03 mayo 2015

Japoneses sin Manga

  Yukio Mishima, Kenzaburô Oê y Haruki Murakami


  Reconozco que la lista no supone ninguna revelación. Los tres son sobradamente leídos, conocidos, célebres y premiados. Por tanto soy consciente de que no estoy descubriendo el Mediterráneo, pero quizá puede resultar de interés (¡oh paciente lector!) que cuente mi chapoteo en las playas del Mare Nostrum, es decir, mi experiencia de lector de estos tres autores. Si no considera interesante dicha experiencia, puede pasar directamente al último párrafo donde doy mi opinión sobre las semifinales de la Champions Leage.

Mishima. Lo leí a una edad en la que debía estar prohibido hacerlo. El libro era de mi hermana Alicia y era vecino de estantería al lado de novelas célebres de la época, "Memorias de Adriano" y "Bomarzo". En la portada aparecía el propio Mishima, en lo que ahora es un célebre icono, no tanto como el Ché pero sí a la altura de Hemingway (plasta ad nausean) con su pipa y su pose de marino, desnudo de cintura para arriba y con una cinta en la cabeza. La cubierta del libro informaba que el autor, poco después de esa foto, se había hecho el Hara Kiri. A un adolescente morboso no había que decirle nada más. La novela en cuestión era "El marino que perdió la gracia del mar" (1963). Ryuji, un marinero, comienza una relación con Fusako, una viuda que tiene un hijo que a su vez tiene una pandilla de amigos con ideas propias. 

  Años más tarde apareció otro japonés. Daba clases en un internado en Inglaterra. Clases de asignaturas de las que no tenía ni la más remota idea, como mis alumnos no tardaron en comprobar. Aún así, me apreciaban. Mi amiga Eva Llobell me mandó un libro, seguramente como una broma, o quizá para darme ideas muy precisas sobre qué es lo que tenía que hacer con mis discípulos. Se llamaba "Arrancad las semillas, fusilad a los niños" (1958) de Kenzaburô Oê. No tiene nada que ver con su compatriota antes mencionado, salvo la cualidad de aunar de manera precisa lo cruel y lo poético. Como dice la reseña que está publicada en la página web de la editorial española, "la novela narra las proezas de un grupo de chicos adolescentes evacuados en la guerra a un remoto pueblo de montaña donde su alcalde cree que hay que suprimir a los revoltosos de raíz".

  ¿Fusilé a los niños? Si es usted policía (aunque en ese caso dudo que sea aficionado a la lectura) o fiscal, le debo tranquilizar. Hay libros de los que se sale diferente de cómo entraste y esa novela me ayudó a comprender más a los muchachos que muchas charlas de pedagogía. Así que no lo hice, pero Oé debe de ser cuidadosamente dosificado, como la isotetrinoína. Años más tarde, le dieron el premio Nobel de literatura, y pude presumir en un par de reuniones. 

  Candidato parece que eterno a ese premio es Haruki Murakami, y por tanto, lo más probable es que no se lo den nunca. No creo que haga falta. Debo decir que a Murakami me lo recomendó Mati, la mujer de mi hermano. Se estaba comprando una de sus novelas en la Fnac y ciertos comportamientos de ciertas personas deben de ser imitados de inmediato, como la derecha de Rafael Nadal o el bacalao de Karlos Arguiñano. Compré, para disimular, una novela diferente: "Al sur de la frontera, al oeste del sol". ¿Es que no pueden poner un nombre normal o es un problema de traducción? La novela es la historia de Hajime y también de Shimamoto, su amiga de la infancia recobrada. Resulta que por aquella época yo le daba vueltas a cosas perdidas. ¿Se pueden recuperar? ¿Y si se puede es realmente deseable?

  Murakami, para mi gusto, hace concesiones al gusto occidental o quizá él mismo es más occidental que los otros colegas de profesión. Pero el hecho de que llene sus páginas de música de Coltrane y otros, no debe confundir sobre su "radicalidad" oriental, por decirlo de alguna manera (que los críticos y los radicales me perdonen).

  ¿Algo más? ¿Por citar tres autores archiconocidos ya tenemos que pensar que es un experto en literatura japonesa? ¿A quién va a recomendar más? ¿A Toyota, a Honda que leamos a Kawasaki? Pues resulta que tengo una. "Aparta de mi estos premios" es un hilarante libro sobre españoles y japoneses escrito por un peruano de origen japonés: Fernando Iwasaki. El volumen reposaba en casa de mi hermano, en una estantería, creo que de nuevo al lado de las aburridas "Memorias de Adriano". No diré nada acerca de ese libro, solo que es uno de los más divertidos que he leído en mi vida, y que si pudiera matar a Iwasaki y poseer su alma (no sé si también a su pareja) lo haría sin dudarlo.

  Añadir, a modo de conclusión, y como lo prometido es deuda, que espero que la final de la Champions League sea Bayern de Munich vs Juventus. Aunque creo que los japoneses son más de béisbol que de fútbol.

El humor está aquí, en alguna parte
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