29 abril 2011

El clásico


Por circunstancias que no vienen al caso, esta semana he escuchado a menudo declaraciones de Maria Dolores de Cospedal. No se baja de una montaña de ocho mil metros sin alguna congelación, y no se escucha una semana a  MDdeC sin que a uno le entren ganas de quemar una comisaría con  Zapatero dentro utilizando los folios del caso Gürtel como combustible, o de fabricar argumentos y falaces.¿Qué hacía el PSOE mientras los americanos invadían Puerto Rico? ¿Por qué Rubalcaba no impidió la salida de ET? 

Digo esto en mi descargo y de la introducción que se me había ocurrido para el tema de esta entrada. Es la siguiente. Se abren las comillas. Comillas abiertas.

España es un país que no tiene ni un solo premio Nobel enseñando en las universidades, pero al menos tiene los mejores equipos de fútbol del mundo y los mejores jugadores jugando en dichos equipos. Y decir eso, no  es decir poco. El deporte es la religión más seguida y la secta más numerosa la componemos los aficionados al fútbol. A menudo, al despertarme, lo primero que pienso es que no hay rival pequeño, que lo importante son los tres puntos y que hay que ir partido a partido. Una vez que desayuno y me introduzco mi ración de cafeína ya soy capaz de afirmar que estoy a disposición del míster para lo que necesite, aunque lo importante es el equipo y antes del equipo el escudo… Porque nosotros pasamos, pero “la entidad” permanece…

Este es un país donde los informativos están grotescamente deformados, pero en donde todos consideran unánimemente de interés contarnos “lo que hicieron los nuestros esta noche en la NBA”. Marc Gasol un punto y un rebote en la derrota de los Grizzlies contra Portland; Rudy Fernández no jugó un Barcelona Real Madrid es lo más grande que puede ocurrir. Y si éste partido se repite cuatro veces en un mes, sólo puede ser comparado al Big Bang o a un desnudo integral y privado de un equipo de waterpolo.

 Y, sin embargo ¿qué ha pasado? Un fraude, una decepción, una completa ful. Fue como si aparecieran en un mismo escenario Nureyev y Caruso, uno tropezándose y el otro desafinando. De nuevo, el fútbol como metáfora del país, en donde las superficies quemadas, contraídas u hospitalarias se miden en la unidad “campos de fútbol”. El juego ha sido pobre, tirando a paupérrimo. Para un espectador neutral, los tres partidos han sido tan aburridos como un concierto de música contemporánea. Pero desde luego no ha faltado, la simulación barriobajera, la patada en la espinilla al estilo de la que se gastan miles de aficionados en sus “Loosers League” de fin de semana y por supuesto, la bronca, con sus insultos, insinuaciones, desprecios y otras mezquindades, que acaba con la intervención de la poli local y la denuncia en el juzgado de guardia. En definitiva, más de lo mismo. Nada que no hagan todo los días Cospedal o el vecino más pelmazo de la Comunidad de Propietarios.

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