14 noviembre 2010

Joseph

 
 
Benedicto XVI, alias del Papa alemán Joseph Ratzinger, viajó a España en visita  pastoral en noviembre de 2010. Durante su viaje denunció que en España se vive un clima de laicismo radical. Como la expresión no tiene sentido alguno, aclaró, que el país que se disponía a visitar en unas horas, vivía un estado de anticlericalismo similar al existente  en los años treinta, justo antes de la Guerra Civil, que trajo la devastación al país, arrancó millones de vidas y acabó con la implantación de una dictadura militar que sobreviviría hasta los años 70. Al aterrizar en Santiago de Compostela no corrió sin embargo, a refugiarse en un búnker, como cualquier persona podría haber pensado. No se le puso un chaleco antibalas, no fue llevado a la zona internacional de aeropuerto. Las furibundas autoridades anticlericales españolas no dificultaron su entrada en el país con cientos de trabas burocráticas. No. Ni siquiera un leve reproche. Al aterrizar en el aeropuerto le recibió nada menos que un príncipe de casi dos metros llamado Felipe, que se apresura a darle las gracias por su visita. También le reciben otras altas autoridades españolas, como el Vicepresidente del Gobierno, el Presidente de la Xunta de Galicia etc.  Siendo sinceros, este insólito recibimiento tampoco era tan descabelladamente previsible.  En el mismo avión desde donde mandó tan negra diatriba viajaba de uno de los más prestigiosos cocineros españoles, por encargo de las autoridades españolas. Parece que su propósito no fue envenenarle y sí mostrarle una muestra de centollos, percebes y vinos del país. ¿Tan cínicos son estos comecuras? Quizá, se habían rendido y olvidado su odio anticlerical, ante el mensaje pastoral lleno de esperanza, amor al prójimo y clarividencia que traía a tan impías tierras. ¿Quién no estaría de acuerdo que la familia de verdad es la de los heterosexuales casados por la iglesia y no la de las solteras y los homosexuales? ¿Quién podía dudar a estas alturas que el condón era un instrumento de pecado, no de prevención de enfermedades venéreas?
¿Acaso alguien dudaba que el lugar de las mujeres era su casa criando de su familia y no en el trabajo?

Quizá los herejes, los ateos, los impíos, los descreídos, han visto la luz del evangelio. Quizá sea así porque en esa tierra de ateísmo rampante hasta el Rey y el Presidente del Gobierno acaban acudiendo  a despedirle sin omitir las reverencias. Algún prohombre, incluso, está a punto de sufrir un pinzamiento en la espalda, tantas son las genuflexiones hechas al Pontífice y a los príncipes de la Iglesia.

Ya de regreso al Vaticano, el Papa pregunta a su bello y estrecho colaborador.
 
-¿Cuánto ha costado el viaje?
-Cuatro millones de euros, Santidad.
-¿Tan caro? ¿Cuánto Nos debemos abonar?
-Nada Santidad, lo paga todo el Gobierno de España.
-¿Los rabiosos laicos anticatólicos?
-Esos mismos Santidad.
-Sin fe, y sin coraje. Recemos por estos pecadores.

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