10 septiembre 2009

Falsos viajes: La luna II

  La luna no está tan mal. No es que haya mucho que hacer, pero en el viaje tampoco se dispone de mucho tiempo. Las vistas además son magníficas. Por mucho que estemos acostumbrados a ver las imágenes de la tierra desde la luna, no es lo mismo ver el globo azul desde la superficie lunar. Te da por pensar en la pequeñez del ser humano y en qué bonito es el planeta, pero que mierda está hecho por tanto cafre que anda suelto. Te daría por pensar en esto si el monitor cosmonauta norcoreano no estuviera achuchándote con el tiempo. También si pudieras mantenerte tieso y no rodar como una pelota.

  Lo más impresionante es el momento del despegue. Es como bajar por una montaña rusa después de haber estado dos días con diarrea, pero a lo bestia. También se trata de un momento que comporta un alto riesgo. La cantidad de combustible que debe utilizar el cohete para propulsar la nave fuera de la atmósfera es tan brutal que el menor fallo nos convertiría en polvo de talco en menos de lo que se tarda en decir "la cagué". Con las no-medidas de seguridad de la compañía, que recortó el presupuesto de mecánicos, luego supimos que casi echamos una moneda al aire. A la pareja vasca algo no le gustó de la cuenta atrás y pidieron un libro de reclamaciones que no existía. El viaje en sí no tiene mayor emoción. La nave carece de ventanillas y lo más interesante es intentar comer las galletitas saladas e ir al lavabo sin gravedad. La luna, efectivamente es un sitio yermo, parecido al sur de la provincia de Alicante, pero sin coches tuneados. En lo que se refiere al tema de la gente (de la gente marciana), no me atrevo a ser categórico respecto al espinoso tema de su existencia. En mi opinión, no hay vida compleja en la luna y mucho menos vida inteligente, pues en ese caso hubieran construido algo interesante para divertirse, tipo Terra Mítica, que de existir no habría pasado desapercibido a los terrícolas.

  En definitiva, es una excursión interesante, pero que aconsejo no realizar con compañías de bajo coste. Para mí, además, sobró que nos instalaran en el casco un auricular con una grabación de frases como "esto es un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad", música de la película 2001: una odisea del espacio y fragmentos de novelas de Isaac Asimov locutadas por Sting. La empresa nos facilitó una bandera de nuestra nacionalidad para que la plantáramos nada más salir. Como sólo tenían una bandera española se la dieron a la pareja vasca y a mi me dieron una chipriota, con lo que nadie quedó contento. No por animadversión a Chipre, sino por mi torpeza, me tropecé bajando la escalerilla de la nave al bajar y la perdí, así que no pude clavarla como una nación tan insular se merecía.

  Con lo que no contaba, además, es con la cámara de descompresión, tras el aterrizaje y en la que ahora me encuentro mientras escribo estas letras. Si los compañeros de viaje no tienen una conversación fluida y buenos modales puede convertirse en un incordio. Dicho lo cual, abandono el ordenador ante la mirada hostil de la farmacéutica sudafricana. Le he mencionado a Mandela y ha torcido el gesto. Como decía Schuster (el futbolista) no necesito decir nada más.






El humor está aquí, en alguna parte
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