21 enero 2015

¿Suerte?

  Las noticias sobre las tragedias de la inmigración en el estrecho de Gibraltar y los malos tratos y crímenes (que suceden) pasan en cierta manera de puntillas, como les gusta decir a los periodistas, por la opinión pública española. Prefieren ocuparse de los exabruptos de dos cantantes retirados, de los tesoreros del Partido Popular y de sus andanzas.

  Sin embargo, una de esas siempre repetidas noticias sobre las tragedias del estrecho ha sido diferente. Alguno de los embarcados en una patera decidieron tirar al mar a otros que estaban rezando asustados por el mal tiempo. Les acusaban de ser precisamente los causantes del mal tiempo. Congruentemente, con ese punto de vista decidieron deshacerse de ellos arrojándolos por la borda y condenándolos a una muerte horrible.

  En la película "Master and Commander", definida por una amiga "como la película que te gusta y donde no pasa nada", se relata una historia similar. La fragata "Surprise" entra en una zona de calma. La nave no puede avanzar. Comienza a escasear el agua para beber y la tripulación se muestra desesperada. Si no llueve y vuelve el viento perecerán. Un marinero veterano recuerda que todas las desgracias, como la aparición del diabólico barco francés Acheron, que suceden en el barco, coincide con la guardia de un oficial especialmente pusilánime. Es "el Jonás", un personaje maldito que atrae las desgracias. 

  La suerte puede predecirse. Se llama estadística. Cierto amigo de amigo, con formación matemática, salió del desempleo y se hizo rico jugando al póker en los casinos de Las Vegas. Sin duda un tipo inteligente y con suerte. Pero si puede calcularse en ciertos supuestos no puede ser invocada. Como recuerda W. Allen en la película "Match Point", la pelota pasa un número de veces la red, pero si golpea en la cinta, las posibilidades de que caiga en tu campo o en el rival serán del cincuenta por ciento. Un cincuenta por ciento esencial.

  La ciencia les da la razón. De acuerdo con un reciente estudio publicado en Journal of Science por científicos de la John Hopkins University, hasta dos tercios de los casos de hasta 22 tipos de cáncer pueden ser atribuidos a mutaciones aleatorias del ADN y no a factores hereditarios o factores de riesgo. Dicho de otro modo, al azar. Mascar durante semanas brócoli, roer zanahorias, hacer deporte con regularidad y abstenerse de los vicios no te garantiza nada. Al menos no mucho menos que una pata de conejo, santiguarse cuando se ve un gato negro o tocar madera.

  Si nuestra vida depende en parte del azar, la superstición tiene su sentido. Arrojar por la borda a los gafes es un acto de bárbaro salvajismo, pero quizá no está mal proveerse de ciertas medidas convenientemente irracionales, a ser posible propias y secretas. No conviene dejarse llevar por ellas por supuesto. Ni por las supersticiones, ni por nada, ni nadie. 

  A veces esos pequeños ritos no nos alejan del infortunio, pero dan sentido al caos cotidiano. Un personaje de Jorge Luis Borges dijo: "Debo mi primera noción del problema del infinito a una lata de bizcochos que dio vértigo y misterio a mi niñez".



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