30 octubre 2009

Falsos viajes: Barcelona 2050. Parte I

  Hace unas semanas me mandaron un mensaje por el móvil —de esos que acostumbran a ser fraudulentos— ofreciéndome realizar un viaje al futuro por el incomparable precio de XXXXX,99 euros. No me lo he pensado mucho. Lo mío es quejarme y supuestamente viajar. Además, me lo puedo permitir (como le pasaba al protagonista de la novela de Nick Hornby, “About a boy”) gracias a que cobro los derechos de diseño realizados en su día por un familiar, de los reposapiés y banquetas de cocina que utilizan millones de personas en el mundo. Sí, esas que están pensando.

  Al día siguiente me planto en la sede de la Agencia de Viajes New Future Travels S.L.L. que no puede tener un aspecto más claramente delincuencial. Una secretaria al borde de la jubilación con cinco operaciones fallidas de estética a cuestas me recibe y me introduce en lo que parece el vestíbulo de una notaría de los años sesenta. En su cara se refleja la sorpresa y la excitación del estafador poco avezado cuando una presa cae en sus redes. No hay nadie en la oficina, pero me hacen esperar unos cinco minutos para simular que tienen actividad. Mientras tanto, ojeo el catálogo de la Agencia: “Fiordos Noruegos 2040: disfrute las últimas fases del deshielo del glaciar”. “Suiza 2030. Broncéate todo el año sin peligro junto al lago Constanza”. “Madrid 2050. Visita el Taj Real o Mausoleo de Florentino Pérez, el estadio Olímpico donde quizá se celebre Madrid 2066 y una reconstrucción virtual de los bares donde servían bocadillos de calamares”.

  Mi lectura se ve interrumpida por la secretaria que me acompaña al despacho del jefe, don S.M.M, un tipo flaco y malencarado, pese a su sonrisa y bronceado a lo Mitch Buchanan. La oficina huele a sudor, tabaco y a lo que dejan las secretarias/os y los jefes/as en su recreo laboral. Una enciclopedia y libros supuestamente técnicos en la estantería para disimular, un título en la pared que obviamente es una fotocopia de otro, quizá real. En resumen, un estafador con al menos tres condenas y diez embargos.
  Cuando lleva más de media hora convenciéndome de las excelencias de los viajes al futuro, al tiempo de que los costes de los mismos son sólo para gente “exclusiva” y “de nivel”, me veo obligado a cortarle la cháchara porque me he apuntado a un gimnasio y no quiero llegar tarde a la primera clase de Pilates I. Le digo que me parece todo muy bien, que seguramente será una estafa, pero que no me importa porque tengo tanta pasta y estoy tan aburrido que me puedo dejar robar las cantidades que me propone. De repente el tipo se hace el ofendido, casi diría que se pone triste, y por un momento me arrepiento de mis palabras.

—Has elegido el viaje Barcelona 2050—.

De una cajita que ahora me doy cuenta ha llevado siempre en la mano derecha, el tipo saca dos pastillas: una roja y otra azul.

—Perdone, pero por este revival cutre de Matrix  no paso. Méteme en la cámara del tiempo correspondiente y veremos—.

—No hay cámara. La pastilla roja es la versión más económica. Estarás en el año 2050, pero no se te podrán quitar todos los años que te corresponderán en esa fecha, con lo cual no te garantizamos que tengas tantos dolores de rodillas que al final el viaje se quede en un paseo corto por el parque. Tiene otros problemas, todos los monumentos no están incluidos, no incluye alojamiento y algunos sitios sólo se verán borrosos o en blanco y negro, y por último, de modo obligatorio debe asistirse a un concierto de Miguel Bosé, Ana Belén y Víctor Manuel—.

—¿Y la azul?—.

—Incluye todos los extras. Edad del cliente detenida o ralentizada lo que llamamos portabilidad celular, hotel de cuatro estrellas o equivalente del futuro, media pensión, vistas a todo color y el concierto se suprime o es opcional. El precio es…—.

—El precio no es problema. Trae esa pastilla azul para acá. Una cosa antes de tragarla, Morfeo de pacotilla, ¿ha venido una pareja de vascos por aquí preguntando por el viaje?—.

—No ¿por qué?—.

—Cosas mías—.


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