21 octubre 2009

Falsos viajes: Agora: No estamos para bromas

 
Los únicos viajes que de momento no puedo hacer (están en estudio y no se descartan) son a través del tiempo. Para eso, y éste es el momento cursi del blog, tengo que recurrir al cine. A fin de cuentas también nos proponen falsos viajes y últimamente demasiado largos para nuestras vejigas. El viaje de Amenábar a la época del saqueo e incendio de la biblioteca de Alejandría ha costado cincuenta millones de euros. La crítica ha valorado en general positivamente la cinta, pero la ha considerado fría. No entiendo bien la manía de definir las películas mediante adjetivos de temperatura o de velocidad. Cuando alguien me comenta que una película le ha parecido lenta, no puedo evitar pensar que lentas serán, en todo caso, sus neuronas cinematográficas. ¿Cuando definen a Ágora como fría, se refieren al que pasaban los señores debido las escasas túnicas con los se tapaban las canillas?

El tema de la película me parece apasionante: Alejandría, Hypatia, una sabia adelantada a su tiempo... Sin embargo, reconozco que no me convencieron demasiado la falta de empaque de ciertos personajes (ese obispo joven que parece un seminarista de izquierdas), el hieratismo de la bella Rachel Weisz, ni el abuso del “google earth”, ni tampoco el envejecimiento con exceso de polvo de talco de los actores. En mi modesta opinión, lo que le falta especialmente a esta película y en general al cine de Amenábar, tan destacable en casi todo, es sentido del humor. En una película épica, en la que se tratan rasgos humanos primarios, las bajadas y subidas son tan esenciales si se quiere obtener el efecto de emoción deseado como lo son a las montañas rusas. La promoción de la película nos vende que nos van a contar una historia que trata de freedom (libertad) ambition (ambición) passion (pasión) and power (poder, porque no creo que se refiera a la energía eléctrica). El contraste es fundamental para destacar las cualidades del héroe, pero también para rebajar la tensión con el objeto de subirla en el momento apropiado. Dicho pomposamente el bufón y la bufonada están más allá del bien y del mal pero nos prepara para adentrarnos de lleno en las pasiones, especialmente las pasiones del mal. En las películas de Ford, siempre hay un tipo pintoresco en la taberna o en saloon que a pone el contrapunto cómico. El humor se introduce a veces está incorporado en las propias situaciones que viven los héroes. En Espartaco (1960) de Stanley Kubrick, el director no duda en colocar a los personajes en circunstancias grotescas, para lograr un efecto humorístico, aprovechando por ejemplo los baños públicos y la barriga de uno de los mejores gordos de la historia del cine, Charles Laughton o poniendo al cruel Lawrence Oliver, tratando de seducir a Tony Curtis mediante una lección de moluscos que ya es un clásico. Así, cunden más luego en el ánimo del espectador las crucifixiones.

Asumo que para los progres, como dicen ahora los pijos postneocom, entre los que me encuentro, da gusto ver a los cristianos retratados como los cabrones que han sido casi siempre (hola Rouco Varela), pero no creo que sea un argumento suficiente como para hacer loas a la película.
Echo de menos que las películas españolas no tengan sentido del humor o que confundan éste con tacos, chistes y chascarrillos. Será que en el fondo los españoles no brillamos por nuestro sentido del humor. Será que en el fondo que los españoles prefieren ser tomados por cualquier cosa menos por payasos. Allá ellos. Allá yo.

http://www.agoralapelicula.com/

1 comentario:

  1. Señor gordo, quisiera hacerle una petición: ahora que se ha adentrado en el apasionante mundo de los falsos viajes en el tiempo, le pido que haga un viaje (falso, por supuesto) a la España de dentro de 20, 50 ó 100 años. No creo que tenga paciencia para esperar tanto tiempo y me gustaría ver lo que va a pasar con este extraño país

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