18 noviembre 2014

El emoticono es el espejo del alma

  Cuando yo estudiaba bachillerato, a finales del siglo XX, algunos intelectuales y miembros de las asociaciones de Padres y Madres de alumnos, lloraban por las esquinas el fin de la escritura. Todo era oralidad (aún lo sigue siendo pero en otro sentido) y nadie que no fuera poeta muerto componía una frase más larga que "Bar cerrado por vacaciones". Si uno tenía alma de literato podía añadir: "Disculpen las molestias".

  Los pobres no podían saber que los SMS, los correos electrónicos, Twitter, Facebook los whatsapp nos iban a convertir a todos en escritores compulsivos. Escritores que lo primero que hacen al despertar, aún con el cogote pegado a la almohada, es tuitear la última ocurrencia de Mariló Montero, festejar las nalgas de Kim Kardashian o manifestar que se tiene sueño y que como remedio radical se administrarán una dosis de café de cafetera (¡tiembla Nestcafé!). Ni Leon Tolstoi era tan prolífico.

  Pero en el pecado está la penitencia. No sé si viene a cuento la expresión, pero me apetecía utilizarla. Los Whatsapp y otros programas semejantes de mensajería instantánea vienen provistos de dibujitos, caritas, banderitas, animales, artefactos, herramientas que llamamos emoticonos. El emoticono complementa al texto, lo matiza, lo aclara u oscurece y, cada vez más, lo sustituye.

  La sustitución completa del texto por el emoticono es una costumbre irritante para muchos y que yo practico cada vez con más devoción. Si el presunto profesor Maurer aseguraba en su publicidad que se podía hablar inglés con solo mil palabras, he comprobado que puedo manifestar mis deseos, y pensamientos o responder a la mayoría de los mensajes con un pequeño puñado de de emoticonos. Mis favoritos son:


  • Pulgar hacia arriba: significa estoy de acuerdo, iré a cenar, iré a comer, iré a jugar al fútbol podré ir a jugar al padel, podré ir a jugar al tenis, podré ir en general, es verdad que no juego un pimiento al pádel, es verdad que me gustaría ser un pijo, es verdad en general. 
  • Carita guiñando y enseñando la lengua: Significa que lo que he puesto no debe tomarse en sentido literal o que el chiste que me mandan ha sido comprendido en todo el esplendor de su malicia. 
  • Carita con los ojos como platos. Sin duda el más polémico del repertorio. Significa que no acabo de entender muy bien lo que me dicen, aunque muchos interlocutores lo interpretan como "no te quieres enterar de lo que te digo".
  • Carita de rata. No significa en realidad nada. Vale igual para festejar un chiste como para alegrarnos por alguna buena noticia y para mostrar que uno es una persona tierna y desvalida. Suele ir acompañada del mono que se tapa los ojos. 


  Para muchos el abuso del emoticono empobrece el lenguaje, banaliza las relaciones personales, y resulta empalagoso, pero yo creo que el emoticono es el espejo del alma. Ayuda a los tímidos  a mostrar emociones: llanto, felicidad, miedo y una cara cerdo en determinadas ocasiones. Su capacidad de expresión es tan potente que debiera contemplarse su uso en los documentos administrativos, financieros, escrituras públicas e incluso atestados policiales.

Por ejemplo: Preguntado el imputado sobre si participó en la agresión a otros cofrades del pueblo dice que no (carita seria), que está en contra de la violencia (carita enseñando la lengua), pero que la actuación de los cofrades no había sido la que requiere la dignidad de la fiesta (carita diablo enfadado) y que aunque reitera que no participó en los hechos, tampoco le da pena que acabaran con algunos guantazos (carita diablo sonriente).

¿Poco serio? Es posible. Pero si el gran Albert Einstein decidió ser un emoticono "avant la lettre", deberíamos sacar conclusiones (carita sonriente).




El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

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