10 septiembre 2009

Falsos viajes: Teherán II



Hoy es mi último día, supuestamente, en Teherán. No he visto ni una sola manifestación en contra de Ahmadineyad. Como casi siempre, el que está en un sitio es habitualmente el que menos se entera de lo que pasa. Y menos aún si es un turista a la caza de monumentos y lugares pintorescos, que es lo que yo soy. He comido chagar ranguí y chelo-kebab, y hasta he visitado una madrasa. Sigo las noticias iraníes gracias a las informaciones que me llegan de España. Me dicen que tenga cuidado con lo que escribo y con lo que fotografío. Con lo segundo no hay problema, pues me he dejado la cámara olvidada en casa encima, debajo o medio de cualquier lugar. En cuanto a lo segundo, la valentía no está entre mis defectos.

Una profesora francesa de veinticuatro años, Clotilde Reiss, está siendo juzgada ahora en Irán. Se enfrenta a la pena de muerte. Su delito consistió en redactar un informe sobre la situación social de Isfahan tras las elecciones presidenciales. Leo que en el juicio ha declarado: “Acepto que fue un error y pido perdón al país, al pueblo y al tribunal de Irán. Espero que me perdonen”. Desde el punto de vista occidental sería un patético y más que razonable intento de salvar su vida. Según Ana M. Briongos estaría practicando una costumbre muy iraní: hacer “ketman”. Ella lo define como una estrategia en defensa de los pensamientos y sentimientos propios, que consiste en adoptar una actitud teatral afirmando lo contrario de lo que se piensa. Supuestamente el ketman te libra del castigo y salvaguarda tu alma.

En el vestíbulo del hotel una pareja de españoles, Igor y Nekane, de Vitoria, él comercial de Eroski, y ella Trabajadora Social de look inequívocamente batasuno, se están quejando de algo. Su inglés es tan extraño (quizá es euskoenglish) que no entiendo bien si algo llegó pronto o tarde, o estaba caliente o demasiado frío. El empleado con su más amable sonrisa les dice sí a todo

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