10 septiembre 2009

Los hombres que no amaban a los peperos: la película



  No es un tema original. Tampoco ha sido un falso viaje, pero como si lo fuera. Un viaje que no se realiza en autobús o nave espacial, sino más bien con la ayuda de alguna sustancia psicotrópica. Estamos en una playa, nos dicen que la Playa de la Lanzada, en algún lugar de Galicia (Estado Español). Un tipo va hablando como puede, y da síntomas inequívocos de ir afonado, a puntito mismo de ser sorprendido por el hombre del mazo, como se dice en el argot ciclista. Suponemos que está dirigiéndose a alguien, aunque ni vemos al interlocutor, ni éste le responde. No es un pájaro, ni un avión, es Mariano, Mariano Rajoy (con cabeza y corazón). Alguien ha pensado, y seguramente es una buena idea de mercadotecnia, que conviene “humanizar” y “hacer cercano” a don Mariano, Registrador de la Propiedad (es decir semidiós). Para ello han ideado una serie de videos, a los que han llamado, con cierta sorna, “Rajoy en acción”.
 
  Los detractores de esta producción audiovisual le achacan su mala calidad. Sin embargo, desde hace años cineastas expertos mueven la cámara como si tuvieran parkinson e iluminan de mala manera para crear un efecto documental y “veraz” al que nos ha acostumbrado la televisión. Al filmaker de la saga “Mariano en acción” se le ha ido la mano en eso, pues hasta el aficionado más chapucero cuida un poco más los encuadres de su hijo pequeño chapoteando en la balsa. En cuanto al sonido horrible, se elimina con una esponja en el micro o un micro jirafa con peluche disponible a un módico precio en la FNAC. De ser el sonido un poco mejor, que no restaría un ápice de su aire documental o más cursimente dicho de “arte povera”, se evitaría el trabajo de subtitular, y de paso nos ahorraríamos faltas de ortografías dignas de figurar en este mismo blog.

  En cuanto al guión de la serie, lo mejor que se puede decir es que es patético. En lugar de retratar a Mariano como a un ser cercano y relajado, lo muestran como a un perturbado mental que habla solo, que mezcla temas sin conexión ni hilo discursivo coherente, pues pasa, sin solución de continuidad, de sus recuerdos personales a la necesidades de España y su programa político, como si presentara síntomas de que fuera a sufrir de modo inminente un derrame cerebral. Las frases que dice son un poco disparatadas, y si no juzguen por sí mismos. Mariano, tras decir lo mucho que le gusta una playa, dixit:

“Me gusta pasear a buen ritmo, por cierto no sé si en el gobierno hacen ejercicio pero les convenía…”

  Qué sugiere, ¿Qué el Consejo de Ministros se convierta en un trekking? Después de meterse con el gobierno y hablar de la importancia de tecnología dice que el agua de la playa no está tan fría como lo creen algunos. La musiquita de tres al cuarto que acompaña las imágenes no pega ni con cola. A ver, “filmaker” del PP, ¿no hemos quedado que queremos darle un aire de autenticidad? Mención aparte merece el plano cruel de las canillas blanquecinas y esmirriadas del líder popular. ¿No será que el realizador es del PSOE? Lo que es seguro es que se trata de alguien que alberga un odio feroz, irracional diría yo, contra el partido de la calle Génova. Alguien que podía ser protagonista de la saga "los hombres que no amaban a los peperos". Que se investigue.

  Como diría el finado Stieg Larsson, la saga Mariano en acción es un bluf (como Donna Leon). También es en cierto modo una tocada de huevos. Blogs un tanto atontolinados como el presente, videos cutres y otros modos paralelos y populares de comunicación son para los anónimos, que no tenemos ni poder, ni tendremos otros modos de expresarnos. Estos tipos, (Mariano, José Luis, etc.…) tienen a su disposición una legión de asesores, contertulios a sueldo, catedráticos, pintores, poetas, periodistas, cupletistas, cantautores (hola Víctor), pirotécnicos, cineastas, reposteros, cocineros, pintores, arquitectos, futbolistas, trabajadores sociales, jueces en excedencia y los hijos e hijas de todos ellos que a su vez son proyectos de catedráticos, de pintores, de poetas, de cineastas (hola Jonás Groucho…). Incluso a Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, una empresa de marketing le escribe el blog. ¿Cabe tener mayor jeta? Vale, yo soy un tipo atlético y le escribo el blog a un señor gordo; pero no es lo mismo, lo hago por amistad y porque nunca va a ser ni concejal. ¿A cuento de qué colonizar los modos de expresión populares del siglo XXI? ¿A cuento de qué crear sus videos cutres para colgarlos en youtube? ¿A cuento de qué se meten en nuestro espacio? ¿A qué cuento contaminarnos con sus falsas reflexiones íntimas y falsos paseos bucólicos? ¿Por qué tenemos que verle las piernas a Mariano en acción?


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