10 septiembre 2009

Donna Leon contra Larsson y los suecos

  En el curso titulado “Escribiendo novela policíaca” que se imparte en la UIMP de Santander, la escritora norteamericana Donna Leon ha declarado que no le gusta Stieg Larsson. En realidad le parece un asco. En una entrevista a El País ha llegado a decir que Larsson es “patológicamente malo”. La escritora dice que no hay pasión en su libro "Los hombres que no amaban a las mujeres", que es el que confiesa haber leído.

  Podría pensarse que se trata de un ataque de cuernos por haber sido desbancada de los primeros puestos de ventas. O puestos a inventar una teoría conspirativa, en una maniobra comercial para enfrentar a dos autores, con la ventaja de que sólo hay que convencer al único que queda vivo para que entre al trapo. Son históricas y casi diría que imprescindibles las rivalidades encarnizadas entre escritores. La más célebre en lengua castellana fue, como se sabe, la que tuvieron Góngora y Quevedo, que le dedicó al primero, al parecer, su famoso soneto "érase un hombre a una nariz pegada". Valle-Inclán era conocido por tener un carácter pésimo especialmente con las personas que detestaba. Se atribuye a Valle-Inclán la anécdota que encontrándose en Madrid frente a frente con un literato al que despreciaba, en una estrecha acera por la que no cabían dos personas, éste le dijo:
yo no me aparto para que pase un burro” a lo que Valle cortésmente le respondió dejándole el paso franco; “yo, sin embargo, sí”.

  Me gustan los dos, Leon y Larsson , aunque ninguno está entre mis favoritos. Mi opinión de hooligan literario, nada experto (ya quisiera yo) es que hay en la actitud de Leon un componente de celos, pero también diferencias notables entre su visión del mundo y la turbia vida del estado del bienestar escandinavo que muestra Larsson y otros escritores de su país. En más de una ocasión he hecho el ejercicio, que me atrevo a recomendar, de leer a Donna Leon y a continuación al paisano de Larsson, Henning Mankell, para paladear el ambiente de la novela negra en dos mundos, culturas y climas diferentes.

  El comisario Brunetti se enfrenta a casos igualmente lúgubres que los suecos, pero la policía italiana es un desastre, y los medios de la "questura" más que precarios. Venecia para los residentes es una ciudad llena de incomodidades. Sin embargo tiene una mujer brillante (pese a ser profesora universitaria) y atractiva, que además le quiere y unos hijos más que estupendos. Bebe vino tinto por las noches y resuelve los casos tirando de talento y de intuición latinas.
 

  En cambio Wallander, el antihéroe de de Mankell tiene una vida de mierda. Para empezar se levanta a las cinco de la mañana, a menudo a menos de diez grados bajo cero y sin haber pegado ojo. Su padre, cuando lo tiene, o está gagá o lo desprecia olímpicamente. Vive solo, y como corresponde a su condición de soltero escandinavo, come mal y duerme peor. Hace algunos años que su mujer le dejó, y, (¡ay!) no lo ha acabado de superar. Tiene una hija que ni siquiera le llama cuando está de visita por Scania. En cuanto a su supuesta novia letona, prefiero no decir barbaridades. Resumiendo, su vida personal es de lo más triste. Los policías con los que trabaja son tan eficientes e infelices como él. Someten las pruebas a análisis una y otra vez, tienen interminables reuniones y jornadas de trabajo maratonianas. Hacen guardia pasando frío y hambre.Nada de intuición, pico y pala intelectual hasta dar con la mierda criminal. A veces da ganas de saltar a las páginas del libro para echarles una mano.
  Cierto que aún peor lo tienen el español y nostálgico (por Franco no por Mocedades) comisario Méndez, de Francisco González Ledesma, como su colega Jaritos de Pétros Márkaris que deben lidiar a la vez con la cutrez institucional de sus policías nacionales y con una vida personal disfuncional a la sueca.

  De todas formas, como no me parece justo que las palabras de Leon queden sin respuesta, me he permitido jugar a la güija para que me apareciera el espíritu de Larsson. Aunque soy novato en esto, gracias a escuchar los programas de Iker Jiménez ha resultado fácil. El pobre estaba deseando largar unas cuantas verdades. Como anticipo de la entrevista, que pienso publicar en exclusiva en Interviú o en la revista de Ana Rosa, esto es lo que me dijo, advirtiendo que como me habló en inglés, se me escaparon algunos términos. ¿Debo traducir jerk como gilipollas?

  “Donna Leon no deja de ser una yanqui, por mucho que reniegue de los USA y lleve años viviendo en Italia. Su novela negra está, por tanto, edulcorada convenientemente a lo Disney para que entre en el paladar de todos los públicos; ¡hasta la suegra de Brunetti es una aristócrata! El comisario va de rojillo pero no es más que un burgués ñoño y machista. Ni siquiera sabemos cómo se lo monta en la cama con su mujer. León es un bluf. Como Ibrahimovic y como Camacho".

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