10 septiembre 2009

Pijamazo


Cuando uno lee las noticias de España en el exterior, o más bien, lo que los españoles, se reconozcan a sí mismos esa condición o no, dicen del país, parecería que se trata de una nación (o país o estado) al borde de la disolución, la descomposición y el caos. Y sin embargo, en España ya no pasa nada políticamente importante desde el punto de vista internacional. Con mucho, la noticia que más ha afectado a la gente en los últimos días es el fallecimiento de un joven futbolista.
Acabo de volver supuestamente de Irán. Leo en los periódicos que el principal partido de la oposición acusa al gobierno, por el momento sin pruebas, de espiar a la oposición, y de utilizar a la fiscalía, a los jueces y a la policía en sus maniobras. María Dolores de Cospedal hizo estas declaraciones sobre una mesa de plástico, de las que se ponen en las terrazas y no duran más de tres veranos, sobre la cual pusiero dos micrófonos de la agencia EFE, en lugar de canapés. Si la cámara se hubiera acercado más aún se verían los rodales de los vasos de vermouth y tónica. Detrás de ella, no hay una lúgubre estantería o los barrotes de la prisión, sino una playa de Marbella, y en ella, gente dorándose al sol y mucho más cerca un carril de césped que parece natural y cuyo mantenimiento debe costar esfuerzos ímprobos de jardineros y mucha agua.
Vuelvo a leer con atención. Se trata de las páginas de España. No hablan de cualquier país africano, del sudeste de Asia o de Centroamérica. Me pregunto que diferencia hay entre decir eso y que España vive en una dictadura policial. Es cierto que tradicionalmente la judicatura, la policía y la fiscalía está compuesta de personas que mayoritariamente se declaran izquierdistas radicales, anarquistas, bolcheviques del siglo XXI, o vagamente lo que se llama antisistema. Estudiaron la oposición con el único objetivo de dinamitar el sistema. Si ésta gente suele casarse por la iglesia, celebrar las comuniones de sus hijos o vivir en urbanizaciones con piscina es tan sólo para no revelar su condición extremista. Aún así; ¿están justificadas tan graves acusaciones?
En Honduras por mucho menos se pusieron manos a la obra. Algunos parlamentarios con el apoyo del ejército y el Tribunal Supremo pensaron que el presidente Manuel Zelaya quería subvertir el orden constitucional y solucionaron el tema por el incruento método del pijamazo. Consiste en llevar unos militares hasta el mismo lecho donde duerme el presidente. Se le despierta, (buenos días presidente, lo cortés no quita lo valiente) se le entregan las pantuflas y se le escolta hasta el aeropuerto. Una vez allí se le monta en un avión con destino a la capital extranjera más cercana. Una hora después el presidente depuesto aparece a dar una rueda de prensa con pijama puesto, (detalle esencial) el pelo revuelto y las legañas todavía en los ojos denunciando el atropello cometido contra la democracia y el estado de derecho: “ Además, no me han dejado ni lavarme los dientes”.
¿Habrá pijamazo para Zapatero? Quizá durante los próximos meses se dirá que España está al borde de la secesión, que es un estado policial, que no existen libertades, que la policía es corrupta, los jueces también, y aún hasta los enfermeros de urgencias están compinchados para que la gripe A solo afecte a los afines a la oposición. Y Messi marcará un gol, y CR9 tendrá un esguince de tobillo que no le dejará jugar tres semanas, y las palabras aún tendrán un sentido más gastado del que tienen.

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