16 octubre 2009

En defensa del pijo y en contra de los globos de los medios


De vuelta a la incivilización, la misma impostura de siempre. El caso Gürtel se ha cobrado una cabeza de turco, mejor una cabeza de pijo, o de superpijo o sea, de megapijo. Pero para ser justos, hay que reconocer que Ricardo (Ric) Costa, precisamente es el único que se ha esforzado por dar explicaciones, el único que ha sacado las facturas para demostrar que compró el Infinity (le agradezco el haberme dado a conocer esta marca) y especialmente el único que ha pedido disculpas. Ha tenido al menos el suficiente coraje de admitir que le daba vergüenza escuchar algunas de sus conversaciones. Debemos reconocer, que la mayoría también la tendríamos si grabaran las nuestras. No me quiero pasar en su defensa, ni en lamentar su suerte que en el peor de los casos llorará en un despacho de Price Waterhouse, como Jaume Matas o quizá ayudando a Zaplana en Praga, en aquello que no pueda sólo. Pero, como dijo ese prohombre de la patria valenciana, Carlos Fabra, hay que apartar a las manzanas podridas, es decir, las manzanas que se dejan coger. Todo ello me lleva a la conclusión que era Ric el que tenía un porcentaje letal de honestidad más alto en el barril de las manzanas peperas.

He visto, supuestamente, pasar hambre en Etiopía, pero en la incivilización las cadenas de televisión han interrumpido sus emisiones para informar de que un tonto niño de algún estado de Estados Unidos había subido en un globo accidentalmente. Siento ser populista, pero lo cierto es que mientras la certidumbre de que miles de niños mueren de hambre no sirve ni para ocupar un breve en los periódicos (mucho menos en las televisiones) la sospecha de que un niño estadounidense se puede estrellar en un globo moviliza a todos los medios de comunicación. Moviliza también a los medios españoles, que tratan, con un provincianismo que me resulta inexplicable, con más atención las nimiedades que pasan en Estados Unidos, lugares a fin de cuentas remotos, como Arkansas, Utah o Michigan, que las que suceden en Cuenca. Nuestros medios nacionales actúan como medios locales de sitios donde la población no sería capaz de situar a España en el mapa. Como justo escarnio ni siquiera el niño viajaba en el globo. Todo se hizo por el espectáculo, al parecer. Pero mientras, se alarga la noticia y ya sabemos cómo se llama el padre, y que es un sujeto que va buscando marcianos por el mundo. Hasta el Señor Gordo escribe del suceso, paradójicamente, mientras dice que no hay que escribir del suceso. Entre tanto, ¿cuántos niños han muerto mientras yo me he tomado la molestia de escribir estas líneas y usted de leerlas? Tranquilos, que nadie nos lo contará salvo que sea el día internacional contra el hambre o el día contra la indecencia.


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