21 septiembre 2009

Donde dije digo... ¿qué dijo Diego?


  Hay una frase hecha en español que casi todos decimos mal a la primera, empezando por los políticos, pero que refleja con gran exactitud y gracia su sentido. Esta frase es: “Donde dije digo, digo Diego”. Alude cuando alguien tiene un cambio de opinión inusitado e injustificado sosteniendo lo contrario de lo que hasta hace poco afirmaba. Por ejemplo, Fernando Torres (como Camacho) era un bluf al principio de este blog, pero ahora lo considero el corazón del Liverpool F.C. Los cambios de opinión propios son vistos como una evolución personal, como signo de una maduración o una liberación, sin embargo los de los demás son desconcertantes, cuando no realmente irritantes.
  Que cambie de opinión, tu madre, tus amigos o tu novia (lo siento ya no te quiero, estoy con otro que me trata como una reina…) es doloroso, pero sobre todo esto último está dentro de lo posible, y si uno está medianamente equilibrado es capaz de aceptarlo con más o menos resignación (con mucha resignación si se ha tenido la prevención de leer previamente “Quien me ha quitado mi queso” o “El secreto”). Pero que cambie de opinión radicalmente tu emisora de radio o tu periódico afín, no tiene ni medio pase.

  Yendo al grano, para la SER y el EL PAÍS, Zapatero se ha convertido ahora en un peligroso líder que lleva al país hacia la ruina. En un reciente editorial publicado por entregas el ex Diario Independiente de la Mañana, se describe al presidente del Gobierno como un tipo caprichoso, egocéntrico, con escasa capacidad intelectual, menor preparación, y que gusta de rodearse de pelotas que le aplauden las ocurrencias. ¡Qué tiempos cuando Zapatero era como Bambi trotando por el bosque! En la Cadena SER siguen la misma línea editorial y este pasado fin de semana se destacaba que no "había habido autocrítica" en la reunión que tuvieron líderes del PSOE, como podría hacerse con la catástrofe natural más desgarradora. Hay que reconocer que desde que murió el viejo Polanco, todo el grupo había empezado a parecerse a esas piscinas a las que los nuevos dueños son renuentes a limpiar (la metáfora la tomo prestada de la película La Ciénaga de Lucrecia Martel). Los "nadadores" y las ranitas retozan en la superficie y en las esquinas empieza a haber cercos parduzcos, en forma de faltas de ortografía y frases imposibles. Quién diría que hubo un tiempo en el que EL PAÍS era un ejemplo de correcto castellano. Sin embargo, el cambio de opinión de los medios del Grupo Prisa ha sido tan vertiginoso, que marea más subir en una montaña rusa con seis gintonics en el cuerpo. Hasta EL MUNDO, el diario que ha disertado dos años sobre el Titadine, se ha dado cuenta. El cambio de opinión está, obviamente, provocado por el disgusto, seguramente razonable, de la empresa editora, por la concesión de la TDT de pago al grupo rival. Resulta tan obvio, que casi ocioso casi mencionarlo.
  Un lector y oyente bien informado no pide no ser manipulado, sino ser manipulado en el sentido de sus ideas y serlo de una manera sutil. Si no es así, la sensación de ser tratado como un idiota es demasiado dolorosa. Francamente, para escuchar insultos contra Zapatero ya estaba el añorado Losantos, que lo hacía con infinita más mala leche e ingenio. No quiero mentiras nuevas, menos creíbles y más zafias, y por supuesto, no quiero que se me utilice como peón en su batalla empresarial. Quiero mis mentiras, y si no, me buscaré a otro que me las cuente.


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