08 diciembre 2016

El Tribunal del Santo Facebook

Auto de Fe 1. 

Bertolucci, Marlon y las industrias lácteas. Las pruebas presentadas en esta causa han sido irrefutables. En el año del señor de 1973, durante el transcurso de un terrible film que nuestros labios no se atreven a pronunciar, el Tribunal del Santo Facebook ha encontrado culpable a don Bernardo Bertolucci del crimen de violación, así como al que dijo haberse llamado Marlon Brando en homenaje a cierta colonia de hombre. El cadáver del segundo será exhumado, expuesto en la picota en la plaza pública y ambos serán quemados para purificación de las Santas Redes Sociales que a su vez han sido las encargadas de dictar sentencia gracias al titular tendencioso de una entrevista a la otrora bruja, María Scheineder, el año de gracia de 2007 al tabloide derechista británico Daily Mail. Los acusados serán quemados por no decir a la otrora bruja que se iba a emplear mantequilla en una escena sexual. De ahí se pasó a que no estaba en el guión. De ahí a que un equipo de casi cien personas desapareció por arte de magia del plató. De ahí se pasó por que sí de los titulares a la categoría de violación y de ahí a la hoguera. Este Tribunal considera irrelevante que la propia actriz, otrora bruja, reconociera que vista ahora la escena (le pareciera portera) así como que declarara que lo que Marlon hacía "no era real". Este Tribunal juzgará sólo por los titulares y tendrá expresamente prohibido ir más allá del primer párrafo de cualquier noticia. Se les condena a que su horrenda película vuelva ser vista. Se les condena a que su historia vuelva a salir cada tres años, cuando ya haya sido olvidada, para que otros internautas la den de nuevo por novedosa, y así seguir indefinidamente por los siglos de los siglos como Sísifo. Se condena igualmente a todos los fabricantes de mantequilla, galletas de mantequilla, leche, leche en polvo, leche descremada, batidos y yogures, a circular por las calles con un capirote rojo por su asqueroso colaboracionismo en este acto de denigración de las mujeres.

Auto de Fe 2. 

  En el año 40 de nuestra era (d. de Tiburón) 2015 era vulgar, al sujeto llamado Fernando Trueba (en adelante será citado solamente como El Hereje) se le oyeron, por múltiples testigos, las siguientes e ignominiosas palabras que sólo en aras de ser aportar la información precisa nos atrevemos ahora a reproducir: "Ni cinco minutos me he sentido español". El hereje dijo que se trababa de una broma. El hereje ha recibido más de cuatro millones de euros de subvenciones. El hereje poco después (año 41) estrenó una película que llevaba por título nada menos que "La reina de España". Sin duda el hereje no ignora que español es el gentilicio de España. El fiscal del caso, cuyos argumentos hacemos completamente nuestros, condenó al hereje al boicot de su película así como a ser constantemente insultado tanto por su cine como por sus deficiencias físicas, sin que en ningún caso se le permita abdicar de su condición de español, que deberá llevar, le guste o no, por los siglos de los siglos como Sísifo.

Auto de Fe 3. 

Clint Eastwood. En el año de gracia 41 (después de Tiburón), este veterano director-actor (en adelante el Vejestorio) formuló unas declaraciones en contra de los homosexuales y en favor de Donald Trump. El hecho de que el Vejestorio fuera mal traducido no es importante para este Tribunal, ya que además se mostró partidario de votar a Trump, lo que es suficiente para lapidación. Se condena por tanto al Vejestorio a ser tratado en todas las redes sociales de fascista, racista, homófobo, islamófobo, antisemita, caduco, esperpéntico. Se llama al boicot de todas sus películas, así como entrevistarse con Fernando Trueba en el caso de que el primero pise la sagrada tierra de la otrora llamada España, y todo ello por los siglos de los siglos como Sísifo.

Auto de Fe 4. 

Usted. En un año no determinado usted hizo un comentario injurioso contra la Comunidad Rom. Es un año no determinado compartió un meme que hacía escarnio de la condición de mujer, o de la de hombre o de la de lagarto. En un momento no determinado profirió insultos contra La Corona, el gobierno, los funcionarios vagos (valga de redundancia), los grandes almacenes, los electricistas que nunca llegan, los fontaneros, los cerrajeros carísimos, los abogados trapaceros (valga la redundancia), los artistas izquierdosos, Arturo Fernández, los catalanes, los vascos, los andaluces vagos (valga la redundancia), sus amigos desempleados, sus amigos demasiado rico, los franceses y los celíacos. Por todo ello el Tribunal del Santo Facebook y la Santa Hermandad de Twitter le condena al escarnio eterno, dado que los crímenes contra los susceptibles no prescriben, y a llevar esa piedra eternamente, como Sísifo.



El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter

01 diciembre 2016

Eduardo Mendoza

  Eduardo Mendoza es tan grande que incluso ha sobrevivido a la prostitución que supone que sus libros sean de obligatoria lectura para los estudiantes de bachillerato, de ESO o de como diablos ahora se llame lo que se estudia en el periodo salvaje en que no eres un niño pero tampoco un adulto. Ha sobrevivido incluso a tener como lector a Mariano Rajoy.

  Se nos suele decir que todos somos únicos, especiales e insustituibles. Como salvo los actores, las actrices y los esquizofrénicos no hay modo de poder comprobar lo contrario, nos tenemos que contentar con ser lo que somos y es de mal gusto no hacerlo: puede llevar al anarquismo, la lectura o la masonería.

  Sin embargo, con gusto me cambiaría por Eduardo Mendoza. Por eso soy uno de los cientos de miles que he festejado como si fuera un gol del Hércules contra el Fútbol Club "Algo más" el premio Cervantes para el escritor barcelonés. No es sólo lo que he disfrutado leyendo los libros de Mendoza, es que sus personajes, incluso después de olvidada la trama del libro, han quedado alojados viajando por el torrente sanguíneo de mi cuerpo. El abogado Cortabanyes o Nemesio Cabra Gómez (gran nombre para un árbitro de fútbol o un diputado de Coalición Canaria).

  Tan divertido, incisivo y sabio es Mendoza como novelista como plomizo conferenciante. Hace algunos años en el Aula de Cultura de una caja de ahorros ya muerta, el escritor dictó (o leyó) una conferencia sobre el deporte y la literatura. La charla era monótona y su contenido manifiestamente memorable. Versaba sobre literatura y deporte. Son esos temas que tanto gustan a los políticos y algunos gestores culturales. Literatura y deporte. Cine y gastronomía. Jamón ibérico y danza. Las lorzas del bailarín y la gastronomía alicantina. Lorzas y literatura. ¿Se puede hablar de literatura con y sin lorzas? Una aproximación desde la perspectiva feminista...

  Cuando llegó el turno de preguntas y tras tomar la palabra los mismos de siempre que no quieren preguntar nada sino sólo ejercitar su lengua y su ego, se levantó en la sala un sujeto de acento alemán que con severidad le reprochó al escritor las insoportables lagunas de su conferencia. Lagunas no, Mar Negro. En una conferencia sobre literatura y deporte no había citado a la antigua Grecia más que de pasada. Y era verdad. El escritor, humilde y algo apurado, trató de pergeñar una disculpa. Que si la inevitable limitación de tiempo, que si las anchoas del Cantábrico. Soy una persona pacífica. Pocas veces en mi vida he pensado en recurrir a la violencia, pero puedo asegurar que esa fue una de ellas. Como exaltado groupie que era, me pareció de una desfachatez obscena que se pusiera en un brete (además un extranjero) a una gloria de las letras españolas.

  Si la conferencia de Mendoza era tan mala porque el tema de estudio no le interesaba un rábano y sólo quería hacer caja con la Caja o si quiso ofrecer una escena que podría estar sacada de sus libros, entre lo realista y lo bufo, nunca lo sabré. Prefiero pensar en lo segundo. También prefiero pensar en el efecto Bob Dylan de los premios. No estoy capacitado para decir si el norteamericano lo merece o no. Puede incluso que la pregunta carezca de sentido y que los premios o castigos que uno va recibiendo en la vida no están realmente relacionados con los méritos o deméritos de cada uno. Pero lo que sí creo es que ha abierto la puerta (en los grandes premios que entregan reyes o tenistas y se celebran con botellas de más de cien euros) a premiar lo que verdaderamente te hace feliz.

  En España el humor está mal visto por la gente seria. En los años que pasé en la facultad de derecho ningún profesor tuvo una sola ocurrencia divertida. No hay más que ver a nuestros políticos y grandes hombres y mujeres lo llenos que están de sí mismos. Conocen el cachondeo y la burla, pero ¿el humor, la ironía? Si yo sé algo del asunto, que creo que no, lo aprendí en gran parte en los libros de Mendoza. Me da pavor citar algunos (la última selección que hice de algo o alguien en este blog mereció duras y justas críticas). Aún así lo haré. "El misterio de la cripta embrujada" porque es la primera que leí de Mendoza y porque es una historia enloquecida. "El misterio sobre el caso Savolta", sobran las razones. "La ciudad de los prodigios", sobran aún más en una de las mejores novelas en lengua castellana del siglo XX. "Sin noticias de Gurb" que me alumbró por entregas un verano sombrío. "El último viaje de Pomponio Flato", porque así se monta un Cristo.

  El triste poeta paraguayo casi desconocido o el dramaturgo costarricense que ha buceado en el alma humana interrogándose sobre el bien, el mal, la muerte y el dolor de muelas tendrán que seguir esperando su oportunidad (caso de que existan).


 Este año nos damos el gustazo. Este año Eduardo Mendoza. Felicidades.

"Es propio de la naturaleza humana flaquear 
cuando los sueños comienzan a materializarse".




El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter

23 noviembre 2016

Entre lo cortés y lo valiente

  Esta mañana "me he desayunado" (siempre he querido emplear esta tonta expresión de contertulio o profesor asociado) con la noticia del fallecimiento de Rita Barberá. No hace tanto tiempo que la muerte tenía el efecto de embellecer a los feos, templar a los impulsivos, hacer bondadosos a los malvados y generosos a los tacaños. Sin duda era algo irritante pero no tanto como no tener respeto para con las personas fallecidas y con la muerte. Pablo Iglesias (y todos los de su partido que en esto se comportan como el resto, siguiendo como ganado a su pastor en un acto tan sumamente personal) ha abandonado la Cámara cuando se guardaba un minuto de silencio por Barberá. Leo en las redes sociales un apoyo masivo a esta postura: el sectarismo (como el perejil molido) se va abriendo paso. No obstante conviene además destacar que los diputados de Compromís, que tan bien la conocían y con tanta razón la criticaron, sí se han quedado.
 
  Para los que conozcan como se las gastan muchos docentes de las univeridades españolas no sorprende que traten al resto de los mortales (perdón por lo de mortal) como si estuviéramos aquejados de algún tipo de enfermedad mental que nos impidiera comprender cualquier tipo de sutileza. Siguiendo este criterio, Iglesias habrá pensado que quedarse en el minuto de silencio iba a ser "tuitinterpretado" como un "homenaje político" a una figura "corrupta" y que por tanto era mejor "tuit-ausentarse". Por supuesto a los votantes de Podemos no nos alcanza para comprender que una cosa es guardar respeto por el fallecimiento reciente de una persona y por el dolor de su pareja,  amigos y familiares y otra bien distinta la crítica que nos merezca como figura política.

  ¿Pero cómo lo vamos a entender? Para empezar todo matiz es interpretado como flojera argumental. Hay que ir pisando fuerte por la vida. En España (y cuando digo España también me refiero a sus colonias Euskal Herria, Catalonia y la más importante, Alicante) ya se han desterrado las palabras "gracias", "perdón", así como la pérfida y meliflua expresión "por favor". Los buenos modales están proscritos de facto. La compasión de garrafa abunda en las redes sociales, pero el sectarismo impide que se practique en la vida real, y menos con el enemigo político. La muerte ha quedado abolida. La muerte es Jalogüin: caramelos, disfraces idiotas y calabazas, como no paramos de enseñarle a nuestros niños. La gente se vela en instituciones parecidas a supermercados llamados tanatorios donde se acude en pantalón corto y chancletas. La vida es un Tuit o algo que puedas poner en Facebook. ¿Respeto? Por la muerte no, por supuesto.

 
Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos?
Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?


   Si Iglesias o alguien de su grupo ganadero hubiera visto "Ser o no Ser" de Lubistch (o mejor aún, pensara  que alguno de sus votantes  la conoce) recordaría la escena en que un actor declama esta famoso parlamento de Shylock en "El Mercader de Venecia". Esta frase funda el humanismo. Todos, al final somos personas. Yo moriré, usted morirá, morirán todas las personas que usted quiere u odia. Todos compañeros de viaje en esta loca historia. Barberá también, y por cierto con una peripecia vital que merece ser contada. Una tragedia Shakesperiana o quizá una novela de Blasco Ibáñez, de ascenso y caída. ¡Qué desvalidos son los poderosos cuando pierden el poder!

  Pero es que además, en mi humilde opinión de ser que jamás tendrá poder alguno, Podemos incurre con su gesto de dignidad adolescente en el error político. Por supuesto se intentará embrollar todo con el manido y fastidioso argumento de por qué esto sí y lo otro no. Por qué sí por Rita y no por la anciana a la que le cortaron la luz, por qué sí por las víctimas de la violencia de género y no por las de la guerra en Siria, por qué sí por las de Siria y no por las víctimas del amianto... Se dirá que por otro no se hizo (como por el añorado Labordeta) y así estaremos un rato entretenidos, chapoteando entre lo falaz y lo mezquino.

  Lo cierto es que Barberá ha marcado una época de la ciudad de Valencia (importante localidad situada al norte de Alicante). Su desaparición supone una pérdida para los que aspiraban llegar a una verdad judicial que se aproximara a lo material, no (desde el punto político) para sus antiguos compañeros de partido que ahora le hacían, por lo que cuentan las crónicas, el vacío. Rita atesoraba un conocimiento de muchos acontecimientos cuya luz hubiera sido de suma importancia para la opinión pública. Perdemos el respeto, pero también la valiosa información que en su caso podría haber aportado. Ya saben la frase: amigos, enemigos, enemigos a muerte y amigos dentro del partido. Quizá hoy alguno ha respirado más tranquilo.

  El hotel en donde ha fallecido es uno de los mejores de Madrid. Un establecimiento de cinco estrellas situado en la Plaza de las Cortes. En la página web se indica que ofrece a sus clientes un "welcome drink". Seguro que más de un cliente lo ha sabido apreciar.




¡Qué descansada vida, la de aquel que huye del mundanal ruido!




El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter