19 diciembre 2014

El fiscal no tiene quien le filme

  Yo como usted, conocí a Eduardo Torres-Dulce antes de que fuera fiscal general del Estado. Era aquel contertulio que en el programa de televisión de José Luis Garci "Qué grande es el cine", dejaba a la afición pasmada con sus conocimientos enciclopédicos sobre John Ford o Howard Hawks. Recitaba de memoria y sin pestañear nombres de compositores, guionistas, actores secundarios, directores de arte, productores del cine clásico de Hollywood. Su disco duro, después de haber triturado el Código Civil, la Ley de Enjuiciamiento Civil, la Criminal y otros textos de terror, todavía tenía espacio para una cantidad ingente de películas, fechas y artistas. 

  No se confundan. No se trataba de un mero opositor que recitara de memoria la lista los secundarios del "El hombre tranquilo" (The quiet man) como quien canta un tema de derecho mercantil o el Padre Nuestro. Para aclararnos, Torres-Dulce no es sólo un opositor a la pulcra Soraya, o a la enfurruñada Cospedal, ni Mariano Rajoy, que sólo se conmueve con la lectura del Marca. Torres Dulce dejaba en mantillas con su conocimiento y criterio cinematográfico a algunos críticos de cine profesionales. Por eso era detestable (él y sus "compinches" cinéfilos del programa) como le escuché a un catedrático experto en cine en la Universidad de Valladolid. En resumen, debo reconocer que lo adoraba. 

  De acuerdo, el señor tenía unas ideas conservadoras, por decirlo de una manera que no sea delictiva. Simpatías si no membresía con la dudosa organización conocida como Opus Dei. Se le vio recientemente en la canonización de un determinado cura relacionado con la "Obra" en Madrid, cuyo nombre no recuerdo. Mi memoria para los nombres de curas está completa con la lista de pederastas. Pero un tipo que disfruta con el cine clásico no puede en el fondo, en el fondo fondo, tener un mal fondo. ¿Qué se le había perdido a un tipo como Torres-Dulce en la Fiscalía General del Estado? ¿No preferiría estar repantingado en el despacho, repasando aquel plano donde John Wayne cepilla su caballo mientras deja perdida su mirada en el horizonte, donde sabe que los indios ya han asesinado a su familia?

  ¡Ay los indios! Que añoranza cuando todavía eran malvados. Pero los malos ya no llevan pinturas de guerra, algunos no tienen la decencia de ponerse siquiera una corbata. Históricamente en España, los fiscales generales no habían sido otra cosa, hasta ahora, que los perros de sus amos. Pensaba Torres-Dulce que con él sería diferente, o acaso quería pasar de la butaca a la pantalla. Todo crítico, dicen, tiene dentro un cineasta. Como no me creo que Torres-Dulce sea un ingenuo, ni que prefiera los textos legales a los guiones de Samson Raphaelson, pienso más bien que quiso ser Gary Cooper, John Wayne o más bien James Stewart delante de Liberty Valance. 

  Pero el gobierno de la ley mordaza es bastante más retorcido que estos villanos, que siempre te citaban en medio de la calle y de frente. Para el gobierno de las devoluciones en caliente en la valla de Melilla, para el gobierno cuyo partido pagó con dinero negro la reforma de su sede, hasta un jurista conservador puede ser molesto, siempre y cuando sea inteligente y medianamente honesto. Parece que ambas cosas no le faltan al señor fiscal. Además no les importa disparar por la espalda y sin avisar.

  En la vida, sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en el cine clásico de Hollywood, enfrentarte a los villanos no te transforma automáticamente en héroe. A veces sucede que uno purga también sus pecados y sale solo y tambaleante como John Wayne en Centauros del Desierto

Si al menos mi peripecia ha dado para una buena película, habrá merecido la pena, -pensará. 



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4 comentarios:

  1. Excelente artículo. Enhorabuena. Y si, las luchas solitarias en el mundo real no acaban en heroicidades.

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    1. Gracias por tu comentario. Veremos si acaba siendo héroe o no.

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  2. Muy buena la reseña..me ha encantado eso de que Torres-Dulce en realidad queria ser Gary Cooper en Sólo ante el peligro..muy acertado.
    Mejor que cabalgue hacia el oeste y escriba sus memorias.
    Saludos

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