lunes, 28 de julio de 2014

Entre el Padre, la Patria y el Patrimonio

  El Molt Honorable Jordi Pujol lleva más de treinta años siendo un defraudador. 

  Iba a empezar la entrada citando al doctor Samuel Johnson al grito "la patria es el último refugio de los canallas", pero no lo haré. En su declaración, Pujol Páter sostiene que en treinta y pico años —sea porque tenía que bajar la basura, sea porque tenía un mitin o sea porque le dolía la cabeza—, no había encontrado un ratito para regularizar el patrimonio heredado de su padre y que tiene pastando en Suiza con las vacas. Ahora que su hijo tiene algunos apuros judiciales, Jordi Pujol Padre, hace (no sabemos si del todo voluntariamente o forzado por la familia y la ancianidad) su último servicio por su verdadera patria: la familia.

  Pero no nos apresuremos en hacer leña del árbol caído, que aún no tenemos las chuletas de la barbacoa. Es verdad que alguien podría decir que los nacionalistas, como los religiosos, se han buscado ser objeto de un golpe directo al hígado de cuando en cuando. A fin de cuentas son ellos quienes se empeñan en decir que todo lo hacen por el país, cuando tienen su dinero fuera, a salvo de los antipáticos impuestos; o se empeñan en decir que María dio a luz siendo virgen, o que una zarza ardiente les dijo que eran el pueblo elegido por Dios. Pero démosles la oportunidad de defenderse.

  Que los nacionalistas de todo pelaje tengan tanta dificultad en distinguir sus propios intereses con los de la sacrosanta patria (a ser posible mancillada o en vías de serlo) no debe extrañar tanto si uno tiene en cuenta que patria y patrimonio tienen una raíz común. Me apoyaré para la docta disertación que sigue en el Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana de Joan Corominas (Barcelona 1905-Pineda de Mar 1997).

  Patria deriva del latín "patrius", tierra de los padres, que cuando son santos, son Papas. No es hasta 1800 que aparece el término patriota y compatriota, tomado del francés y su hermano rebelde, la palabra patriotero. Mucho antes habían aparecido términos que proceden de la misma raíz, mucho más interesantes, como patrimonio, en castellano sobre el 1300, que deriva de "patrimonium", cuyo significado son los bienes que heredamos del padre.  No puede venir más al caso. ¿A qué empezamos a atar cabos? Quizá los Pujol no anden tan desencaminados mezclando patria y patrimonio. 

  Bucear en la etimología de la palabra padre-páter y ver todos sus hijos más o menos naturales, resulta entrar un proceloso mar de significados. Si es tan tardío el término patriota no lo es en cambio otro que bien podría definir las relaciones de los ricos y poderosos. Compadre viene del siglo XVI tomado de "compater". Y los compadres, compadrean y a menudo son también patrones, que aparecieron en castellano entre 1220 y 1250 del latin "patronus", posterior al padrino de "patrinus", de donde tomamos  padrino y que apareció en la lengua castellana hacia 1140, siempre según Corominas.

  Quizá alguien eche de menos una referencia a la sociedad patriarcal, pero me parece mucha harina para este débil molinero. Además, con el cartel que he presentado, los festejos quedan redondeados. Somos productos, a veces se nos olvida, de una civilización o de varias ancianas civilizaciones. Para bien y para mal todavía por nuestras venas luchan los romanos, comercian los fenicios, calculan los árabes, y también los íberos, tartesos y celtas, que algo harían, supongo. Aún sisa el vino El Lazarillo, se busca la vida El Buscón, y recorre el amazonas Orellana. No son cuentos de viejos/as, ni discursillos de monarca. Es la cabra que tira al monte.



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jueves, 24 de julio de 2014

Reeducados

  Han leído en la prensa, supongo, que Jaume Matas, ex ministro de del Gobierno español con Aznar y ex presidente de la Comunidad Autónoma de Baleares; Carlos Fabra, ex eterno presidente de la Diputación de Castellón y Pedro Hernández Mateo, ex alcalde de Orihuela (Alicante) —todos ellos del Partido Popular—, (pero que se hicieron corruptos por culpa de Zapatero) van a entrar en prisión.

  Será que estamos en época de vacaciones y de viajes, por lo que la prensa narra la elección del centro penitenciario elegido para cumplir la condena como quien narra la elección de un destino vacacional. Por ejemplo, los chicos de la canallesca especulaban sobre si Matas elegiría una cárcel mallorquina, cuyo catering debe estar provisto de mejores ensaimadas, o de una cárcel madrileña, ya que es allí donde vive el condenado. Finalmente Matas se quedará en Madrid, y así no tendrá tentación de practicar balconing. ¿Se habían dado cuenta que Centro Penitenciario y Centro Comercial comparten la misma centralidad? Y todavía hay gente que cree que el equilibrio está en su justo centro.

  Pero esta entrada no está escrita para (o sólo) decir tonterías. También es para instruir y reflexionar todos en voz alta, (yo pongo la voz alta y usted pone la reflexión, por supuesto). El artículo 25 de la Constitución Española dice que "las penas privativas de libertad estarán orientadas a la reeducación y reinserción social del preso". "Aborrece el delito pero compadece al delincuente", clamaba doña Concepción Arenal. Qué repugnante es la corrupción, el cohecho, el tráfico de influencias, pero mi compasión para Matas, Fabra y Hernández Mateo.  

  Cuando uno ingresa en una prisión española no le dan un traje naranja como hacen en sitios menos civilizados. Uno puede conservar su chándal más escandaloso para pasear por el patio. Cuando el interno entra en prisión pasa un reconocimiento médico. A los pocos días tiene una entrevista con los profesionales del centro, el educador, el psicólogo, el maestro...

  Me muero de ganas de conocer el contenido de esas entrevistas con tan ilustres presos. 

—Veamos señor Matas. ¿Consume usted drogas? ¿Sabe leer y escribir? ¿Su padre se fue de casa y su madre les abandonó? ¿Pertenece a una familia desestructurada? ¿Ha abusado del alcohol, los fármacos, antidepresivos ansiolíticos? ¿Era su padre un hombre violento y autoritario? ¿Le sorprendió alguna vez masturbándose o mirando imágenes sexuales? Yo le muestro unas manchas en un cuadro y usted me dice qué es lo que ve. —¿A Iñaki Urdangarín?—.

—Buenas tardes Señor Fabra. Soy el educador del centro. Mi misión consiste en que comprenda que su conducta es dañina para la sociedad. Hablaremos de los impuestos y de por qué hay que pagarlos. Creo que le gustan los aviones, por lo que usted hará pareja con otro interno al que le gusta el aeromodelismo y así implementará habilidades de cooperación de empatía. Una Trabajadora Social se ocupará de que su familia próxima no quede desatendida, especialmente su hija diputada, que por su empleo, está en una situación de especial vulnerabilidad. —¿Que me vaya a dónde?—.

—Señor Hernández. Veo en su expediente que le gusta falsificar documentos. Aquí en el centro tenemos un pequeño taller de prensa. Los internos elaboran su diario. También tenemos una radio. He pensado que una buena línea de reeducación, ya que también le gusta la obra pública, sería que se incorporara a tareas de jardinería, y como tiene experiencias en contratas de basuras, sacará los cubos de la cocina cada día cuando termine de podar los setos—.

  No me cabe duda que la Junta de Tratamiento, que así se llama el grupo de expertos que proponen la clasificación de los internos, será benévola con los tres. Todos serán educados y cooperadores. Incluso se prestarán a dar clases de economía y derecho, como ya hizo algún ilustre. ¿Suena a risa? Por supuesto, porque la cárcel no está hecha para los corruptos ni para los delincuentes de guante blanco y mano luenga, sino para los pobres que apenas tuvieron una oportunidad. De entre estos últimos estoy convencido que muchos se reinsertan. Fabra, Matas y Hernández, lo dudo.



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miércoles, 23 de julio de 2014

Noches de verano

  El verano es mi estación favorita, no por lo que haga sino por lo que se supone que podría hacer. Diría incluso que por lo que los demás hacen. Se puede decir que es un sentimiento opuesto al de la envidia. Por mi piel entran lejanos y desconocidos aires de barbacoas, baños en playas de arena blanca y mar azul, parejas que se abrazan entre las olas. No es que piense que la gente hace ese tipo de cosas, ni sé en concreto de nadie que se abrace entre las olas y mucho menos que haga el amor, lo cual debe ser más difícil si uno quiere colocarse un condón. Es que "noto" que ese tipo de cosas sucede y, vicariamente, diría un psicólogo, las disfruto.

  Quizá el verano me fascine porque es la estación del año que materializa el cielo y el infierno. El negro y el blanco del damero del templo. Pasé hace unos años un verano trabajando más de diez horas diarias. Estaba empleado en una administración de fincas. De mi experiencia me quedó una mala imagen de la condición humana en general (que por suerte he ido perdiendo) y de los españoles en particular. Iba a las asambleas y veía que gente aparentemente normal, era incapaz de razonar con un mínimo de coherencia. Por supuesto ninguna asamblea de propietarios seguía las más elementales normas de procedimiento, tales como no hablar en exceso, dejar hablar a los demás, seguir el punto del orden del día etc... 

  De camino a una de esas infernales, al tiempo que surrealistas, juntas de propietarios, bordeamos una piscina llena de niños chapoteantes, hombres ocultando barriga y señoras sedientas que sorbían limonada. "El verano es para esto" — dijo mi jefe mientras señalaba con el meñique a los bañistas—,y más grabado se me ha quedado esta afirmación que ninguna lección impartida en centro publico, privado o concertado al que haya acudido.

  Mi madre tenía un apartamento en la playa. Allí pasábamos los veranos, mis veranos de niño con las rodillas siempre llenas de mercromina. Lo disfruté bien poco, puesto que los idílicos veranos se transformaron en infiernos en el piso de Alicante. Pero se necesitaba el dinero del alquiler para vivir y la palabra veraneo quedó enterrada en el lugar de los sueños imposibles, almacenada junto a otras tan deliciosas como ya inalcanzables: bicicleta, sardinas, olas, sombrilla, sendero, horchata... 

  Antes de que todo eso se perdiera, el último verano, el mismo en que murió Elvis, debió mi madre mandarme a comprar el periódico, tarea que me encantaba pues me permitía galopar en mi bici Orbea, cuadro rojo, ruedas blancas. "Orbea que siempre se mea", decían los de la pandilla, por un desagradable incidente. ¡Envidiosos! En la portada del diario de aquel día había unas fotos horribles que miré con curiosidad. Eran fotos de cosas con formas de personas. De hecho eran personas y se leía en el titular una horrenda palabra que yo desconocía: "carbonizados". El periódico daba cuenta del terrible accidente en el camping de "Los Alfaques". De nuevo otra lección en el verano se exacerban los placeres y las tragedias. O al menos así lo parece.

Yo me tomo un helado y en Gaza mueren los niños bajo las bombas. ¿Es el mismo verano? ¿Es el mismo mundo?


  Elige una carta. ¿Oro o bastos? A mi siempre me gustaron más los bastos. Me encantan las cartas pero detesto los juegos, salvo si es verano y estoy en una casa concreta, al lado de una balsa,  cerca del ruido de los grillos. Si escoges ésta verás pasar a una chica con la falda por encima de las rodillas (o aun hipster guapo y bronceado) que quizá te bese. Si escoges otra un tipo se volverá loco en un bar y te lanzará una jarra, te darás un golpe en cabeza, o una ola tratará de llevarte con los peces. Las noches de verano parecen hechas para el amor, como en la Dolce Vita, pero estadísticamente lo que producen son sobretodo insomnios. 

  Ya saben que todos los años me gusta felicitarles el verano, no sé bien por qué. Será porque mi misión en esta vida es recuperar los veranos que perdí. Es verdad que por esta época digo siempre las mismas cosas y cada vez las digo peor... seguramente. Pero las palabras no cambian los veranos. Lo cambia la edad, que los hace más cortos.

He leído que los familiares y supervivientes de la tragedia aún vuelven en verano al camping Los Alfaques. El verano es también para regresar y las noches para soñar que se regresa.

 Felices noches de verano, llenas de olas, libros, besos y granizados.
 



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