26 febrero 2014

Jordi Évole como falso documentalista

  "Fraga no pudo decir una frase de Calderón que tenía preparada". "Yo creo que Fraga quería salir del Congreso porque tenía hambre". No puede negarse que el falso documental de Jordi Évole tuvo momentos brillantes, actuaciones más que notables y un buen montaje. A Verstrynge le daría un Goya. Nomino también a Anasagasti, en cambio Gabilondo necesita mejorar. Para muchos, el domingo perdieron  la virginidad como espectadores en un subgénero que está viviendo un buen momento en los últimos años.
 
 
  El falso documental (para algunos el nombre es una redundancia) propone un interesante juego al espectador. Si el documental es el camino de ida desde la ficción, el falso documental es el camino de vuelta a la ficción (¿me he puesto muy redicho?). Propone un juego al espectador. Esto que ves es falso, pero ¿cuántas cosas similares que has visto (¡oh cándido espectador!) no eran en realidad una manipulación? El falso documental es irónico, nos refresca la necesidad de tener alerta el sentido crítico, y al tiempo nos hace humildes al reconocer que somos vulnerables a la manipulación. Es decir, es como la masonería o el tai chi, pero express.
 
 
  Claro que no a todo el mundo le gusta el arroz con bogavante. A alguno se le indigesta. El falso documental puede tener un componente de provocación. Gracias a Dios o a Twitter, existe gente que se siente fácilmente provocada. Hablarán de engaño, de patraña, o de una de las palabras de moda: "frivolidad" (la otra es "tendencia"). ¿Qué sería de nosotros los provocadores sin los bienpensantes? Los primitivos espectadores del cinematógrafo creían que iban a ser atropellados por el tren que veían en la pantalla; benditos ellos. Debemos reconocer que los escandalizados son una bendición, siempre que griten mucho pero vayan rigurosamente desarmados.
 
  No digo con todo esto que haya que decirle a Évole amen, este es el esclavo del Señor, hágase de mí según tu palabra. Sin duda, expresiones empleadas tales como "experimento televisivo" y otras similares resultan algo exageradas y, si se me permite la expresión, algo palurdas, teniendo en cuenta que el género es tan viejo como el cine.
 
  Mis reservas respecto al documental, por ejemplo, no van sobre el contenido sino más bien sobre su autoría y el programa que lo emitió. En un páramo televisivo como España, Évole se había convertido en un referente donde se cantaban las verdades del barquero y se daban datos que no existen más que en medios muy minoritarios.
 
  Tengo mis dudas si ese rol, que en el fondo tan bien nos venía a todos, se ha destruido en cierto modo con este falso documental. Tengo mis dudas incluso de si se ha tratado de una trampa en la que ha caído el propio personaje o un peaje que ha tenido que pagar a la cadena para seguir en pantalla. ¿Ha quedado Jordi Évole desactivado? No lo sé. Desde luego, sería una pena. Formulo las preguntas en voz alta y ruego que alguien me las conteste.
 
  Comprendo la explicación que ha tenido Évole que dar para justificarse. "Hacemos un falso documental que la gente cree, porque hay datos a los que no tenemos acceso y la gente está ávida de saber". Me parece tan falaz como barata. Supongo que hay que rendir tributo a los santos varones y damas de la virtud. Estoy seguro que todavía hay investigadores que pueden arrojar luz sobre cualquier acontecimiento histórico, desde la caída de Granada hasta la derrota de la Armada Invencible. Me parece una concesión a los sabiondos que creen que saben de todo, pero desde luego no saben nada de cine.
 
 
  El canto más de gallo que de gregoriano que acabo de hacer a los falsos documentales, no podía terminar más que con alguna recomendación al lector. Me obliga mi condición de listillo impenitente. Espero que no les sepa mal esta costumbre malsana de hacerme el interesante, que está lo suficientemente bien matizada por el sano impulso de compartir con los demás lo que me gusta. Aquí van pues mis cuatro sugerencias. Que ustedes se engañen bien.
 
 
  • This is Spinal Tap. (1984) Rob Reiner. El director de La Princesa Prometida se adentra en la vida de una falsa banda de Heavy. Riánse de AC-DC.
  • Zelig. (1984). W. Allen. En la época en la que supuestamente delinquía Allen, filmó esta falsa historia sobre un personaje camaleónico.
  • Casas Viejas. El grito del sur. (1996) Basilio Martín Patino. Para aquellos que creen que no se puede jugar con el sacrosanto episodio del 23 F aquí tienen de su medicina. La falsa recreación del sangriento episodio de Casas Viejas.
  • La Salvaje y azul lejanía (2005) Werner Herzog. Si no fuera suficiente con ser alemán y haber trabajado con Klaus Kinski para ser rarito, Herzog documenta falsamente la vida de un extraterrestre. Delicatesen para los amantes de Iker Jiménez. 




El humor está aquí, en alguna parte
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5 comentarios:

  1. Muy de acuerdo con tus opiniones. Calificarlo de experimento televisivo me parece una petulancia. Ganarte la confianza del espectador cuesta mucho y perderla, muy poco. Fantásticas tus recomendaciones, especialmente Zelig, que tiene muchísimos años. Saludos cordiales.

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  2. Sin menospreciar a Wells en la Guerra de los mundos

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  3. No hay ninguna diferencia entre este 'documental' y todos los demás 'documentales' de Évole el Paniaguado. La única diferencia es que esta vez ha reconocido que todo era mentira.

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  4. Estimado Señor Gordo:
    A mi juicio, los que se han manifestado públicamente en contra del programa de Évole no han hecho sino poner de manifiesto sus escasos conocimientos históricos, su discutible sentido común y su absoluta carencia de sentido del humor. Pero, al exhibir públicamente, sin el menor rubor, tanta desnudez, lo que sobre todo han mostrado es una colosal ausencia de pudor.
    Si alguna lección cabe extraer de todo esto es que, si no queremos que nos manipulen, hay que aprender más historia y agudizar nuestro sentido común. Pero, sobre todo, ser capaces de reírnos de nosotros mismos.
    Gracias por la lección Señor Évole. Gracias por el post Señor Gordo
    La Señora Flaca
    P.D. Aunque no viene a cuento, el post sobre el amor me ha gustado mucho

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  5. A mí no me ha gustado la pantomima. El tema es lo bastante grave como para andar haciendo teatrillo. Évole se ha convertido de repente en un payaso, en alguien a quien le gusta tomar el pelo sin más. Aunque ha hecho lo que hace siempre, manipular conciencias. Da la impresión de que se ríe de todo el mundo, de que es capaz de hacer creer lo increíble, de jugar con la opinión ajena tan a la ligera como le venga en gana. Y todo por captar audiencia, ahora que le ha salido un competidor con Risto, otro geta que aprovecha el tirón mediático. Uno parece un ratón y el otro un jaguar. Echo de menos el talento sin histrionismos de muchos periodistas de antaño, la calidad de sus programas y el respeto al telespectador. Un saludo Señor Gordo.

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