10 diciembre 2010

Assange


Bienaventurados sean los descreídos. Quizá no sea de ellos el Reino de los Cielos, pues ya está reservado a los mansos y los que creen; les pertenece el usufructo futuro de la tierra cuando los que parten el bacalao desaparezcan. Pero, al menos,  los acontecimientos les están dando la razón.

¿Qué era eso de la democracia? ¿Decidir? Los propios gobiernos reconocen que no toman las decisiones que les parecen justas y adecuadas para sus ciudadanos sino aquellas que contentan a un ente al que llaman “los mercados”, o que son convenientes por razones de seguridad o "alta política". ¿Es al menos la democracia el derecho a  dar y recibir libremente información veraz? El asunto Wikileaks ha venido a demostrar que parece que tampoco. Hoy mismo, mientras escribo estas líneas han detenido, supuestamente por estar involucrado en una agresión sexual. Ciertos bancos, en los que casi imposible bucear en busca del rastro del dinero de los corruptos y los asesinos del mundo, de repente se vuelven escrupulosos y cancelan las cuentas de Wikileaks, porque la dirección dada para abrirlas  no se corresponde con la reales. Paypal deja de prestarle servicio al caer en la cuenta de que Wikileaks realiza, según ellos, ilegales…Los poderosos tienden a ser negligentes buscando excusas,  pese con un ejército de periodistas, contertulios e intelectuales para que apuntalen las razones de la sinrazón y la versión más falaz.

  Ahora, nos dicen que las filtraciones de Wikileaks hacen tambalear los cimientos de la diplomacia internacional y hace imposible una comunicación leal entre las naciones. Nos dicen, que ninguno de nosotros resistiríamos que se publicaran nuestras conversaciones privadas, como si fuera lo mismo poner verde a tu cuñada que comprometerse en entorpecer la investigación de un asesinato u ocultar que gobiernos “amigos” financian  y apoyan redes terroristas.  Mientras nos convencen o no, la fiscalía de Estados Unidos, país que rechaza la jurisdicción universal y que sus nacionales sean juzgados por los delitos cometidos fuera de su país por otro estado, como en el caso de Couso, prepara la petición de extradición de Assange.

Y todo ello, cuando los telegramas publicados cuentan asuntos delicados, pero ya sabidos. Tanto los serios (las maniobras de entorpecimiento de de la fiscalía española en la investigación del caso Couso) como los cotilleos diplomáticos (¿o  no sabían ya que el Rey era un tipo campechano?) ¿Qué estarían dispuestos a hacer entonces para proteger los grandes secretos políticos y del mundo de los negocios? No tardará en publicarse el cable de la Embajada de Estados Unidos en España o en cualquier otro país, en la que diga: “pensamos honestamente que la gente es tonta de capirote. Nuestra embajada, no obstante, no ha podido comprobar esta información. En todo caso, la trataremos igualmente como si lo fuera. Stop. Confidencial”.

"Posdata: Mándenos urgentemente por valija crema de cacahuete. Se nos está acabando".

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