22 septiembre 2016

Firma aquí si quieres que expulsen a Dracula de la película por su condición de vampiro

  En el año 2007 tuve la oportunidad (me pondré cursi y diré el privilegio) de colaborar en el documental de Jaime Natche "Cada pez a su estanque". La película trata de la sencilla historia de la filmación de una película escolar, que fue realizada en el colegio Inmaculada de los jesuitas de Alicante, colegio al que tuve la oportunidad (me pondré cursi y diré privilegio) de asistir. La historia del filme era bien sencilla. Chico quiere a chica. Chico quiere conquistar a chica y para lograrlo le regala un pez de colores capturado en un estanque (los animalistas no eran en los 60 lo que son ahora) Cuando Romeo va a darle su regalo, comprueba que Julieta había elegido como novio a un malote de un curso superior.

  Esta pequeña y tierna película tiene interés por ser un proyecto de enseñanza práctica del cine pionero en las escuelas españolas. Los alumnos se repartieron bajo la dirección del profesor José María Ródenas todos los empleos necesarios para la filmación: script, sonidista, operador de cámara y por supuesto director, actores y actrices.
 
   Durante el rodaje de estas películas los alumnos aprenden a ser creativos, a trabajar en equipo, a resolver problemas con pocos recursos y tiempo, a tener paciencia, a elegir y sobre todo a entender que el audiovisual es un arte (o al menos un oficio) pero que la verdad fílmica (perdón por la pedantería) no es la realidad. Hasta en los documentales de plantas y animales hay montaje, manipulación de imágenes para crear un determinado efecto, para elaborar una historia, personajes buenos y malignos (el león Pablo y la hiena Mariano, por poner dos ejemplos al azar).

   ¿Elemental? Puede que lo sea o tal vez no tanto. La atracción de las pantallas en los seres humanos está demostrando que deja en calzoncillos a la planetaria. Teniendo una influencia tan decisiva como tiene todo lo audiovisual (series, películas, programas de televisión, transmisiones deportivas, videojuegos etc) en nuestras vidas, modo de pensar, comportamientos, en nuestra estética (¿habría tantos tatuados si los futbolistas no lo hubieran puesto de moda?) es manifiesta. Uno diría que para los espectadores resabiados del año 2016 están ya al tanto de los trucos técnicos y los artificios de guión. Ya no somos desde luego como los primeros espectadores del cinematógrafo que se tapaban la cara espantados cuando veían en la pantalla un tren a toda velocidad dirigiéndose hacia sus butacas. ¿O si lo somos?

Cada pez a su estanque
   Hace tan solo unos días leí que una petición de Change.org había reunido 80.000 firmas en un día para expulsar a un concursante de Gran Hermano 17 por no se qué estúpido comentario respecto a los animales. ¿Todavía existe Gran Hermano? Al parecer sí, y somos el país de Europa con más ediciones (soy español, ¿a qué quieres que te gane?). Supongo que alguien se habrá ocupado en serio o lo estará haciendo, de evaluar el daño producido por la programación basura que Berlusconi trajo a España en los años noventa y que continúa hasta la fecha. Pero eso es harina de otro costal.  

  Si 80.000 personas se indignan por los comentarios de un concursante de Gran Hermano, ¿cuántos espectadores siguen el programa? La audiencia por lo visto va en declive pero sigue siendo aún millonaria. Y lo más importante, ¿cuántos espectadores creen que lo que están viendo es "verdad"? ¿Cuántos no saben que estos programas son guionizados y que los concursantes interpretan a un personaje (de acuerdo, su propio personaje) pero a fin de cuentas es una recreación, una ficción de buenos y malos, protagonistas y antagonistas, amor, celos, amistad, traición... ¿Acaso se pediría que se expulsara a Drácula por...? (Ver título de la entrada para completar chiste. Gracias). 2016. Cuidado viene el tren.

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17 septiembre 2016

Apearse del tren

  Precisamente la pasada semana viajaba en el tren Alvia de Santander a Madrid que fue abandonado por el maquinista. Y sé la verdad de todo lo que allí ocurrió, lo que la administración quiere silenciar, lo que la empresa pretende ocultar y lo que los viajeros prefieren omitir. Usted y yo sabemos que no es verdad, que por supuesto yo no estuve allí. Ni siquiera estaba un amigo de un amigo de mi cuñado. Pero disimulemos, y de esta manera todo lo que cuente a continuación ganará mayor interés. Así podré dar la razón a aquel proverbio ruso que dice: "miente como un testigo presencial".

  Decía que viajaba en el tren Alvia que se ha hecho famoso no por los desorbitados precios de la bollería que se oferta en la cafetería, ni por haber puesto por más de cien veces la película "Solo en casa 2". Pasábamos por la localidad palentina de Osorno, famosa por los toros de las carreteras, cuando el tren, sin estar previsto, se paró. Por supuesto todos pensábamos que quizá se trataba de una avería o que habían parado para comprar en una gasolinera "Solo en casa 3". Los pasajeros animalistas ya comenzaban a gemir por el hipotético fallecimiento de un cuadrúpedo, aunque se consolaban pensando que quizá solo se trataba de un mendigo. ¡Qué equivocados estábamos!

  Prefiero, antes de retomar mis falsos recuerdos e impresiones del hecho, reproducir la melodramática crónica que sobre el acontecimiento escribió la periodista de El Mundo, María Hernández. El reportaje se titula "Un maquinista abandona el tren y deja tirados a más de 100 pasajeros para cumplir su horario". No sé si peco de susceptible, pero me da la impresión de que la periodista utilizando el término "tirados"  no simpatiza especialmente con el maquinista. En cuanto al motivo de "para cumplir su horario", obviamente le parece a la autora una razón excéntrica o directamente estrafalaria. Algo así como "Un cirujano abandona el quirófano en medio de una operación para ir a comprar el Marca" o quizá "Una paracaidista musulmana se niega a tomar tierra hasta que no recupere e velo que perdió durante la caída".

  "Parados en mitad de la vía. Así se quedaron anoche los 109 pasajeros que viajaban a bordo del Alvia que cubría el trayecto entre Santander y Madrid. En principio, el tren debía llegar a la capital a las 23.15 horas de la noche, pero a la altura de Osorno (Palencia) el conductor detuvo la máquina y dejó los mandos de control porque su jornada laboral había concluido". 

  Como pasajero 110, también yo experimenté "la sorpresa e indignación" de la que se habla en el siguiente párrafo de la noticia, a la que añado otras palabras favoritas como "estupefacción", "estupor", "asombro", "perplejidad" y "zozobra". Pero, reflexionando añadí "alivio". Soy un cobarde y prefiero llegar tarde a jugármela sabiendo que a los mandos de un bicho que sobrepasa los 200 km por hora va un señor cansado que debía estar viendo Juego de Tronos en el hotel en vez de luchar con la fatiga a base de cafés solos y chicles de sabor clorofila. Por otro lado convendría preguntarse cómo hemos llegado al punto de que cumplir con los horarios, incluso en los trabajos que implican un riesgo, se haya convertido en un artículo de lujo, un capricho, o una debilidad. Más tarde todos los pasajeros pudimos leer en los medios de comunicación que el maquinista no era un desalmado amante de los reglamentos, sino que había comunicado con antelación a la empresa, y ésta había hecho caso omiso.

  Es posible que sea un tiempo en que los sindicalistas de raza escasean. ¿La globalización? ¿Las meninges reblandecidas? Me temo que quizá también los trabajadores con agallas y solidarios dispuestos a defender sus derechos y los de sus compañeros. Los ferroviarios son un singular sector que desde siempre se ha caracterizado por ambas cosas. Baste decir que la CNT todavía tiene una presencia notable. Ellos y algunos más siguen en pie. No solo en pie sino que llegado el caso se apean (verbo precioso que conviene recuperar), diga lo que diga El Mundo y el mundo y salga el sol por Antequera. 

  Con la entrada de un tren nació el cine y sin el tren no habría películas del oeste, que es tanto como decir que no habría cine, ni existirían cientos de películas que amamos. Precisamente en El hombre tranquilo (The quite man) 1958. EEUU. John Ford, el clímax de la película arranca precisamente en la estación del tren. Mary Kale (Maureen O, Hara) espera a que salga el tren, y así abandonar a su marido, pero el maquinista y el jefe de estación prefieren dilatar la partida hasta que se resuelve una pelea entre ellos. Eso da tiempo a Sean (John Wayne) a recoger no con muy buenos modos a su mujer y llevarla campo a través hasta donde se encuentra su cuñado Will (Victor McLaglen). Todo el pueblo no duda en seguirlos para ver la homérica pelea que se avecina. Todo el pueblo incluido el maquinista, que deja su tren parado en la estación, sin que conste reclamaciones a Consumo, ni nota de prensa de la compañía dando explicaciones.

 Cuando uno lee las biografías de las gentes de antes de la era industrial, se queda pasmado por cómo podían tener tanto tiempo siendo sus vidas más cortas, para tener decenas de hijos, escribir infinidad de obras musicales como Bach, o novelas. Tiempo para ser feliz, arruinarse, tener fortuna, vivir encarcelado en Argel o viajar por toda Europa. 

  Qué dulce sería poder conducirse así, que pare el tren, que me apeo. ¿Me pongo cursi? ¿Alguien se ha puesto una canción de Perales? ¿Un velero llamado libertad? Que rulen los pañuelos.


Tebe Teresno


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12 septiembre 2016

Hillary Guitar

  Erica Berestein, Nick Corasaniti y Ashley Parker, reporteros del New York Times, han acudido durante el último año a los mítines de Donald Trump y han grabado en vídeo las actitudes, provocaciones e insultos de sus asistentes. El vídeo es una antología de la xenofobia, el racismo, el sexismo y del odio. ¡Que le den a lo políticamente correcto! Los admiradores de Trump dan rienda suelta a sus pasiones y tras la ceremonia oficiada por el multimillonario neoyorkino les hierve la sangre. Los periodistas lo condensan todo en tres minutos de akelarre audiovisual, pero advierten que no se trata de hechos aislados.

  Sin embargo lo que más llama la atención del trabajo son la prioridades en la jerarquía del odio. Por supuesto odian al islam, odian a los inmigrantes mexicanos y por extensión a todo lo que suene a español, odian al negrata de Obama, pero por encima de todo odian a Hillary Clinton. ¿El modo de demostrar su odio hacia ella? Lo han adivinado. Sí, no piense más: lo ha adivinado. 

  Para empezar Clinton es, por supuesto, una puta. No hace falta que les diga lo que en su opinión necesita. No hace falta que diga que los asistentes recuerdan el asunto de Lewinsky, de la que solo ella tiene la culpa puesto que no lo hace tan bien, y además ¿cómo se puede tener muslos anchos y pechos pequeños?

  Pero no todos los asistentes son tan considerados. Algunos piden a gritos que sea colgada, que admitámoslo,  es muy americano. Me pregunto (es pregunta retórica) si conocerán la extraordinaria película "Johnny Guitar", dirigida por Nicholas Ray y estrenada en 1954. Por supuesto no la conocen. El cine clásico americano se conoce fuera de Estados Unidos de la misma manera que el flamenco continúa vivo gracias a Tokio. 

  De la complejidad del film (si algún día quisiera hacerme pasar por  una persona seria en estos casos diría que es "poliédrica") dan fe las diferentes sinopsis en español (lo siento Trump) que ofrecen Wikipedia y FilmAffinity.

  Wikipedia: Johnny Logan (Sterling Hayden), un portentoso pistolero, ha cambiado su revólver por una guitarra. Con ella se dirige hacia la casa de juegos de Vienna (Joan Crawford), donde le espera un trabajo como músico, y un viejo amor. Emma Small (Mercedes McCambridge) odia a Vienna porque Dancin' Kid (Scott Brady) la prefiere. Así que cuando la diligencia es asaltada y el hermano de Emma resulta muerto, ella no duda en culpar a Dancin' Kid y a su banda. Luchará por destruir a Vienna y sus sueños de prosperidad con el ferrocarril.

  FilmAffinity: La relación sentimental entre Vienna, la propietaria de un salón situado en las afueras de una ciudad del Oeste, y Johnny Guitar, un pistolero con el que se vuelve a encontrar en un difícil momento, constituye todo un clásico que alcanzó un gran éxito de taquilla.

  Creo que no hace falta decir lo que la gente del pueblo pensaba sobre Vienna, ya que el lenguaje de las películas de la época era menos vulgar pero más elocuente. Hillary no regenta un Salón, pero como a Vienna, la chusma enloquecida del pueblo la quiere colgar, en nombre de la ley y el orden.

 Hay quien interpreta que los hilos del poder, de la economía, de la política, de la moda, lo manejan un puñado de poderosos en conciliábulos como Bildeberg o Davos. Pero aunque esto sea así, que no lo sé, debe cristalizar en los corazones de la gente. Cuando digo en los corazones también digo en su hígado, en sus pulmones, en su garganta y en su bilis, en sus gónadas y traseros. Como hace el vídeo conviene dar un paso atrás, olvidarse de la tribuna, mirar al público y mezclarse con él, como hacía el protagonista de La Rosa Púrpura del Cairo

Darse una vuelta y contemplar. Horrorizarse con los demás y con uno mismo.



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