22 octubre 2014

¿Cómo salgo en el diccionario?

  Cuando se mira una foto lo primero en lo que uno se fija es en cómo de guapo (o de feo), de flaco (o de gordo), de peinado (o despeinado), de divertido (o Bankia) ha salido uno. El resto, aunque sea el Taj Majal, es secundario. Con el diccionario pasa igual. Allí se nos define y se define a otros que nosotros definiríamos de un modo incompatible con cualquier publicación.



  Cada vez que la RAE publica una nueva edición, unos cuantos periodistas y otros ociosos nos lanzamos voraces para comprobar cómo hemos salido en la foto que nos define, o cómo han salido definidos los que detestamos. Ya hemos previamente advertido al lexicógrafo/cameraman que no nos gustó nada como quedamos retratados, y por tanto definidos, la anterior vez.

  Pero por mucho que se esfuerce el fotógrafo, e incluso cuando se trata de un "selfie", es difícil que la imagen que aparezca sea del todo de nuestro agrado. Pongamos un ejemplo práctico. "Alicantina" continúa siendo no sólo la mujer originaria de mi ciudad, sino también una "treta o engaño". Para complicar más las cosas, Alicante no sólo es el nombre de mi ciudad, es también el nombre de una víbora, bastante venenosa por cierto. No consta que desde el consistorio de la ciudad (demasiado ocupado en sus chanchullos jurídicos) ni los colectivos ciudadanos (demasiado ocupados en los chanchullos jurídicos del consistorio), se hayan elevado protestas u organizado concentraciones de repulsa. No quiero pensar lo que hubiera sido una víbora llamada Sevilla o que hacer una canaria significara urdir una treta o engaño.

  Más activos son por supuesto los colectivos feministas, que encuentran con razón un campo de batalla en el diccionario. Supongo que hacen bien. Yo soy de los que comparte el poder taumatúrgico de las palabras. En cada edición ponen una nueva pica en Flandes (con perdón para los lectores flamencos). En la presente edición se ha eliminado la sexta acepción de femenino: "débil o endeble".

  No son las feministas las únicas satisfechas. Entra el término blaugrana sin que a cambio en los diccionarios catalanes se pida la inclusión del término España por el de "estado español". En el país del botellón, añadir la palabra "birra" era justa y necesaria aunque quizá no nuestro deber y salvación. Con el término "backstage" los académicos demuestran respirar el aire malsano de la calle y sus orines y tener nietas que visitan el FIB. La nueva definición de franquismo como dictadura de carácter totalitario, se ajusta más a una dictadura de carácter totalitario.
  Me tranquiliza que permanezcan  inalterables palabras evocadoras como secreter (mueble con tablero para escribir), inquietantes como almorrana (hemorroide), la palabra preferida de Camilo José Cela o en desuso como por favor  y gracias.

  El castellano es un tesoro lexicográfico. Eso uno lo descubre en ocasiones como cuando un inglés llama "mermelada" al dulce de membrillo. Pedro Álvarez de Miranda, el académico director del 23ª edición del diccionario de la RAE, nos advierte que no puede llover a gusto de todos y que el diccionario va por detrás de la realidad. Creo que peca de modesto.

  Disfruto curioseando en los diccionarios. Si hablamos de diccionarios de lengua castellana, con permiso para la RAE, siempre seré del María Moliner. Tengo también diccionarios de términos geográficos, de sinónimos, e incluso de palabras malsonantes, llamado "del argot español". Muchas veces he fantaseado con un diccionario cuyas entradas estuvieran definidas según mis gustos y fobias, como ya intentaron Périch y Forges. No quieran saber como he definido "ruizgallardonada" o "reguetón".



El humor está aquí, en alguna parte
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1 comentario:

  1. No solamente están en desuso "por favor" y "gracias", también "usted", y no sé yo qué es peor.

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