10 septiembre 2009

Falsos viajes: La luna I

  La crisis económica tiene algunos aspectos positivos para los amargados.
 
  Por ejemplo, se deja de construir con la voracidad con la que se hacía en bosques, costas, acantilados y parajes, si es que queda todavía algún centímetro de tierra en esos lugares por construir. También han desaparecido por arte de magia aquellos genios de las fianzas a los que les gustaba alardear del buen negocio que habían hecho con la compra de su vivienda y cuánto se había ésta revalorizado. Ahora hay que encontrarlos en el sector de personas que piensan que el gobierno (cruel) porque no ayuda a pagar la casa y por tanto da derecho a dejar de pagar a todo el mundo empezando por abogados y gestorías; luego viene lo de robar en los supermercados.
 
  Otra consecuencia por la que estoy directamente afectado es el parón en el proyecto de Estados Unidos por llegar a la luna. Afortunadamente una empresa norcoreana low cost se ha hecho cargo del proyecto, y obviando algunas partidas superfluas como las de banderas de barras y estrellas y las medidas de seguridad, ofrece excursiones clandestinas a la luna de un día.
 
  Hace meses que me apunté en la lista de espera, y, hete aquí que me han llamado. El lugar de lanzamiento es secreto. Me transportan en un todoterreno, pero me han puesto la venda tan mal que me es fácil reconocer los alrededores de Barcelona, con la torre Agbar (magnífico consolador) dominando el skyline de la Ciudad Condal. Nos han dado un cursillo de dos días, exclusivamente teórico. La estancia en la luna será de quince minutos, pero durante ese tiempo podemos sacar todas las fotos que queramos. Como hay solo tres modelos de trajes L, M y XL pienso por un momento que me tendré que quedar en tierra, pero, por suerte, los trajes espaciales son los antiguamente utilizados por los cosmonautas, y, gracias a la robustez soviética, no tengo problemas con las tallas. Mis compañeros de viaje son una pareja estadounidense de mediana edad que está más ilusionada por el descubrimiento de la Nutella en España que por el viajecito espacial que nos espera, una estudiante de biología alemana, una farmacéutica jubilada sudafricana y la misma pareja vasca que me encontré en Irán. Afortunadamente, los norcoreanos no disponen de la máquina centrifugadora en la que ponen a los astronautas. En realidad, por toda formación se ha facilitado un video y un power point en coreano. A mí, el rollo espacial nunca me llamó especialmente la atención. No era de los niños que querían ser astronautas, sino toreros. Sin embargo,me dije que hay que aprovechar las oportunidades, y, quién sabe.

Segunda parte del viaje a la Luna



El humor está aquí, en alguna parte
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