19 abril 2014

García Márquez y las clases de literatura

  El Mundo Today, el diario de noticias falsas más atinado en lengua hispana, titulaba de de este modo el fallecimiento de Gabriel García Márquez: "Muere el escritor ese de la selectividad". La selectividad es el nombre coloquial que se le da en España al examen de ingreso en la Universidad. García Marquez era uno de los escritores canónicos de este tipo de exámenes y de otros similares. Los profesores de literatura lo adoraban.

  Todos tenemos algún tipo de anécdota relacionada con "Gabo". La que yo puedo contar fue en casa de Almudena (Grandes) el día que daba una fiesta para celebrar su cumpleaños. A mi me había invitado Benjamín (Prado), que me dijo Luis (García Montero) que le quería dar una sorpresa a su mujer e iba a traer a casa a "Gabo" (Gabo), y lo consiguió gracias a Joaquín (Sabina), pero pidiendo por favor a los invitados que no le agobiaran ni le confundieran con Ernesto (Cardenal) y empezaran a preguntarle por la bronca que le metió el Papa Juan Pablo (II). Pero a mí no me dijeron nada y le pregunté sobre Pantaleón (y las visitadoras) y me contestó agriamente que le confundía con ese pinche cabrón de Mario (Vargas). Almudena me llamó fascista y me expulsó de su casa "sine die".

  Vale. Empiezo de nuevo. Mi anécdota real con García Márquez es igualmente sangrante pero menos exquisita. Corría el año de gracia de 1985. Tenía 15 años y cursaba segundo de algo que tenía el estúpido y pomposo nombre de Bachillerato Unificado Polivalente (para los iniciados, BUP) y que luego fue sustituido por el estúpido nombre de ESO, ¿eso? En la última clase de literatura antes de Navidad, la profesora nos encargó elaborar un trabajo sobre "cualquier libro" que nos apeteciera leer durante las vacaciones. Yo elegí "Cien años de Soledad".

  Como casi todos los lectores de la época, yo también quedé fascinado por la novela. Desde luego no había leído nada igual. Los nombres. Parecía una narración salida del origen de los tiempos. Entusiasmado, hice el trabajo de marras (algo insólito en mí) y lo presenté con gran satisfacción el día de vuelta a las clases. Semanas después obtuve mi calificación: "cero". ¿Cero? Cuando pregunté a la profesora en cuestión la razón de mi nota, me espetó: "no me creo que tú te hayas leído Cien años de Soledad".

  El caso es que yo era un estudiante más bien flojo (pero no calamitoso), pero un experimentado lector y también, a mi nivel, escritor. Desde los quince años estas dos actividades y algunas que el decoro me impide mencionar, me han acompañado. A esa edad ya había leído Niebla, Últimas tardes con Teresa, El nombre de la Rosa, El Mago de Lublin... por decir algunos títulos que recuerde.

  Mi experiencia fue el primer mojón en un camino que luego se reforzó de aborrecimiento. Las clases de literatura son a los libros lo que las hormigas al azúcar:  hace que no te la puedas tragar. Mis clases de literatura consistieron durante aquellos años en aprender nombres de libros y señores que se supone deberíamos conocer. Cuando nos adentrábamos en un libro, el profesor/a previamente nos hacía "spoiler", contándonos planteamiento, nudo y desenlace. Para colmo de males, a veces incluso era una versión falsificada, como cuando teníamos que comulgar con las ruedas de molino que interpretaban "La Celestina" como ejemplo de "amor cortés".

  No solo destripaban las historias de los libros y las manipulaban, sino que además te decían qué tenías que leer. Obligarte a leer es algo tan absurdo desde mi punto de vista como obligarte a que te guste abrazar o a disfrutar de las gambas rojas. ¿Se puede obligar a gozar? Un profesor especialmente atildado y relamido nos espetó en clase que debíamos leer ahora esos autores, porque de lo contrario jamás en la vida lo haríamos.

  Perdonen que me ponga petulante, pero retrospectivamente compruebo lo que antes sospechaba, que me gustaban más los libros a mí y leía más que mis deficientes profesores de literatura. ¿Cómo gente a la que no le gustaba la literatura te podía inculcar el amor por los libros? En este ajuste de cuentas debo salvar a un libro: "Curso de literatura europea" de Vladimir Navokov, y a Dora Català, profesora de literatura catalana del Instituto Miguel Hernández de Alicante, quien saltándose el programa dedicó un curso entero para que leyéramos todos juntos (sin dogmas ni monsergas) "Crim de Germania" de Josep Lozano.

Gabriel García Márquez
  El canon de los libros que "deben leerse" cambia de modo asombroso, y podemos afirmar que lo que hace unos años era "imprescindible", pasadas un par de décadas cae en el olvido. En mi época "los-que-entendían" adoraban "Tiempo de Silencio" o "Rayuela", por poner un ejemplo de dos libros que estaban en los altares y que nadie en su sano juicio leería ahora. Hace poco vi una lista de libros recomendados para chicos de la "ESO" e incluía tres títulos de Ruíz Zafón, que es como estudiar la historia de música rock analizando a Maná. ¿En qué quedamos entonces, hay un canon o no lo hay?

  Si el canon se mide en posteridad, es un "fake", como las clases de literatura. Es cierto que a Gabriel García Márquez se le recordará durante siglos, y a mi, con suerte, durante unos meses, y seguramente no para bien, pero al final polvo eres y en polvo de letras te convertirás. Los restos de Lope de Vega fueron tirados vete a saber dónde porque había que dejar espacio para enterrar a un clérigo recién difunto, aunque en la Iglesia de San Sebastián de Madrid una placa insiste falazmente en que los guarda.

  ¿Los grandes literatos vivirán siempre en el corazón de sus lectores? Julian Barnes afirma en su libro "Nada que temer" (Nothing to be Frightened Of) que en algún momento, de modo irremediable, un escritor tendrá a su último lector. Puede que sea dentro de muchos años, cuando el Real Madrid celebre en la fuente de Cibeles marciana su 84ª Champions Leage. ¿Y entonces qué?

 Isaac Bashevis Singer le dijo a Edmund Wilson que creía en alguna clase de supervivencia después de la muerte. Wilson le dijo que por lo que a él respectaba, no quería sobrevivir, muchas gracias. Singer le replicó: "si está prevista la supervivencia, no tendrás alternativa."


El humor está aquí, en alguna parte
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17 comentarios:

  1. Magnifico post.
    He de reconocer que tengo una deuda pendiente con Don Gabriel, no he sido capaz de leerme ninguno de sus libros. Cien años de soledad, tres veces lo empecé y tres veces desistí, por ello siento sana envidia, si es que esa envidia puede existir, de tu fervor juvenil al leerlo y disfrutarlo. Siendo las fechas que son, creo que la mejor penitencia que me puedo imponer en intentarlo una cuarta vez. Gordi Love.

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  2. "Sin embargo era consciente de que no hay mentiras en el alma humana. ¿Acaso existe diferencia alguna entre llevar a cabo y desear? En tanto que el hombre forma parte de la naturaleza, cada palabra y hasta el último pensamiento forma parte del cosmos. Sólo será preciso distinguir entre lo esencial y lo accesorio." I.B.S.

    Nos venden lo accesorio. Damos lo accesorio. Pero lo esencial forma parte del mar, como dice Barnes en otro de sus libros: aunque eches una red para pescar, no sólo es lo que se queda dentro de ella, ¿qué pasa con lo que no se recoge? Es un mar entero que forma parte del todo.

    Y este espacio que tú tienes es ese mar. Hay un todo, pero cada uno recoge lo que quiere o necesita.

    Muy bueno, felicidades-

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    1. Gracias. Me dejaste sin palabras. Quizá más que mar, sea charca, pero merece la pena con lectores como usted.

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    2. Una charca es un océano, depende de cómo se mire. La perspectiva, siempre la perspectiva. ;)

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  3. Con este artículo me doy cuenta que tanto en España, como en México y Colombia los maestros de literatura en el Colegio son iguales, Mi maestra de esos tiempos nos obligó a leernos Crimen y Castigo porque es un clásico, pero descubrimos que ella no lo leyó, se leyó un resumen. No nos oponíamos a ella porque su cuerpo era poesía. Un abrazo, lástima que en la tierra donde nací, en Colombia, se pregunten más por el García Márquez en su vida pública que por sus obras.

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    1. Muchas gracias por tu comentario y tu aportación. En España el único, de los que he leído, que puso a la misma altura su vida pública y su obra literaria fue, nada menos, que nuestro insoportable ministro de educación.

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  4. ¿Obligar a leer es algo absurdo? Entonces también lo es obligar a tocar un instrumento en las clases de música. Qué solemne tontería.

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    1. Gracias por tu comentario, pero te sugiero, que leas bien lo que he escrito. No he dicho que obligar a leer sea absurdo, sino a gozar (leyendo). Quizá sea algo que las personas autoritarias no pueden entender.

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  5. Este blog es la prueba irrefutable de lo absolutamente errada que estaba tu profesora de literatura. Una merecida venganza ¿Buscada o no?
    La Señora Flaca

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  6. Siempre he pensado como dices aquí, que las clases de literatura poco tienen que ver con la literatura en sí, y que no se puede obligar a leer a nadie, es una predisposición que se tiene o no, como la afición a cualquier otra cosa. Lamento la gilipollez de tu profesora, aunque me temo que los profesores actuales siguen en esa linea, por lo que veo con mi hija. Me ha encantado tu post, y tus sarcasmos tan atinados e hilarantes, como de costumbre.

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  7. En mi opinion, el mejor libro de gabo, se llama El General en su Laberinto. SU mejor cuento Los fnerales de la Mama Grande. Por cierto, la pomposidad del funeral de gabo fue mayor a la que el pudo imaginar en ese cuento.

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  8. Hola,
    Me ha gustado bastante tu artículo y comparto algunas cosas. Quizás por eso, me molesta ese tono quejoso en que tienes con respecto al establishment y en especial en contra los profesores. Está bien que tengas inquietudes, sueños y sentimientos, pero culpar a los demás de tus frustraciones, a demás de muy manido, no te ayuda a crecer como persona ni como artista. Piensa que tus maestros quizás no fueran tan distintos a ti. Quizás estés más cerca de ellos de lo que crees.
    Bueno, lo que quería realmente era felicitarte…

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    1. Muchas gracias por tu comentario y por tu crítica. La tendré en cuenta.

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  9. Yo estoy leyendo "Tiempo de silencio", y no me considero loco.
    Me parece imprescindible, para conocer una parte de nuestra historia.
    Soy de los que piensan que una buena novela, enseña más sobre una época,
    que un libro de historia.
    Por qué no la leería nadie ahora?.

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    1. Pues tienes razón. Espero tus impresiones del libro y que las compartas con nosotros.

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