18 diciembre 2011

Trolls en Social Media


 

"Iñaki, hijo de puta", "Iñaki apesta". "Me voy a hacer una paja, ahora vengo". Así comienza el artículo  titulado "Los trolls se apoderan del debate" de la defensora del lector del diario El País, Milagros Pérez Oliva, publicado hoy y cuya lectura recomiendo. El Iñaki del que se habla es el periodista español Iñaki Gabilondo y las frases, son un ejemplo de los comentarios que muchos lectores dejan diariamente en el videoblog que Gabilondo  publica en ese diario. La autora se pregunta cómo es posible que un diario como El País pueda permitir este tipo de comentarios, y muestra su preocupación porque todo debate quede convertido en un griterío a menudo obsceno.

Lo cierto es que este hecho no resulta una excepción en la prensa digital, los foros y los blogs. Incluso en algunos temas como la política  o el deporte parece el insulto  tan consustancial como las olas al mar. Pero, al final, nadie se libra.  Algunos foros han hecho de este estilo marca de la casa y lo raro es encontrar en ellos un comentario que no sea insultante, machista, racista, grosero, soez o todo al tiempo. Cambien el Iñaki del principio por Ronaldo, Guardiola, Plácido Domingo o el anónimo "pakito55".

Parece que es imposible hacerse escuchar entre el griterío sin gritar más.

Una característica de este modo de vuelta a caverna es la desaparición del modo formal de comunicación. El usted barrido por el tú y el tú por el "oye tú". Hablar con precisión es petulante, cuando no en inteligible para muchos.  Las frases hechas, tan expresivas en su sencillez, son constantemente deformadas. Ayer comenté que cierto hecho me reconciliaba con el mundo, a lo que me respodieron, que por qué estaba enfadado. Carles Francino, conductor del programa político de más audiencia de la radio española, preguntó en su entrevista a  un dirigente sindicial español  "si le jodía ...", cuando al parecer preguntaba si la reforma laboral le parecía adecuada, consecuente, prudente, necesaria o inútil. Por lo visto, prescindir de expresiones malsonantes supone tanto como tocar una guitarra eléctrica sin amplificador o un tambor sin parche. Prima la expresión gutural, los golpes en el pecho, la exhibición de la cachiporra, el twitt, el eslógan.  Incluso los jueces se desesperan con los abogados que preguntan o alegan cualquier cosa superior a 140 caracteres, e igual les sucede a los médicos, a los funcionarios, a los policías...

Pero no todo es un problema de lenguaje. También está en el "software" de los saboteadores.  Se sienten impotentes (nada de lo que diga cambiará nada) y sobre todo irresponsables (de nada de lo que diga me siento responsable, y si me piden cuentas, diré que no sabía, que me engañaron o incluso que forma parte de mi libertad de expresión). Lo que cuenta es sólo dejar oir su potente gruñido en la ciberselva.

 En mi opinión, al final se impide el debate y por tanto la posibilidad hacerse entender, así  como de comprender a los demás. Por tanto beneficia siempre al poder. Perdón, quería decir que esto es al final una mierda y me jode.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!