22 octubre 2009

El síndrome Ronaldinho

Miércoles veintiuno de octubre de 2009. Estadio Santiago Bernabeu de Madrid. El Milan AC, un equipo de viejas glorias al borde de su jubilación deportiva vence pese a su lumbalgia, dolores crónicos de rodilla y esa “trosis” que no le deja dormir bien, al Real Madrid/Alien II, por dos goles a tres. La derrota no parece que vaya a tener consecuencias deportivas. La fase previa de la Champions League es sólo una excusa para que la UEFA y los clubes hagan caja, para que los equipos más modestos visiten los estadios importantes de Europa y por último, pero no menos importante, para que sus jugadores hagan acopio de las camisetas sudadas por las estrellas del fútbol continental. La derrota es, acaso, una pequeña bofetada para el club que se considera a sí mismo una mezcla de Foro de Davos futbolístico y de guía filosófica/vital a lo Paulo Coelho pero compatible con el consumo de cerveza. Podría ser peor, podrían considerarse un país, un sentimiento, un afán, incluso, incluso… ¡más que un club! igual que Calígula se consideraba más que un emperador.

Dentro de todos los grandes nombres del Milan A.C. venidos a menos destaca patéticamente Ronaldinho. Para empezar ni siquiera se puede decir que sea viejo desde el punto de vista de la vida activa de un futbolista de élite, pues sólo cuenta con veintinueve años. Por otro lado, este jugador era, no hace más que unas temporadas, el mejor jugador del mundo. Uno de los más brillantes que un aficionado al fútbol haya podido ver jamás, como dice mi hermano Alberto. Al principio su declive futbolístico fue tomado a chufla por casi todos los aficionados. A muchos, y cuanto más mediocres, más nos gusta, nos encanta derribar a los ídolos y machacarlos sobre la arena. Por otro lado, su baja forma era producto de noches interminables de farra en la que no faltaba nada de lo que un buen vicioso pudiera desear a excepción del programa que Losantos tenía en la COPE. Los fotógrafos empezaron a buscar con más ahínco las lorzas del brasileño que ningún otro lance del juego por espectacular que fuera.

Unas temporadas más tarde los aficionados, quizá culpables, sienten cierta lástima, casi compasión por el brasileño. Incluso considerando que se haya bebido y follado todo lo que haya encontrado, incluso considerando que anunció durante un tiempo las natillas Danone, no se puede explicar una decrepitud tan súbita. Durante el partido del miércoles,  trataba de justificar delante de la grada su impotencia haciendo aspavientos teatrales que eran simulacros de protestas airadas al árbitro. En uno de esos frustrados intentos de arrancar en velocidad cayó de culo y el colegiado con una sonrisa acudió en su auxilio y le tendió con ternura su mano, en vez de enseñarle la tarjeta amarilla.

Quizá para algunas personas es consustancial alcanzar  el éxito y perderlo súbitamente, como se escapa la arena entre las manos. Hay cineastas que sólo logran una buena película o unas pocas buenas al principio de sus carreras grupos musicales de un solo éxito. En un documental peruano, se contaba la historia de un taxista limeño, que seguía amando una turista italiana que había desaparecido de su vida hacía más de una década y a la que sólo conoció durante un fin de semana en el que le prestó servicio. Se lo explicaban a Rutger Hauer en Blade Runner: a veces brillar más implica desaparecer antes.

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