16 noviembre 2014

Viejunos: los ases del deporte "extreme"

  Tengo 44 años. Dentro de poco cumpliré los 45 y entraré de lleno en el sector de los excluidos del mercado laboral. No es que me deprima la perspectiva, puesto que considero que todos los jefes y especialmente los encargados de recursos humanos son infrahumanos. El difunto pulpo Paul era capaz de tomar mejores decisiones, así que esto no me preocupa. De hecho, me siento excluido del mercado laboral por cuenta ajena desde que dejé de trabajar en la cantina de mi instituto. Lo que me preocupa es cómo me voy a incorporar a la actividad predilecta de los cuarentones: "el deporte extreme".

  Llamo deporte "extreme" a toda una gama de actividades que incluyen las maratones, los triatlones, las carreras de etapas, algunas nocturnas por los montes, los "raid" que transcurren por montañas, desiertos, sean a pie, en bicicleta, a caballo, en parapente, esquiando, nadando, reptando o levitando. Todas ellas se caracterizan por un esfuerzo físico extenuante. Veamos algunos ejemplos.

 "La quebrantahuesos" se califica humildemente como una marcha cicloturista de gran fondo. Un paseíllo de 200 km que transcurre en sendas del Pirineo de Huesca. Una minucia comparado con los "ultra trails". Son carreras de ultra fondo para los "runners" (antes corredores o atletas) más exigentes. El "Trail de Emmona" es una maratón que se disputa por el Pirineo oriental. La mayor parte de su recorrido transcurre por encima de los dos mil metros. Una chiquillada si la comparamos con la "Al Andalus Ultimate Trail". Una prueba que se disputa corriendo, andando o reptando por las montañas de Málaga y Granada. Los participantes deben cumplir un recorrido de 230 km en cinco etapas. Los organizadores advierten a los "runners" que no hará fresco y que no se traigan el vicks vaporub; la temperatura ronda entre los 30º y los 40ºC.

  Más que deportistas, los participantes de este tipo de carreras son sectarios del ejercicio físico. Iniciada la moda por ejecutivos que querían demostrar su superioridad patricia frente al populacho, en los nuevos participantes abundan caras de funcionarios y profesionales, aunque dudo que de parados, puesto que el material "técnico" de estas actividades no suele ser barato, ni los desplazamientos. Tampoco es barato el tiempo que hay que dedicar a tener el cuerpo en condiciones de no sufrir un síncope en la primera rampa o romperse la crisma bajando un pedregal.

  Cuando llegan a la meta, más rotos que mis calzoncillos de invierno, lo hacen con una sonrisilla en la cara y los ojos desencajados por el esfuerzo y la satisfacción. Algo parecido a lo que debía pasarle a Teresa de Ávila después de sus prolongados ayunos. Uno tendería a pensar que llegar a la meta, llagado, asfixiado, mojado, con dolores y además pagando, es un castigo, pero para ellos no. Todo se sacrifica en el altar de la nueva religión: la superación personal. Alcanzar tus metas, just do it, las barreras están en tu mente y otro tipo de mantras de la sociedad postindustrial. 

  A los jóvenes les interesan menos estas historias. No creo que sólo sea porque sean incapaces de levantarse los domingos antes de las doce, es que aún no tienen necesidad de demostrarse nada. En cambio para los cuarentones y cuarentonas del siglo XXI es una manera de probar que aún son (somos) jóvenes y fuertes. No solamente nos reímos con los chistes de cuando éramos polluelos, es que no hemos dejado de hacerlo. 

  Las generaciones precedentes se contentaban para demostrarlo con darse un paseo por el campo, hacer el Camino de Santiago o jugar un partido de tenis. Pero ahora estas hazañas están al alcance de cualquiera que coma yogur desnatado y beba dos litros de agua al día. La mesura es entendida como pereza. La prudencia es como antes se llamaba a lo que en realidad es miedo. Las dudas no son otra cosa que la falta de coraje. 

  Ser capaces de correr cien kilómetros no sólo prueba nuestra salud (nuestra salud presente a costa de nuestra salud futura), también exhibe nuestra determinación, nuestra voluntad de hierro, acredita ante la tribu nuestra capacidad para superar las dificultades, sean estas chinches o ampollas. Esa es ahora nuestra identidad, ahora que no sabemos en qué trabajamos (si trabajamos) o en qué creemos (si es que creemos). Corriendo como galgos o remando como galeotes rendimos pleitesía al nuevo credo:

 "Forever young / I will survive"


Amen, pero conmigo que no cuenten.


El humor está aquí, en alguna parte
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10 comentarios:

  1. Tienes más razón que un santo. Aquí, en Cantabria, hay otra burrada de esas que se llama "Los 10.000 del Soplao".

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    1. Gracias por tu comentario, aunque de santo tengo poco. Conozco la prueba de la que hablas. Vi un documental en Teledeporte. No la mencioné porque se me acusaría de exagerar y de odiar los sobaos pasiegos. Un abrazo.

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  2. JUAN PERA TRANSIDO DE CORCOMA8 de abril de 2015, 13:13

    en toda actividad humana siempre hay fundamentalistas, radicales...coincide el porcentaje normalmente con dos desviaciones tipicas...

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    1. Gracias por su comentario. Ruego ampliación: ¿qué dos desviaciones típicas? ¿Utiliza el término estadístico?

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  3. "¿Merece la pena?" No. La superación personal solo puede valer la pena cuando es en aras de algún objetivo más duradero, o colectivo, quizá experimental con fines de conocimiento. para lograr un avance para las generaciones venideras, en fin, no para decirse, "soy un as"

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    1. No sé. Quizá cada uno decide lo que merece la pena. Gracias por tu comentario.

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    2. Lo de sacrificarse en aras de un objetivo colectivo o para lograr un avance para las generaciones venideras me suena a religión. ¿Has leído a Max Stirner, más concretamente, en lo que se refiere a la naturaleza de los intereses ideales en contraposición a los intereses personales?

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  4. A los que hacen deporte les da igual que los demás hagan o no, ¿por qué os molesta que se machaquen y hagan locuras o "extreme sport"? A todos no nos satisface lo mismo.

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  5. ¿por qué tanto rechazo a que se machaquen y hagan locuras o "extreme sport"? Parece que sólo sabemos sacar críticas a todo. Los "viejunos" por ponerse metas irracionales, los jóvenes por no levantarse y ser incapaces de hacer nada... Según su opinión ¿cuál es la perfecta cantidad de deporte? ¿Dónde hay que poner un límite para poder tener retos acordes a nuestras edades? En mi opinión es algo que no podemos medir.

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