11 agosto 2014

Plenilunio

  Alguien con quien comparto muchas cosas, incluido el sentido del humor y el gusto morboso por lo celtibérico, me cuenta la siguiente conversación sucedida en el día de la fecha en un tranvía, de una ciudad española, de la que para preservar su intimidad diremos que empieza por Ali y acaba en cante (especialmente de su alcaldesa).

  Las protagonistas de la conversación son dos chicas de quince años aproximadamente, ya que al no ser mi informante miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado, no pudo identificarlas con los documentos .


  • Chica 1. —¿Viste la luna? ¡Qué preciosa y qué romántica! 
  • Chica 2. —¿Pero no has visto lo que ha dicho la tele? Dicen que se ha hecho más grande. Al final será peligroso. 
  • Chica 1. (Sorprendida). —No lo había pensado así... Yo no veo los telediarios. Todo son malas noticias.

  Yo, que soy un tipo que he leído el periódico la mayoría de los años de mi vida y ahora en edición digital varios, pasando de los de extrema derecha, centro y extremo centro, a veces he pensado —como la chica 1 — si no era mejor permanecer en la ignorancia. ¿Conviene tener luz sobre ciertos asuntos o son más felices los que sólo se preocupan de su quehacer de cada día? Y es verdad, que incluso desarrollando la coraza de lo cotidiano, no es fácil no sentirse estragado. Tanta sangre, tanta injusticia, tantos datos, tanta manipulación y tanta información difícil de entender.

  Cierto profesor elitista de la Universidad de Alicante, que pese a sus poses no ha ganado aún el Nobel (quién sabe, sería el primero en una universidad española), repetía cada cierto tiempo que era mejor no saber las cosas que saberlas mal. Y es verdad que conozco gente "bien informada" con opiniones disparatadas y tengo dudas de que yo mismo no forme parte de ese  segmento. Luego está el tema del sufrimiento.

  Y yo no soy de los que más sufro. Recibo con frecuencia en el Facebook notas y artículos feministas que inciden machaconamente en el tema de la violencia de género. No digo machaconamente como algo peyorativo, puesto que motivos de sobra hay para hacerlo, sino descriptivo, una y otra vez sobre lo mismo. Y sufren. Habida cuenta que por desgracia muere una mujer por semana en España a manos de lo que la prensa le gusta denominar "compañero sentimental", y cada muerte supone una concentración de repulsa, al final, de hecho, supone asistir a un funeral semanal. Si estuvieran a la luna de Valencia quizá no lo pasarían tan mal.

  La luna es bella, pero incluso una luna llena y cercana a la tierra da una luz limitada. Ayer estuve en la playa, mirándola mientras me bañaba e intentaba que los pescadores no me clavaran uno de sus anzuelos en el gaznate. Y fue bonita, pero no tanto como las fotos de la luna que veo ahora mismo en Facebook. Allí como en las películas aparece la luna con sus cráteres como una gran lámpara de "Chill out". Tan bonita que parece de Ikea. 

  Por un azar de la astronomía veremos la luna más grande y brillante durante unos pocos días. Ahora mismo la veo reflejada en el mar desde mi casa, y cualquier agente inmobiliario mataría por estas vistas. Pero hasta la luz del plenilunio es escasa comparada con un triste sol. El sol puede enfermar pero no crea locos, como sí lo hace la luna con los lunáticos. Puede que no sea tan bonito, pero al final con el sol se ven mejor las cosas. Y después de todo, mejor es vivir en la luz que en las tinieblas, salvo que sean voluntarias y las manos tracen caminos que conviene hacer en las penumbras del plenilunio.

El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!