30 mayo 2010

A favor del espontáneo y en contra del Fantoche posmoderno



  El espontáneo era uno de los personajes más entrañables y patéticos del mundo de los toros. Habitualmente se trataba de un tipo que tenía por todo patrimonio unos pantalones, la camisa que se quitaba para utilizarla de muleta y más hambre que el Domine Cabra. Un personaje de posguerra que buscaba lo que luego se conoció como el minuto de gloria para salir de la miseria y buscarse un contrato. Alguno lo consiguió, otros se quedaron en la arena.
  En Inglaterra, más rica y mucho mejor alimentada, la tradición del espontáneo se ejercía en la modalidad del stripper. Las lorzas sonrosadas y el trasero flácido hacían su aparición en la hierba de Winblendon o en la Wenbley. Las señoras bienpensantes retiraban la mirada y tapaban los ojos de los niños, otros soltaban una carcajada, y la cosa terminaba con el espontáneo caballerosamente arrestado por los bobbys que utilizaban la gorra en forma de improvisado taparrabos. En el fondo el stripper no hacía otra cosa que continuar la hermosa tradición inglesa de la excentricidad. En España, tan trágica y con tan mala educación (este es el país donde la gente se presenta en chancletas en los juzgados) sería impensable, porque el stripper rompe por unos segundos la etiqueta y las formas. Sirve como válvula de escape de la presión, y es humorística, precisamente porque es inesperada y simula romper la norma.

  Ambos espontáneos eran muy de alabar. El primero buscaba comida caliente, sábanas limpias y quién sabe si en el futuro un cortijo con ganado. El otro era un humorista aficionado, que luego comentaría la jugada en el pub, con otros amigos abogados. Es cierto que también había espontáneos sin espontaneidad, que trataban de aprovechar el minuto de gloria para protestar contra la caza de focas en el Ártico o para protestar por la subida de la contribución de basuras.

  Y luego está Jimmy Jump. Su última hazaña es irrumpir en plena actuación española en el festival de Eurovisión. Jimmy Jump es un capullo repulsivo o si lo prefieren un fantoche postmoderno, y explicaré por qué:
  • Primero: aparece vestido y no desnudo.
  • Segundo: no es humorístico, pues una intromisión espontánea en un festival tan chabacano como Eurovisión nunca puede ser humorístico. Eso sólo podría serlo si se hace desde dentro, como ya demostró Buenafuente.
  • Tercero: no busca un plato de sopa caliente o un cortijo, sino plantea sus acciones como estrategia comercial (tiene una página Web que se colapsó tras su “aparición” en Eurovisión).
  • Cuarto: tiene un tufo nacionalista, que lo hace más insoportablemente paleto español.
  • Quinto: actúa en lugares sin riesgo (la broma de ayer solo le sale por 1500 euros, por lo que puede cubrir ampliamente gastos).
  • Y sexto: y esto es más subjetivo, pero es lo que más me irrita. ¿Han visto la cara? Es la cara del chulito de la clase cuando hace bromas al “margi” del Instituto. La cara del graciosillo macarra que igual te mancha de tinta la camisa, como te pincha las ruedas del coche. Compárenla con los espontáneos de antaño, que no dudaban en ponerse en ridículo.


En cambio este tipo nos trata de decir con su sonrisilla vacilona que los ridículos somos nosotros. El careto de Jimmy Jump (alias repulsivo) atesora el mismo mensaje que las notitas que se ponen los críos en los pupitres: “tonto el que lo lea”.

2 comentarios:

  1. Al de la foto creo recordar que le dieron una oportunidad, y le echaron los novillos al corral sin que lograse matalos.

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  2. Jimmy Jump es un angelito al lado del Nicolás este. Me reí.

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