10 septiembre 2009

Falsos viajes: Lisboa




  He empezado de nuevo mi recorrido de turista aplicado y después de desayunar me he dirigido a tomar al elevador de Santa Justa. Un empleado me informa con malas formas que está averiado. Por lo visto es víctima (el elevador no el empleado) del plan P, con el que Portugal trata de revitalizar su economía y salvarla de la crisis global. El funcionario me despide con un bufido. La españolización de Portugal parece tan imparable como la desespañolización de España. Me siento como en casa. En la plaza del Comercio un pequeño camello no me intenta vender nada, pero al reconocer por mi forma de caminar y hurgarme la nariz que soy español, no deja pasar la oportunidad de zaherirme diciéndome que Camacho fue un bluf, y que Quique Sánchez Flores y Reyes, tres cuartos de lo mismo. Bajo la cabeza al no encontrar sólidos argumentos que le puedan refutar.

  Subo penosamente, como corresponde a mi condición de Señor Gordo, la cuesta que conduce al Castillo de San Jorge. Merece la pena, porque desde allí se tienen unas maravillosas vistas de la ciudad, y porque tienen todavía un urinario de pared y en uso. Cerca de la entrada que solo se franquea previo pago de un buen puñado de euros, veo que todavía sobrevive la pintada que reza: Tourist, respect the portuguese silence, if not, go to Spain. Sin embargo en el castillo alguien ha puesto Camela a toda pastilla. Como en casa.

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