19 febrero 2015

A dieta de noticias

  ¿Será la edad? ¿Serán los triglicéridos? ¿Será la pereza? Debo empezar con una confesión sin confesor ni juez, ni abogado que me asista. Confieso (¿me acuso?) de ser cada vez más incapaz de seguir la actualidad, las noticias. Me acuso de ser cada vez más ignorante de lo que pasa por el mundo y además, hacerlo de modo consciente y deliberado. Me declaro culpable de tener una tasa de ignorancia en sangre superior al permitido a cualquier opinador, bloguero o tertuliano.

  Sin embargo estas duras acusaciones que me formulo tienen su explicación, aunque quizá no su justificación. Pertenezco a una familia que ha seguido con rigor la actualidad social y política desde siempre. Una familia, especialmente mi madre, a la que se le podría colgar la etiqueta de "comprometida".

  Sé que a los niños de ahora les llevan a Eurodisney y al Macdonalds. Yo siendo un adolescente iba a las manifestaciones en contra de la adhesión de España en la OTAN. Leía de cabo a rabo El País, cuando todavía era El País, Le Monde Diploamatique, Ajoblanco, Tiempo, incluso Triunfo

  Aunque era bastante joven, en ocasiones un niño, nadie me ha tenido que contar el intento de golpe de Estado del 23 de febrero, la antedicha campaña de la OTAN y el giro de Felipe González (OTAN de entrada no), que ya iba enseñando la patita. La caída del muro de Berlín, los cambios en Polonia con Walesa y Jaruzelsky, los últimos Honecker, Helmut Kohl, Reagan, Clinton y el asesinato de Francisco Tomás y Valiente, la Perestroika, Roldán...

  Toda esta retahíla inconexa la he dicho de carrerilla. Podría dar todos los detalles de todos esos asuntos. Es cierto que quizá me hubiera valido más que todo ese espacio en el disco duro de mi cerebro hubiera sido ocupado con otro tipo de información, como por ejemplo, cómo cambiar una bujía o hablar portugués. Pero el caso es que es así, y esa historia, quizá algo deslavazada del mundo, es también mi historia personal.

  Durante mucho tiempo la gente que conocía no estaba tan interesada en la política. Con la crisis todo ha cambiado. Muchas personas que eran felices ignorantes siguen los programas políticos, escuchan las tertulias e incluso se animan a militar en alguna formación. Muchos descubren el Mediterráneo y uno esta tentado de cantar como El Último de la Fila. ¿Dónde estabas entonces, cuándo tanto te necesité?

  Y ahora llego yo y digo que ya la política no me interesa. ¿Esnobismo? Quizá en parte, pero no al cien por cien. Más bien soy como aquellos felices bebedores, que llegan a una edad en la que comprenden que tienen que limitar el número de tragos mientras descubren que lo que les gusta es darse una carrerita o jugar al pádel. Lo diré de otra forma. La política comienza a aburrirme, especialmente la española, con sus continuas impostaciones, exageraciones y terremotos en macetas.

  Pero también es verdad que antes era "aficionado" a las noticias y a la actualidad; y ahora me duelen. 

  Mi hermano Alberto confiesa que es más feliz desde que escucha por la mañana música en Radio 3 y no la noticias. Mi amiga Sandra, en cambio, sigue con voracidad todo lo que pasa en el mundo y en concreto en España. Por fuerza, su reacción ante los asuntos (que me traslada por whatsapp) es de indignación. ¿Has visto qué sinvergüenza? ¿Has visto qué ladrón? ¿Cómo es posible tanta injusticia? Obviamente estoy suavizando sus comentarios, pero creo que será fácil de imaginarlos y sustituirlos por las expresiones reales.

  Yo no puedo llevar el ritmo de Sandra. ¿Claudico en un momento que no debe hacerse? Con todos los respetos, creo que ya me sé los principios básicos para tener criterio. Creo que ha llegado la hora de prescindir de ciertas informaciones, de no saber con detalle si los imputados del PSOE andaluz son 10 o 30, los millones robados por el PP de la Comunidad Valenciana 10 o 300, o si los asesinados por el estado ISIS son 300 o 3000. Igual hasta me pongo a estudiar portugués.

 Tanta sangre. Tanto malvado, tanto gañán, tanto fanático, tanto cutre, tanto egoísmo. A veces es bueno no sobrecargar las vísceras con noticias basuras, calóricas pero poco nutritivas en reflexión. No digo ayuno, digo dieta equilibrada y quizá de vez en cuando escasa.

  No sé si es malo que un bloguero diga esto. ¿Es que se va a poner usted a hablar de lo que no conoce? Algún lector dirá, "ya te lo había notado, pájaro". —No quiero acabar siendo un pájaro de mal agüero— podría contestar.



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