06 mayo 2015

Comulgar con ruedas de molino

"Mientras comían, Jesús cogió el pan, pronunció la bendición y lo partió; luego lo dio a sus discípulos diciendo: - Tomad y comed, esto es mi cuerpo. Y cogiendo la copa, pronunció la acción de gracias y  la pasó diciendo: - Bebed todos , que esta es mi sangre, la sangre de la alianza etc etc.

  Cantaron salmos (¿quién no canta si el vino es bueno y la compañía agradable?) y se fueron de treking al Monte de los Olivos (Actual Urbanización "The Olives").

  Así cuenta, a grandes rasgos, la Eucaristía el Evangelio de Mateo en la versión de la Nueva Biblia Española.

  En Historia General de las Drogas (1998) Antonio Escohotado cuenta que la Eucaristía fue un colocón. El vino de la época nada tiene que ver con los caldos para ñoños que ahora consumimos, mezclando variedades autóctonas con Shiraz o Tempranillo. Eran vinos recios con una graduación alcohólica más elevada. El vino regaba un menú principal, pan ácimo, que afortunadamente para los discípulos no es esta versión congelada y chiclosa que ahora se expende en muchos despachos de pan de España. Se supone que como buenos judíos habrían ayunado antes del "Pésaj", con lo que la combinación de pan ácimo y vino "anforafón", produjera un efecto estimulante entre los comensales. 

  Por supuesto la "Primera Comunión" tiene poco que ver con esta Eucaristía. Recuerdo a la perfección la mía. Torpe como he sido siempre, cuando el Hermano Meseguer me acercó el cáliz, con su sangre, aprecié de modo instintivo un refinado sabor que con el tiempo identifiqué con Rioja y casi, como dice la Biblia, apuré el cáliz. Todavía conservo la foto: el religioso intenta sin éxito evitar cortar mi trago. Toda vez que se pasaba la misma copa al resto de mis compañeros de comunión, me temo que muchos comieron su cuerpo pero aún están a la espera de beber su sangre. 

  Llegado este punto debo de ser contradictorio. Recuerdo mi Primera Comunión con mucho agrado, y eso que había motivos que no vienen al caso que invitarían a pensar lo contrario. Al tiempo me parece un horror que se siga celebrando. En mi caso, cogí una época "perroflauta" de los jesuitas. No había mucha monserga religiosa, en cambio se preparaba con minuciosidad la parte teatral: llevar el cirio, pasear delante del altar etc. Estos ensayos se hacían en horas lectivas, con lo cual resultaba mucho más estimulante y divertido que un quebrado o hallar el malparido Complemento Circunstancial. Ni que decir tiene que los padres no participaban. Era un recreo divertido a costa de Dios Nuestro Señor que murió por nosotros para librarnos del mal y de los verbos irregulares de inglés. Además los jesuitas de aquella época querían orden y rigor ceremonial, pero con sobriedad. Nada de uniformes de almirantes y princesas. Un sencillo pero elegante pantalón azul marino y camisa o jersey de cuello de cisne (opcional) blancos. 

  Por lo que sé, ahora es diferente. La preparación de la comunión es larga como un máster. Los curas aleccionan a los niños y sus progenitores con su retórica habitual, soslayando que no admiten mujeres en sus órganos directivos, ni pagan impuestos, ni quieren condones, ni que las mujeres decidan sobre su maternidad, ni el divorcio, ni que asuman responsabilidades sus miembros cuando cometen infracciones penales. 

  Las fiestas vuelven a ser pequeñas bodas. Ellos vuelven a ser almirantes y ellas princesas preadolescentes de cuento. Se invita a ciento y la madre y suelen resultar caras. Quizá para algunos sea una obsesión, como el protagonista de la película de Ken Loach, Lloviendo piedras (Raining Stones) 1993. Sin duda muchos padres y madres que se dejan llevar por el río del convencionalismo y pagan su precio en euros y en coherencia sería una buena experiencia ver este filme. 

  Viendo a los salvajes de los islamistas, y en general el debate que tienen los países musulmanes, cada día deberíamos entonar una plegaria laica de agradecimiento a todos aquellos que con su inteligencia y su esfuerzo, siglos hace, situaron en occidente la religión en el papel privado que le corresponde (caso de que le corresponda). 

  Leo en facebook la queja de una madre porque cierto oscuro párroco se niega a dar la comunión a una niña de padres divorciados. ¿Es un derecho recibir la comunión o realmente tiene cada confesión disponer de sus sacramentos y bendiciones según su doctrina, por disparatada que esta sea? ¿Es acaso de extrañar? En realidad no me interesa tanto esta pregunta, como la de saber, conocer, por qué personas que parecen sensatas siguen queriendo comulgar y que se comulgue con ruedas de molino.



El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

  1. Javi Olalde Alis mikee3420 de mayo de 2015, 14:50

    hay mucha tontería e hipocresía en el mundo .

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    1. No se puede negar que es así. Gracias por tu comentario.

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