24 enero 2011

Tienes un e-mail ¿idiota?




  Quizá por ser señor y gordo o simplemente por ser aburrido, no recibo muchas invitaciones a lo largo de la semana, (ni del año) para asistir a fiestas, realizar viajes, participar en presentaciones literarias o cinematográficas, convenciones políticas u otras actividades interesantes en las que no para de estar la gente atractiva, como Juan Cruz, por poner un ejemplo. Lo que no paro de recibir son recomendaciones (o admoniciones) en PowerPoint (que debo luego reenviar so pena de seguir igual o peor mi gris existencia) acerca del valor de la amistad, el sentido de la vida, la alegría de la generosidad, o la fuerza del cariño. También recibo muchos correos electrónicos con fotos de chicas que se refieren al cariño desde otra vertiente, pero ese es otro tema.

  Los diseñadores de estos mails, habitualmente elaborados con PowerPoint, suelen ser incondicionales de las fotos de amaneceres o puestas de sol, de cachorros y flores en verdes campos. También les gusta la música que podíamos definir como pseudoclásica o pseudoascensorista. Suelen ser exigentes y agoreros, reclaman un trabajo posterior para el que no fuiste contratado, eligiendo, según tu diligencia, entre la dichosa felicidad y la ruin miseria. Me pregunto si alguien de los que reciba este tipo de mensajes se hará después el firme propósito de ser mejor persona, es decir: hacer amigos, reconciliarse con la familia, vender la casa y quemar un banco.

  Antiguamente, se aseguraba que los chistes se hacían en la cárcel. Una leyenda urbana y maliciosa asegura que ahora estos mails los hacen y distribuyen funcionarios, por supuesto, durante su horario de trabajo. Personalmente, tengo la impresión, de que muchos de los que hoy recibimos, se elaboran desde soleados estudios de comunicación, cuyos miembros pasan los fines de semana en idílicas casas rurales jugando al tabú. No es tan fácil ni rápido elaborar este spam ideológico, que no se limita a pedir que seamos de tan buenos tontos de capirote, últimamente en España nos estaba dando la vara con los funcionarios (lo mucho que son) y los políticos (lo mucho que cobran), y Leire Pajín.

  Llámenme descreído, pero no puedo evitar pensar que los vendedores de felicidad naïf son unos farsantes. En materia de razonamientos de garrafa para arreglar el mundo, prefería la versión analógica de los taxistas, cuyas recetas para arreglar el mundo venían aliñadas de alguna anécdota chusca y a en ocasiones hasta graciosa, que podías contar al calor del amor en un bar.
 
 

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