09 agosto 2010

Campañas orquestadas. Hércules CF Alicante



  Como ya he tenido ocasión de comentar en este blog, soy seguidor de un equipo de fútbol llamado Hércules. Me gusta no sólo porque es el equipo de mi ciudad, sino por lo estrafalario de su nombre y de su indumentaria oficial. Nació como un equipo humilde a la sombra de otros de la ciudad. Su fundador fue Vicente Pastor Alfosea, apodado cariñosamente como “El chepa” (porque antes como ahora la gente era muy cariñosa). No entiendo cómo ningún psicoanalista no ha firmado ya una monografía sobre por qué un discapacitado elige como nombre de su equipo a un héroe griego paradigma de la fuerza y el vigor físico. Su fundación inicial data del año 1922 (si bien las actividades del equipo fueron anteriores) pero su palmarés de títulos se encuentra aún en blanco, si soslayamos los campeonatos de segunda división. Tampoco tenemos ninguna final perdida que añorar porque nunca se alcanzó ninguna. El escudo representa la cabeza de un subsahariano (o negro) tocado de una corona de laurel, bonito reconocimiento involuntario a las raíces africanas de la civilización griega. Cuando el actual accionista mayoritario del club, Enrique Ortiz, llegó, se propuso un cambio del escudo que implicaba jibarizar la cabeza y cambiar su tez negra por la azul, como si fuera un “avatar” enano. La justa indignación de los aficionados herculanos lo impidió.

  El caso es que después de catorce años de peregrinaje por las segundas divisiones, el equipo ascendió a la añorada Primera División. Mas poco duró la alegría, como dirían en el cuento. El señor Ortiz era investigado judicialmente por diversos chanchullos delictivos relacionados con contratas de basuras en las que presuntamente está implicado. Por orden judicial se autorizaron escuchas telefónicas. Pero ya se sabe, cuando se levanta la alfombra para barrer aparecen no sólo los pendientes de la abuela que desaparecieron un día como por ensalmo, sino también todo tipo monedas, cachivaches, bichos y podredumbre varia. Así fue como salieron a la luz las conversaciones entre el máximo accionista, el capitán del equipo y otras personas en la que se habla inequívocamente de la compra de partidos.

  El hecho no es delictivo a día de hoy, pero está previsto que entre en el Catálogo Oficial de Maldades Penadas, llamado Código Penal, el próximo diciembre. Quizá por eso los interlocutores no se molestan en ser comedidos en sus manifestaciones. Se habla de equipos, fechas e importes. Tampoco faltan los motes cariñosos como el de entonces era el del “Chepa”. Sólo que ahora se usan otros: verbigracia: “crack”, “monstruo” y “Sonia”.

  Precisamente ese es el nombre de la alcaldesa de la ciudad, quien ha declarado que todo (que se conozcan las escuchas y quieran ser investigadas por las autoridades deportivas) es una campaña orquestada del PSOE para acabar con el Hércules y por extensión con todo Alicante (south-east Spain). Es un hecho incuestionable que el primer objetivo vital del pérfido presidente Zapatero, desde que tiene uso de razón, es acabar con Alicante y prohibir la fideúa. Pero debo confesar que el término “campaña orquestada” siempre me ha hecho gracia. Primero porque es redundante, no puede haber campañas que no sean orquestadas, porque eso no tendría ni orden ni concierto, es decir, sería un desconcierto. Por otro lado ¿quienes son esos tipos que orquestan campañas? ¿Se reúnen en oscuro sótano bajo un flexo o en un restaurante caro a comer lubina? ¿Se les ocurre sobre la marcha o se citan para hundir a determinada empresa, equipo o ciudad? Si las conversaciones dicen lo que dicen, ¿quiere decir que Ortiz y sus interlocutores están compinchados para hundir al Hércules y Alicante? ¿O más bien están pasteleados sólo aquellos que quieren que los asuntos turbios, delictivos o no, salgan a la luz? En ese caso ¿los profesores que suspenden a un alumno que hace mal un examen orquestan una campaña en su contra? ¿Lo hacen los médicos que tienen que dar una mala noticia a un paciente? ¿Orquestan una campaña contra la ciudad los conductores de autobuses que se retiran cuando terminan su último trayecto?

  La idea de que todo puede ser una campaña orquestada arraiga con facilididad en una sociedad acostumbrada a creer que la responsabilidad siempre es de los demás y no propia.  Quizá yo también forme parte de la campaña orquestada. ¿Cuándo, quién y cuánto paga? ¿No será  que la alcaldesa también forma parte, si no de una orquesta, de una banda?

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