29 marzo 2015

La precisión del lenguaje

  Decía uno de los familiares de las víctimas del terrible siniestro (que no accidente) del avión de Germanwings, que la intervención del fiscal de Marsella Brice Robin, le había parecido ejemplar. Antes de comunicar a la prensa las primeras conclusiones de la investigación se había reunido con las familias, quienes pudieron plantearle todas las preguntas que estimaron convenientes. Tras eso apareció ante los medios y relató lo que todos sabemos. 

  De todo lo que he podido escuchar, y además de sentir como todos un escalofrío por el relato de lo ocurrido, llamaba la atención la precisión de sus palabras. Por eso dijo el fiscal que el copiloto tuvo intención de destruir el avión y se alejó de otras que podían tener un significado diferente. Los medios destacaron que lo hizo además con gran respeto y delicadeza a las familias de las víctimas. 

  Y llegado este punto uno tiene la costumbre un poco enfermiza, si se quiere, de comparar. ¿Y en España? Quiero dejar claro antes de empezar a fustigarme, que la opinión tan negativa de los españoles sobre nosotros mismos es también injusta. Hay médicos, profesores/as, fontaneros/as, enfermeros/as electricistas, bomberos/as y hasta abogados/as compatriotas que nunca saldrán en las noticias pero que sin duda son ejemplares por su dedicación y calidad profesional. Sin embargo ni el lenguaje ni la comunicación son sus fuertes.

  Podemos decir, salvo honrosas excepciones, que los españoles somos capaces de manejar solo dos niveles de comunicación. El primero es el lenguaje que podemos llamar vulgar, callejero o del día a día. El segundo lo denomino "falso formal". El falso formal se define por giros pomposos y reiterativos como "absolutamente" o "no cabe duda" o la utilización de aparentes tecnicismos y anglicismos con el que se trata de convalidar la falta de actitud del hablante. Soltamos un "default" por quiebra, pongamos por caso. También ambos pueden combinarse. Ejemplo: "Qué duda cabe que sin la ayuda de Europa, Grecia estará absolutamente en "Default".

  Siendo sinceros, debemos decir que la tendencia es que el primero ya sustituya al segundo incluso en contextos formales. Por eso los entrenadores de fútbol ya no tienen empacho en decir que se van "jodidos" en vez de decepcionados, tristes, desilusionados, después de una derrota; lenguaje que cada vez más comparten periodistas, políticos, columnistas y por supuesto directivos de empresa. La excepción sería Mariano Rajoy para quien "cosa", "tema" y "lío" son suficientes para construir cada frase.

  Javier Marías recuerda en su artículo de hoy publicado en El País Semanal, que el 55 por ciento de los españoles no lee nunca o solo a veces. Me aventuro a decir que el porcentaje real será en realidad más alto, pues entre el grupo de "lectores" habrá algunos que no ejerzan como tales y solo hayan contestado así por pudor, o por dar ejemplo a los niños. Por si hay niños delante del ordenador, no diré lo que Marías dice, que no leen porque "no tienen tiempo" o "no les interesa". Les remito a su artículo. Solo mencionaré que les compara con ciertos animales y vegetales. 

  Harina de otro costal, o quizá del mismo, sería comprobar de ese 45% restante que dice leer, qué lee. Sin embargo quizá el problema no estriba tanto en que no se tenga cierta competencia lingüística, sino la capacidad de ponerla en práctica. En España se ha practicado una educación memorística y del silencio. No se fomenta el debate, que contribuye no solo a articular el pensamiento y a expresarlo. De hecho para muchos de los españoles "debatir" son los gritos de los programas televisivos de prensa del corazón, modelo trasladado con éxito a los deportivos y a las tertulias políticas, (¿se acuerdan del don Pantuflo de Iglesias?).

  ¿El debate sosegado y con precisión de palabra ha desaparecido? Seguramente no. No veo que en Davos o en sus foros alternativos la gente se grite, pero, como todo lo que tiene valor, puede que cada vez sea más un artículo de lujo que se reserven las élites, salvo que lo evitemos.



El humor está aquí, en alguna parte
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8 comentarios:

  1. Mire "uropeo" es cansino tanto vapuleo a los españoles.

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  2. Maria Setentaycuatroq29 de marzo de 2015, 21:55

    No vea usted como es en "Europa", el imperio de la falsedad y la burda mentira. Sí, los españoles tenemos fama de directos. No seré yo quien cambie ese prototipo, me asusta el lenguaje mentiroso de mis colegas.

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    1. Creo que ser directo es algo positivo. Acepto la crítica.

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  3. Me parece perfecto esa crítica a los españoles, entiendo que si usted fuera mongol, la mayor parte de las críticas las dirigiría a los habitantes de Mongolia. Por otro lado, he leído en ocasiones críticas a otros nacionales cuando el asunto lo propiciaba. Por lo tanto, conste que me parece correcto el contenido de la entrada y las críticas hacia la escasez de lectores y el desconocimiento de lo que es debatir, verdades que usted señala y Marías tambien (entre otros).

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Efectivamente uno es crítico con algo, en este caso, con España porque es mi país. Nuestra comparación debe de se con los países más avanzados de Europa.

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  4. Ciertamente en todas partes cuecen habas...
    Un buen artículo.

    Saludos

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    1. Muchas gracias Mark. Ya sabes que las habas que se come uno son las indigestas. Los demás que coman las que quieran.

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