto volver a leerlo, pero tengo cierto miedo. De nuevo es posible que te encuentres a ese amigo, (o esa novia, si prefieren esta versión) a la que hace tiempo que no veías y aunque el cariño está intacto, compruebas que ya no tienes nada en común, nada que decir. ¿Sucederá lo mismo?

  Leí hace un tiempo que el misterioso admirador de Poe que depositaba cada 19 de enero tres rosas en su tumba y una copa de coñac a medio apurar, no aparecía desde el año 2009. ¿Se habrá mudado? Quizá haya muerto. Con suerte le sustituiría, pero de momento me queda lejos. A cambio puedo sugerir tres cuentos y transcribir un párrafo. Siento no ser original en mi elección, pero quiero citar "El entierro prematuro", "El barril de amontillado" y "El retrato oval".

  Sin embargo el texto que sigue no corresponde a ninguno de estos. ¿Adivinan cual? 


"No es que me aterrorizara contemplar cosas horribles, 
sino que me aterraba la idea de no ver nada".



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miércoles, 28 de enero de 2015

Vivir a cuerpo de consejero de banco

  Les propongo el siguiente ejercicio de imaginación. Si no se sienten con fuerzas para un ejercicio de fantasía política "extreme", tómense tres cafés, una bebida energética, una sustancia ilegal o seis juanolas. Imagínense que no hubiera sombra de sospecha sobre los ingresos de los ex directivos de CajaMadrid, Miguel Blesa, Rodrigo Rato, el señor Barcoj (¿no es un mote?) y cía. Imaginen que nadie pudiera poner en duda que es un dinero ganado honestamente, si no con el sudor de su frente, al menos sí de sus posaderas durante largas y extenuantes jornadas de trabajo y pensemos sólo en qué se gastan la pasta.

El sociólogo norteamericano James Petras se dedicó a estudiar el efecto del neoliberalismo en la vida de las personas. Lo resumo zafiamente, hace polvo a la gente destruyendo su vida familiar y social, marchitando los lazos entre el individuo y su comunidad. Pero, ¿cual es el efecto del neoliberalismo entre las élites? ¿Se dedican a levantar iglesias y cantar salmos los domingos en honor a Jesús Nuestro Señor o de la Madre Teresa de Calcuta?

  Los gastos de vida de esta gente muestran un estilo de vida, el estilo de vida neoliberal. Rato y Blesa son como los Sid Vicious de los banqueros. Si seguimos la línea blanca de sus extractos podemos hacernos una idea muy aproximada de sus gustos. Comidas en restaurantes caros, lencería y joyas que, siendo varones los protagonistas, suponemos eran para regalar a mujeres. Bebidas, viajes, hoteles de lujo. Un sociólogo postmoderno podría calificarlo como un hedonismo radical. No hay cargos para la compra discos y cómics descatalogados o para la adquisición de un rarísimo libro de horas. Como el personaje de "El Lobo de Wall Street", de Martin Scorsese, todo consiste en financiar la posibilidad de meter y meterse lo que fuera posible, siempre rodeado de lujo y velocidad.

  Se puede decir que a cierto nivel de ingresos, tu dinero supera tus inquietudes. A partir de ahí el dinero cumple una función de mera ostentación que será exponencialmente más excéntrica y más hortera. Grifos de oro, "Ferraris" de todos los colores, trofeos de las cacerías que proliferan como hongos en el salón, collares de oro, botellas de licor que no son dignas de beberse si no tienen al menos tres dígitos en el precio. Podemos, quizá, ponernos un poco románticos y preguntarnos ¿el dinero fácil  y abundante como el agua en el Amazonas da la felicidad? ¿Merece la pena ser un fulano  con tal de tener piscina en la habitación y reservados en los restaurantes?

  Por otro lado, ¿cómo resistirse a ganar casi sin esfuerzo lo que jamás se ganaría por méritos de trabajo o talento? Se trata de una controversia que viene de lejos, como explica Thomas Piketty en "El Capital en el Siglo XXI". Como recuerda el ecomista, Balzac lo expuso en términos muy claro en "El Pobre Goriot" en boca del pérfido Vautrin. Si es más provechoso casarse con una rica heredera o ser consejero de un banco sin necesidad de saber leer un balance, ¿para qué trabajar o simplemente para qué tener un comportamiento moral?

   Quizá siempre podemos decir, que era tan pobre que no tenía más que dinero, como cantaba Sabina. Pongamos un ejemplo diferente, un señor que si no potentado, sí se sabe ganar la vida holgadamente: Juan Carlos Monedero, el "vicelíder" de Podemos. Ha tenido que reconocer que ha cobrado jugosas cantidades por asesorar a Venezuela y a instituciones americanas y europeas. La justificación dada es sumamente ilustrativa. Ha declarado que las remuneraciones de esas asesorías se cobran muy bien, pero que su percepción suele demorarse. En lo segundo, sólo en lo segundo, es exactamente igual que cobrar del Turno de oficio. Su segundo argumento es que el dinero ganado ha ido a financiar "el proyecto político". Nada de cabezas de león en la pared. Nada de trajes caros. Nada de meretrices. ¿Eso marca la diferencia? ¿Se trata de ganar y no del modo de gastar?

  Ojalá tuviéramos varias vidas. Una para vivir a cuerpo de banquero y otra a cuerpo de místico. Así saldríamos de dudas.




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