01 septiembre 2014

Apocalípticos e integrados ante el cubo de agua helada

  Es canónica la distinción realizada por Umberto Eco en el lejano 1965, sobre la actitud de las personas ante la cultura de masas. Entonces no se podía imaginar (o quizá sí) que el concepto de cultura de masas se ampliaría hasta tal punto. Ya no se trata sólo de los gustos por ciertos productos culturales sino que la sociedad de masas ha calado en todos hasta los tuétanos. Aparece no sólo en nuestros gustos musicales o de vestir. Está escrito en nuestra piel en forma de tatuaje, en nuestra lengua en el modo de hablar y es el software de nuestro cerebro.

  Ya no se trata sólo de entrar en una panadería o en cualquier restaurante de cierto país ibérico que empieza por E y acaba en A y todo el mundo te saludara con un efusivo "hola Rafaela" o te pidiera "un poquito de por favor". Eso son migajas de la cultura de masas. Gracias a las nuevas tecnologías lo viral es doblemente infeccioso y desde luego global. Si Bill Gates se echa un cubo de agua helada por encima, y (encima) es por una buena causa, da por hecho que cientos de millones de ciudadanos que sólo nos parecemos a Bill Gates en nuestra condición de bípedos, harán lo mismo en todos los rincones de la tierra. 

  La fórmula viral en el fondo no parece tan complicada. La receta podría ser la siguiente. Un toque de ternura o de gamberrada (al gusto). Elíjase un gatito, un perrito, un niño, que haga algo extraordinario o una de esas menos extraordinarias "historias de superación personal". Si además le añadimos un toque solidario y le juntamos un megafamoso, la fórmula quedará redonda. Confieso que a veces en las noches de insomnio, sueño (¡ay!) con que alguna celebrity, digamos Santiago Segura o Pepe Mújica, se pondrá mi camiseta del Señor Gordo, ésta se pondrá de moda y yo me podré ir de vacaciones a Formentera en busca de sexo y Lucía.

  ¿Soy el típico sabiondo que después de tirarse el rollo ahora va a salir con que eso de tirarse un cubo por encima de la cabeza es una memez mayúscula? Aún peor. ¿Soy yo el aguafiestas de guardia que recordará que ha habido en este asunto más ruido de agua que nueces en euros o dólares? Calma. Un poquito de por favor...

  Es cierto, ya me conocen, que tengo ambas tendencias acentuadas. La de listillo y la de "aguafiestas". No me he tirado el cubo de agua helada porque me da pudor y no tengo ni quien le tire ni un euro que donar (en cambio sí acepto donaciones). Es cierto, dirán algunos, que por puro esnobismo, tengo cierta alergia a lo gregario, a repetir lo que han hecho otros por muy famosos que sean. A ser un clon en la sociedad de masas, a tatuarme como un futbolista o una alcaldesa del PP, y prefiero el riesgo tener ideas propias aunque a veces sean erráticas y eso me deje sin amigos ni barbacoas. 

  Sin embargo, quiero compartir la siguiente experiencia. Cierta amiga, a la que no tengo por adocenada, hizo el reto del cubo de agua en compañía de otros amigos y lo colgó en Internet. Supongo, porque no es manchega ni catalana, que además habrá realizado la donación correspondiente. El video además era divertido. Se notaba que se lo estaban pasando bien y era original. 

  Por otro lado visito desde hace una temporada otro Facebook. El propietario del mismo (un trombonista) tuvo una ciberdiscusión conmigo que él concluyó asegurándome que me "iba a operar la cara" y otras lindezas similares. Desde entonces visito su página, que es abierta para todos, como lo haría un entomólogo que estudia sus bichos para descubrir algo de la naturaleza. No hace mucho, no tardó en despotricar contra el cubo con adjetivos que google censura, pero que su imaginación lector, por escasa que sea, no. Debo añadir que su opinión contaba con toda una riada de "likes" y comentadores en similares términos.

  Cómo no. El solidario, izquierdista, feminista (algo que en parte compartimos) que cuando le contradicen se apresta a "operar la cara" a su oponente, cual Corporación Dermoestética, pensaba que el cubo de agua no era más que otra pantomima del capital. Y no digo que no tenga razón, aunque no creo que sea lo interesante. ¿Qué actitud es mejor adoptar, la del fiero apocalíptico anti cubo o la del sumiso y entusiasta imitador? Sospecho que no hay tal diferencia. Tan integrado a estas alturas es el detractor puritano, que consumirá y aplaudirá cultura de masas al por mayor, como el dócil colaboracionista del cubo. Nadamos todos en el mismo mar, y la diferencia está quizá entre los que lo saben y nadan a favor o en contra de las corrientes según el caso y los que sólo lo hacen a favor hasta el extremo de intentar parecerse a Cristiano Ronaldo y los que se creen que son salmones cuando en realidad son sólo osos.

¿Los apocalípticos? Quizá haya alguno. Ese que diga, ¿qué es eso del cubo de agua helada?

Al final sí fui un poco listillo, después de todo.





El humor está aquí, en alguna parte
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6 comentarios:

  1. Interesante reflexión. Siempre queda la duda de si hacemos las cosas por los demás o por quedar bien, lo cual no deja de ser a la vez egocéntrico y falta de criterio.

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  2. Ayer hablaron de este blog en la conferencia y debo felicitar por los contenidos. Es verdad todo lo que dijeron. Organización y continuidad no valen si el contenido no es de calidad. Me he reído mucho y he aprendido también. Nueva fan!

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    1. Gracias por tu comentario. Yo también creo que soy muy gracioso. A veces, de buena mañana, pienso algo y no puedo echarme el Nestcafé porque las carcajadas me lo impiden.

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