18 marzo 2010

Irati

 
  Hace unas semanas que volvió su triste figura a las portadas de los periódicos y los vídeos de las noticias: De Juana Chaos. Esta vez, se le ve entrando en el Juzgado de Belfast donde le han comunicado que se ha admitido la solicitud de extradición a España. Se introduce en el edificio del juzgado andando a grandes zancadas y la cara de mala leche del marqués al que le han despertado de madrugada para decirle que se tiene que ir al establo porque un criado se ha roto una pierna ordeñando una vaca. Con permiso me ahorraré por sabidos y compartidos la valoración que este tipo me merece. El juzgado dice que lo pueden volver a traer a España. No sé si me alegro de que volvamos a tener al fulano por aquí, y la fatigosa y estéril polémica que acompaña al individuo.
 
Pero no puedo evitar poner el foco un poco más atrás. Justo allí, detrás, unos pasitos rezagada, como si no pudiera seguir las zancadas de gigante gañán de Iñaki hay una mujer. Tiene el aspecto de esas mujeres que pese a que van cumpliendo años parecen siempre una muchacha. Una cara dulce. Ya la había visto, esperándolo el día que salió de la cárcel. Lo esperaba con una rebequita, como las madres abnegadas, siempre pendientes de que no cojamos frío. En la secuencia de fotos publicada se observa como trata de ponérsela. Parece que el fulano rehusó la rebequita porque fotografías después aún ella la lleva amorosamente en sus brazos. De hecho, parece haber pasado a su lado con una rapidez que compartiría con la celebérrima ciclogénesis explosiva. Vuelvo a ver la misma escena repetida, esta vez sin la rebeca, en las imágenes que han tomado las televisiones en Irlanda. Iñaki con las comisuras hasta el suelo. Ya no va con la rebequita, para que Iñaki no se enfríe, sino como porteadora llevándole unos documentos. Siempre unos pasitos detrás. A Iñaki no le gusta que le agobien. No es su secretaria, ni su ayuda de cámara, es su mujer y se llama Irati.
 
¿Qué mujer sensata puede compartir la vida que es un asesino? ¿Por qué lo hace una chica joven con aspecto de no haber roto más que huevos para hacer bizcochos los domingos y el día de la Patria Vasca? De acuerdo, para los fanáticos de batasuna se trata de un gudari, de un héroe, de un patriota. Pero incluso éstos deben reconocer que se trata de un tipo antipático, malencarado de maneras chulescas y escasamente atractivo. ¿Se imagina alguien a Iñaki, diciendo “cariño, mi vida, o simplemente gracias por la rebequita”? Más bien es fácil pensar que llega a casa vociferando “nena, ¿dónde están las zapatillas?” o “ya se te ha vuelto a pasar el filete, que sabes cómo me gusta la carne: cruda”. Si se ve bien las fotos de su mujer, se observa esa abnegación de las mujeres “de antes”. Aquellas que necesitaban la autorización marital para sacar dinero de la cartilla y andaban sisando de las vueltas para comprarse unas medias. Iñaki cariño, ponte algo que te vas a enfriar. Iñaki ¿qué te apetece cenar esta tarde? Iñaki, ¿estaba buena la cena? Si pudiéramos bucear dentro del cerebro de Irati, en algún lugar de su córtex libre del fanatismo nacionalista, se escucharía como una cacofonía la siguiente letanía: “Por que eres un gudari, patriota vasco, que si no, te mandaba yo a frotar tus calzoncillos a cierto sitio”.



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