23 septiembre 2010

Haciendo Neira del árbol caído

  ¿Por qué adoramos ensalzar a una persona para, tiempo después, arrastrarla por el fango? 

  Es difícil resistirnos al placer vertiginoso de la dualidad. Las personas corrientes tienen a gala ser sinceras, honestas, “de una pieza” se decía antes, y sin embargo no hay nada más aburrido ni quizá más falso. Lo interesante es lo oculto, la doble naturaleza de las personas, la trastienda o como diría cualquier español menor de 25 años, el “backstage”. El paradigma literario es el doctor Jekyll y Mr. Hyde de Stevenson, o si se quiere antes, en el Becerro de Oro, o el personaje de muchas fiestas a los que todo el pueblo reparte collejas. El relato del entretenimiento cotidiano y del cotilleo casero y televisivo tiene siempre ese leit motive. El tipo que parecía bueno, pero que es un carnudo, un adúltero, un estafador o un chapucero. También el mecanismo funciona a la inversa: la palurda barriobajera que en el fondo es una sabia a su modo, una madre coraje, un ejemplo de supervivencia.


Pero siempre es más atractivo construir para luego derribar. 

  Y llegamos a Neira. El último héroe nacional transmutado en villano. Mi punto de vista es que lo ensalzamos con el propósito de disfrutar de su posterior escarnio, como los cerdos que se cebaban para San Martín. Visto con un poco de frialdad ni su gesta fue tan heroica ni sus faltas tan horrendas. La historia es conocida. Un tipo se enfrenta a otro que estaba pegando a su pareja. Cuado se da la vuelta el energúmeno le da un cobarde puñetazo. El tipo cae al suelo y lo llevan al hospital donde durante meses se debate entre la vida y la muerte. Se conoce el hecho y se subraya su carácter de docente, nace así el superhéroe, el “Profesor Neira”. En el ínterin la chica agredida y su familia se sacan unos billetes ejerciendo de malvada retrasada en las televisiones. Todo ello agranda su figura. Cuando ya había pagado el óbolo a Caronte, la ciencia médica logra una huelga de barqueros mitológicos, con sus correspondientes piquetes informativos, y lo devuelven de regreso al mundo de los vivos, convertido eso sí, en “Caballero Defensor de la Mujeres”. Esperanza Aguirre, la presidenta que escapó de una matanza en India con unos calcetines blancos le invistió Lord Chicas en una sin par ceremonia. Luego supimos que era ligeramente fascista, bastante machista, muy bocazas y por fin, aficionado a los licores fuertes mezclados con Ventolín y hacer eses con el coche al grito de "no me arrepiento de nada, ¡chico! ¡Otra copa!”, todo ello para el regocijo de la crítica y del público. Otro héroe caído.

  Anticipo que la princesa Carbonero, injustamente a mi parecer, será la próxima en ser emplumada en la plaza pública que ya linchó a Rodríguez de la Fuente, Jacques Cousteau, Ingrid Betancourt, Camilo José Cela, Francisco Umbral, Lance Armstrong y Concha Piquer (acusada de tacaña…). Obsérvese que los verdaderos canallas no sirven para estos propósitos.

  Admitamos que todo este ejercicio quizá sea inmoral pero desde luego es catártico. ¿Ves? Sería guapo o guapa, genial, inteligente, creativo rico, pero no deja de ser un zafio gañán. Colocó un carnero atado a las patas del pobre águila o una boya al león marino…

Al menos, seleccionemos con justicia nuestras víctimas.



3 comentarios:

  1. Lo que parecía moda se ha convertido en costumbre, ensalzar para luego despellejar y yo me pregunto ¿estamos aprendiendo eso y traspasándolo a la vida real? me gustaría responder que no, pero... lamentablente no estoy segura de no quemarme, aunque confío en el ser humano y en su poder de rectificar.
    Un buen blog.

    ResponderEliminar

¡Gracias por tu comentario!