05 marzo 2015

Afortunados y desafortunados

  La semana pasada el concejal de Acción Social del Ayuntamiento de Alicante (una ciudad en la costa al sureste de España), Antonio Ardid, declaró en el transcurso de una comisión, que "hay familias que ahorran porque no se van de putas". El concejal se disculpó poco después afirmando que fue un comentario "desafortunado".

  Durante la campaña electoral para las elecciones europeas del pasado año, el ahora comisario europeo Miguel Arias Cañete, declaró que "era difícil debatir con una mujer, porque si haces un abuso de superioridad intelectual pareces un machista y que estás acorralando a una mujer indefensa". Tras la avalancha de críticas Arias declaró: "Hice un comentario desafortunado. Pedí perdón en su momento y vuelvo a hacerlo ante ustedes".

  La pasada semana la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, compareció en un acto festivo realizando un discurso sin mucho sentido, en un idioma entre el castellano, valenciano y klingon. Aunque su aspecto hacía pensar en un atestado de la Guardia Civil (ojos vidriosos, deambulación tambaleante, habla pastosa...) la alcaldesa declaró que se había quedado en blanco, lo que le hizo entrar en una espiral "desafortunada".

  En realidad, la palabra de moda para justificar que uno dice, hace o dice y hace un disparate, suele ser que uno tuvo un día, hora y minuto desafortunado. Como ningún término que venga del poder, la elección de éste no tiene nada de inocente y no es fruto del azar, aunque por alguna razón ellos piensan que tanto sus declaraciones como sus intenciones son frutos de la diosa fortuna.

  En España este discurso y manejo del lenguaje es transversal, como gusta decir ahora. Recorre el espectro político de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, sin dejar el centro y pasear por la periferia, regionalista, independentista, ecologista y nihilista. Por ejemplo, para declarar sus convicciones sobre algo, todos ellos "apuestan". Apuestan por fomentar la educación, apuestan por la seguridad, apuestan por el empleo, apuestan por el progreso económico, apuestan por un medio ambiente sano y apuestan por la familia. Como dijo una vez cierta profesora de literatura (lamento ahora no recordar su nombre) esperemos, por el bien de todos, que de tanto apostar, alguna vez les toque.

  Dicen, y seguramente será falso, que Napoleón preguntaba a sus generales si tenían suerte. Dicen, y supongo que también es falso, que otro general contemporáneo, el "cholo" Simeone, hace cartas astrales de sus futbolistas para saber si son afortunados. Sin duda la fortuna es muy importante en la vida de todos. Como dice Bowles en el Cielo Protector, a veces nuestra vida depende de ese encuentro, de ese momento preciso y banal que se produjo quizá por azar. Estar aquí en vez de estar allí. 

  Depender de la suerte tiene algo de inquietante, pero también de liberador. Nos libera de la responsabilidad, del compromiso y también de la dura carga de tomar decisiones. ¿Ya ven a dónde quiero llegar? ¿Es un poco elemental? Bueno, quizá sí, pero dejen que me siga haciendo el estupendo, que solo queda un párrafo.

  La mayoría de los comentarios desafortunados del poder en realidad son actos de sinceridad, sean o no inducidos por sustancias extrañas. No tienen nada que ver con la fortuna, ni con el azar, ni la suerte, ni los dados, el juego más odioso de Dios, según Einstein. Decir que son desafortunados es escurrir el bulto. Escabullirse como una anguila. Quien se disculpa diciendo que no tuvo suerte cuando dijo esto o lo otro, en realidad no se disculpa, puesto que lo que sucedió no tiene nada que ver con lo que alguien puede controlar... a menos que jueguen con las cartas marcadas como Paul Newman en "El Golpe" o con los dados cargados, como todo tahúr que se precie.

  Apostamos por la educación, apostamos por el empleo... Todo jugador sabe que casi nunca se gana la apuesta. Se pierde. Si alguien apuesta por el bienestar ya sabemos que el bienestar le importa un pito. Con lo fácil que sería conjugar el verbo querer. Claro que eso les haría directamente responsables.



El humor está aquí, en alguna parte
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