30 diciembre 2014

Personaje Señor Gordo 2014: El bombero Roberto Rivas

  En muchas ocasiones es más difícil hacer que no hacer.
 Hay que hacer. 
Obediencia debida. 

  Los policías de la valla de Melilla cumplen órdenes. Los técnicos de AENA que veían los chanchullos de la Gürtel temían que si abrían la boca sufrirían represalias. En fin, todos somos parte del engranaje. Nos callamos por miedo. Tragamos por necesidad. Es lo normal. Pero de vez en cuando alguien no lo hace. 

  Fue el caso de Roberto Rivas, bombero de A Coruña que fue requerido para cortar las cadenas de un grupo de perroflautas que trataban de impedir el desahucio de Aurelia, una venerable señora de 84 años. Aurelia llevaba viviendo treinta años en esa casa. Había dejado de pagar dos meses de alquiler. 

  Roberto Rivas pudo coger las tenazas (le hubiera llevado diez segundos), acercarse bajo la protección de la nutrida policía a la cadena (cinco segundos) y cortar la cadena (un segundo). Después de eso podría haberse ido al bar con los amigos y discutir sobre Messi o Ronaldo. Podría haber hecho lo que estaba obligado a hacer. Podría, en resumidas cuentas, haberse dejado de problemas. ¿Quién se lo habría reprochado? 

  Pero resulta que el trabajo de bombero consiste en cuidar de las personas. Leo en una web que prepara las oposiciones a bomberos que las funciones básicas son: apagar fuegos, ayudar en accidentes, ayudar en desastres naturales y remoción de paneles, caídas de árboles etc.

 ¿En dónde figura entre las funciones del bombero colaborar en dejar sin su casa a los ancianos?
No venía y por tanto Roberto no lo hizo. 

  La Policía Nacional elaboró el atestado y por supuesto, el bombero Rivas fue sancionado. Rivas la recurrió. En la vista ante el Juzgado de lo Contencioso Administrativo Número 4 de A Coruña manifestó que no fue un acto premeditado. Que simplemente no estaba entre las funciones del bombero ayudar a echar a la gente de sus casas. Podría haber añadido en su descargo que más sencillo habría sido dejarlo correr. Cortar la cadena (un segundo) e irse a tomar unas cañas.

  En mi opinión, lo que da valor a la acción de Rivas no es sólo su generosidad y la evaluación cabal de lo que es justo o no es justo (al margen de lo que es legal o no). El valor en el doble sentido de Rivas es precisamente su falta de premeditación. La reacción adecuada en el momento preciso. La claridad para ver entre lo correcto y lo cómodo. 

  En realidad Rivas dignifica su profesión. Como varón heterosexual les tengo un poco de envidia cochina. Son valientes, suelen estar cachas (y lo hemos confirmado desde que se puso de moda ponerse en bolas en los calendarios). Las mujeres, por lo visto, adoran a los hombres que llevan uniforme. Es verdad que policías y militares también los llevan, pero con todo respeto a esos colectivos, no es lo mismo. En Alicante, donde su presencia es estelar en la "Nit del Foc", he visto a alguna amiga cerca del desmayo ante la presencia de algún miembro del cuerpo. Efectivamente. Echar de su casa a una anciana no es algo digno de bombero (quizá sí de abogado, de policía, de político, de banquero o de juez).

  El poder, y en concreto este gobierno, ve con prevención todos los actos de rebeldía. Si además vienen de aquellos de quienes se espera sumisión y cumplimiento de las órdenes dadas, las reservas se convierten en pánico que necesita ser amordazado.

  Los Roberto Rivas son desde luego la esperanza, porque yo sí hubiera cortado la cadena (y nadie me lo habría reprochado). Sólo quiero añadir a la historia conocida del bombero gallego que no es por casualidad que llegara al juzgado montado en una bicicleta.




El humor está aquí, en alguna parte
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3 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo. De vez en cuando no viene mal ensalzar a las buenas personas. Creo que este país está lleno de ellas, pero hacen poco ruido. Felicidades por el artículo. Un saludo.

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