18 diciembre 2014

Los amigos y Bioy Casares

  Hace poco me encontré, después de mucho tiempo, con mi amigo el director de cine Ahmad Natche. Me siento un poco Juan Cruz o un poco tonto diciendo esto. Suena tan pretencioso. Pero es verdad que Natche es mi amigo y es un buen director de cine. Ama su profesión y tiene una dedicación por su oficio que he visto en pocas personas. Ha pasado un año buscándose la vida y viajando con su película "Dos metros de esta tierra" por diferentes festivales del mundo. Ha tenido buenas críticas y a la gente le ha gustado.

  Hacía más de un año que no nos habíamos visto, así que me trajo un regalo. Se trata de un detalle que yo nunca tendría, pues no tengo ni la habilidad. más bien habría que decir la sensibilidad, para tener este tipo de delicadezas. Suena cínico, después de la confesión (acusación) que acabo de realizar, pero son ese tipo de detalles por los que, como dicen los abuelos, merezca la pena vivir la vida. Como le ocurrió a Natche, iba por la calle Corrientes en Buenos Aires, vio un pequeño librito de Bioy Casares, se acordó de mí y me lo trajo. 

  El librito en cuestión se llama "De las cosas maravillosas". Librito porque apenas tiene unas páginas con letra gorda, casi como la cuarta cartilla de lectura. Es decir, un libro estupendo para leer en lo que es ahora mi biblioteca: el vagón atestado del tranvía, donde las mujeres hablan de sus hijos y los varones no hablan de nada, ni levantan la vista más allá de la pantalla de su móvil.

  Al parecer es el último libro que publicó el escritor argentino. No son relatos. Son pequeñas reflexiones, casi como cartas abiertas a sus lectores, casi diría que planchas (algunos me entenderán). Empieza así: "Mientras recorre la vida, el hombre anhela cosas maravillosas y cuando las cree a su alcance trata de obtenerlas. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho".

  Bioy podría resultar odioso. Me explicaré. Era culto, distinguido, guapo y con dinero. Liberal, viajero y cosmopolita. Su talento fue de sobra reconocido en vida. Además tuvo la bendición de ser un escritor extraordinario, pero no genial, como su amigo Borges. Eso le libró de la infelicidad y de la espera inútil del Nobel de Literatura. Tuvo la inteligencia de colaborar con el genio y no de rivalizar con él y la virtud de preferir a las mujeres. Por todo ello Bioy Casares, que podría resultar odioso, es encantador.

  "A la hora del té o del club de tenis preferí siempre la sociedad de las mujeres. Por aquellos años me dio por clasificar al prójimo en dos grupos históricos y filosóficos".  También a mí me aburren los "históricos" que refieren punto por punto lo que hicieron o van a hacer y prefiero la compañía de los filosóficos, que pretenden contar lo que les gusta, aburre, anhelan o aborrecen. Y en este grupo es más numeroso la presencia de mujeres. 

  No es mi única afinidad. Leo en el librito de Bioy: "La inteligencia, con la ayuda del tiempo, suele transformar la ira en rencor o la congoja en humorismo". Sin embargo,"el humorismo enfría, interpone primero una distancia entre el autor y la situación y luego entre el autor y el lector" y "la intensidad es una de las virtudes de la literatura". Además "hay humoristas que fomentan la irritación contra el humorismo, son los de fuego graneado de broma en broma. Las mujeres los detestan".

  A los guapos y a los listos no les hace falta ser graciosos. Lo puse en masculino pero puede leerse en femenino. El ingenio es el pan negro de los que carecen de otros dones. Si a los que antes me refería tienen ingenio y sentido del humor, es que ya rozan una perfección casi insoportable. Insoportables, salvo que te premien con su amistad, con su amor, con sus películas, con su música. Incluso con sus libros".




El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¡Gracias por tu comentario!