08 agosto 2013

Futbolistas deprimidos versus deportistas felices

  En esta parte del mundo como en muchísimos otros países, el fútbol es —o pretende ser— tan importante, que las televisiones dedican el mismo tiempo a las noticias del mundo que a las del fútbol (camufladas en el apartado de deportes). En algunas regiones el equipo de fútbol es la encarnación hecha cacha de las aspiraciones nacionalistas. En otras se convierte en una versión pseudofilosófica (y a rayas) del bohemio perdedor que sin embargo le gusta ganar. En otras se creen que ejemplifican algo que llaman "la excelencia"...

  No me tomen por un apóstol del antifútbol. Soy capaz de citar alineaciones, resultados, clasificaciones de hace más de treinta años, enumerar lesiones, estadios y jugadas. Recuerdo a Atocha y a la Carretera de Sarriá. He visto a Messi, a Raúl, a los Ronaldos (al gordo y el otro), a Kempes y a Saccardi. ¿Les vale esto como credencial o debo seguir haciendo méritos? Es decir, que he sido un tipo futbolero. Sin embargo (una de las pocas palabras que es más bonita en inglés que en español, however...).

  El fútbol me la empieza a traer al pairo. Siento esta grosería inopinada en tipo tan fino (y a veces cursi) como yo. Pero es que me quería expresar con la debida contundencia. Me gusta pero me empieza a irritar. No me deprimen —aunque debería— la mercantilización de este deporte, las cifras tan obscenamente altas que se manejan en los fichajes. No son los chanchullos varios en forma de compra de partidos. No es la utilización política a la mayor gloria de los derechos de televisión y las ventas de camisetas. No es su desfachatez, en el caso de la liga española, a la hora de no afrontar sus deudas con la seguridad social. Lo que me enerva son sus ceñudos protagonistas.

  Soy de la opinión (algo obvia, como todo lo que digo) de que los deportistas son los verdaderos dueños de su disciplina. También los aficionados, pero en menor medida. Pese al sacrificio que conlleva ser deportista de élite, debería ser un verdadero gozo. Pero los futbolistas, muchos famosos y bien pagados se muestran agrios, altaneros y malhumorados. En cambio otros sí que parecen disfrutar de sus disciplinas.  Acaba de terminar el mundial de natación en Barcelona y todo el mundo ha contemplado las imágenes de genuina alegría del equipo español femenino de Waterpolo al conquistar el oro. No sólo ellas, también de las australianas derrotadas en la final y las húngaras, medalla de bronce. Todas mostraban una felicidad clara como una mañana de primavera.

  Antes ya había visto esas imágenes de alegría y satisfacción en atletas, triatletas, alpinistas,  remeros... En definitiva, de todos los que practican deportes minoritarios. Cuando un tipo como Cristiano Ronaldo (o cualquier otro de la élite) marca un gol, se diría al verlos que no sienten alegría sino alivio, o en el mejor de los casos, ese ardor guerrero de quien quiere seguir partiendo los cráneos del enemigo.

  No soy un santo asceta. Me gusta la pasta como a todos, que me doren la píldora y ojalá me frieran a peticiones de autógrafos. Pero si me dieran a elegir, no me cambiaría por los rancios futbolistas, parapetados detrás de "Ferraris", gafas oscuras de marca y macroauriculares de tamaño imposible. Sí me cambiaba en cambio, y de buen grado,  por la portera del equipo de Waterpolo de España, Laura Ester (y desde luego, por otros motivos, por el novio de Maica García). La guardameta y  la futura bioquímica  tras la parada decisiva en la semifinal ante Hungría, reflejó en su cara el gozo del deporte en estado puro. Antes de la final, declaró que lo mejor que se llevará de su deporte son los amigos. Sobran las palabras.

  Los deportistas que no dan patadas a un balón se suelen quejar del poco hueco que el fútbol les deja en las televisiones, la prensa y los patrocinadores. Tras el oro, piscinas vacías. Es normal su desazón. Sin embargo, no deberían quejarse, aún se llevan la mejor parte.


Foto:TVE

 
El Señor Gordo
El humor está aquí, en algún sitio
Estamos en Facebook y Twitter
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

¡Gracias por tu comentario!