08 octubre 2009

Falsos viajes : Lalibela I (Etiopía)

  Desalentado por toda la trama de corrupción hispana e italiana, por los muertos de las inundaciones de Indonesia que han pasado a ser noticia olvidada en menos de una semana o, mejor, utilizando todo ello como excusa, he vuelto a hacer (supuestamente) un viaje.

  Esta vez nada de la luna, o de entrañables pueblos con fiestas de paletos. He pensado cuál era ese lugar al que siempre he querido ir. Añadiré un toque tan falso como ñoño diciendo, que este es uno de esos lugares que deseaba conocer desde que era un niño y jugaba con viejas brújulas y mapas de la casa solariega que mis abuelos tenían en un hermoso rincón de la costa de Alicante. Ni que decir tiene que la casa también es falsa.

  Ese lugar es Lalibela, en Etiopía. Un país singular. Durante la época medieval fue identificado como el misterioso reino cristiano llamado del Preste Juan. Fue el único país africano no colonizado. Los rastas con Bob Marley a la cabeza lo idealizaron como el reino prometido de los negros del mundo y ensalzaron la figura del sátrapa Haile Selassie, de quien Oriana Falacci contaba que iba arrojando panes a la población hambrienta cuando se desplazaba por Addis Abeba. Etiopía también es mundialmente conocida por sus fondistas y debo reconocer, que yo, que nunca he podido seguir con fidelidad los colores de ningún equipo de fútbol, soy fanático seguidor de las camisas verdes etíopes en todos los juegos olímpicos y mundiales.

 
  Llego al moderno aeropuerto de Addis Abeba sobre las seis de la tarde. Etiopía es también la representación universal del hambre en el mundo. Sin embargo, en seguida compruebo que, tal y como había leído en alguna guía, es la ciudad africana donde se encuentran los restaurantes, principalmente italianos, más exclusivos del continente. Para acabar con la retahíla de tópicos, que deben ser contrastados o refutados con urgencia para viajar luego con calma, debo mencionar, que los etíopes son considerados universalmente como bellos y amables y, pese a mis intentos de desmontar esta creencia, acabo reconociendo que es verdad. Los etíopes parece que caminan un centímetro por encima del suelo y son tan amables que de ser alicantinos pensaría que están a punto de robarme. A la mañana siguiente tomaré un transporte, aún no se cual, hacia Lalibela. Después de ir a la luna y perder la bandera chipriota, me siento aventurero, y sólo he contratado los vuelos entre París y Addis Abeba y tres noches de hotel en esta ciudad. Pero al llegar me encuentro con un grupo de turistas españoles que han alquilado un autobús para ir a Lalibela, así que suelto unos cuantos euros y me subo en el carro. Al fondo, no me lo puedo creer, están la misma pareja vasca que me encontré en la luna y en Irán. Con ánimo amistoso les pregunto si no tienen que trabajar, porque siempre les veo viajando. Me responden llamándome español, txakurra y fascista. Por lo demás el viaje en autobús transcurre tranquilo y sin más incidentes que los de una pareja canaria que se empeña en contar chistes de Manolo Vieira, la versión cutre-insular del gran Chiquito de la Calzada.
  Lalibela se encuentra a unos cuatrocientos kilómetros al norte de Addis Abeba. Hay que tomar una carretera hacia una localidad llamada Semie. Unos cien kilómetros más al norte de allí parte otra carretera, es decir una pista aún más pequeña y bacheada, que nos conduce hasta Lalibela, a la que llegamos cuando ya es noche cerrada.

2 comentarios:

  1. Compruebo, algo decpecionado, que no ha recogido usted mi guante. A su viaje, como a usted mismo, le falta algo, aunque no acierto a determinar el qué. Ya es mala suerte que se encuentre usted con ese autobús repleto de españoles. Cuando uno viaja con el ánimo de explorar es sumamente irritante encontrarse con otros turistas, pero si encima son españoles y uno escucha sandeces en su lengua materna, la frustación y la mala leche crecen hasta el paroxismo. Y usted subio a ese autobús. Creo que sus amigos vascos son funcionarios, probablemente de la Administración de Justicia. Un saludo

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  2. Gracias Sapientum por su comentario. No crea que su sugerencia ha quedado en el olvido, todo lo contrario. Debo reconocer que no tenía información sobre la historia y me estoy documentando.

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