26 mayo 2015

Cuidado con los bondadosos

  De repente hay epidemia en mi whatsapp. Un virus corre por los perfiles. Se sustituyen biceps, sonrisas angelicales de hijos, novios, sobrinos y maridos, plantas exóticas, vistas del skyline de Nueva York desde el Empire State, el Taj Majal con alguien al fondo, o alguien al fondo haciendo que sujeta la Torre de Pisa (ja, ja, ja) por una misma foto, dibujo o logo. ¿Todos de acuerdo? Hoy ha ocurrido. Uno de cada tres de mis contactos, aunque fueran recios varones y mujeres, son de repente una niña en su foto de perfil y un mensaje #niunamenos y debajo, pequeño pero visible, en enlace a una página web.

  El refranero español puede ser un poco brutal en ocasiones, pero simpatizo con él porque abunda en frases descreídas. Siendo de naturaleza ingenua, creo que leerlas me aportan paz y me dan la ilusión de que repitiéndomelas no me las darán con queso. Precisamente esa frase viene de que se acompañaba de queso los vinos especialmente malos, que enmascarados con el sabor de la vianda, parecían más apetitosos, de la misma manera que los judíos conversos comían tocino que usaban al parecer para tapar la copa, y de ahí nuestras tapas. 

  Y dice el refranero que de buenas intenciones está el infierno lleno, pero no dice nada de cuando los del infierno salen directamente vociferando las buenas intenciones. Es un clásico de la publicidad y de las empresas, tratar de asociarlas con causas en pro de la sociedad, benéficas, altruistas y solidarias. Se diría que cuanto más sospechosa es la empresa en lo que antes se llamaba el subconsciente colectivo y ahora se llama "lo que la gente de verdad se cree", más interesada está en ser asociada con buenas, blancas y bondadosas acciones e iniciativas.

  Coca Cola es una de las empresas que más se ha esforzado para conseguir una imagen positiva, asociando la chispa de la vida con todo tipo de eventos deportivos y recreativos. Lástima que luego apliquen un ERE a sus trabajadores en España, que luego es declarado ilegal y que sean sus propios trabajadores, luego ex trabajadores y por fin trabajadores de nuevo, quienes se dediquen a zaherir a la empresa, con lemas tales como "Sin trabajo no hay chispa" o aún más diabólicos como: "Say Pepsi please". Seguramente usted (¡oh sabio lector que por la red cabalga!) podrías dar ciento y un ejemplos más. 

  La niña angelical (ojitos tristes, cabello largo y rosa, vestidito negro y pies juntitos, como si estuviera avergonzada o se fuera a orinar) de la que hablaba en el primer párrafo, por lo visto pertenece a una campaña contra el maltrato y la violencia de género. Estoy por cambiar también mi foto de perfil, en el que aparezco como el irresistiblemente atractivo varón de cuarenta y tantos haciéndome pasar por varón de treinta y tantos y cambiarla en solidaridad por la niña angelical de cabello rosa, pero, de repente alguien me advierte. ¡Cuidado, es un fraude! Bajo la niña un link. En el link una página y en la página los productos de una empresa. Resultado. No es una campaña sino una empresa que utiliza una buena causa para aumentar las visitas a la página.

  De repente se hace viral la indignación y la niña empieza a ser retirada como los platos sucios después de comer el postre. Estudio un poco más la cuestión. La campaña existe y es argentina. La empresa vincula su nombre a la campaña, pero digamos que no lo hace con la claridad que exigen ese tipo de negocios. ¿Pero acaso no lo hacen también las grandes empresas? ¿No lo hacemos nosotros mismos quienes con nuestras frases queremos siempre adherirnos a la mejor causa? No hace falta que sean las ballenas o los bosques tropicales. A veces basta unirse a la causa de los "honestos", de los "fieles" o de los que "son amigos de sus amigos".

  Los expertos en responsabilidad corporativa y los coaching así como otro tipo de seres similares, recalcan con razón que la reputación, tanto de empresas como de las personas, es a veces uno de sus principales capitales. Precioso como la sonrisa de un niño. Frágil como la sonrisa del mismo niño cuando se pone pesado. 

  Veo una no tan antigua fotografía de Ada Colau arrastrada por un policía vestido como Dark Vader sin capa en una protesta anti desahucio. No tengo ganas de hacerme viejo pero sí ganas de saber qué es lo que deparará el futuro. Mi yo ilusionado cree que por fin alguien con ideales llegó al poder. Una persona que se dejaba encadenar y arrastrar en favor de los más necesitados. Mi yo descreído piensa que sobre todo era un posicionamiento personal, una inversión personal, como los que no hablan más que de las ballenas, del futuro de los bosques tropicales. Mi yo optimista dice que al menos estas personas saben dónde está el bien común. Mi yo optimista, pero puñetero, me recuerda que ya me equivoqué en este mismo y humilde blog con sobrepeso hablando del 15-M. Mi yo pesimista lo tiene que admitir, pero cita no sé qué refrán y añade: "ya hablaremos".



El humor está aquí, en alguna parte
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4 comentarios:

  1. He visto a la niña varias veces. No entiendo el escándalo. Es una empresa que se quiere sumar al rechazo del maltrato. Si no viene el enlace ¿cómo van a saber que son ellos? Cuando fue la campaña de BringbackOurGirls, ¿cuántas empresas hicieron lo mismo en todo el mundo? Sus logos e iconos aparecían en el mensaje de rechazo. Creo que es injusto y chabacano el trato que se le he dado a esta empresa, que además será pequeña y tratará de sobrevivir a la pobre economía actual. La gente no entiende el daño que puede hacer emitiendo juicios sin pensar antes en las consecuencias.

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    1. Tengo mis dudas sobre la bondad y sinceridad en la unión entre las marcas comerciales y las campañas sociales. Soy más bien de los que piensan que las primera solo buscan servirse de las segundas para lo que es su lícito objetivo final, ganar dinero. En lo que no tengo dudas es que si se hace, debe de ser con claridad, y no disimulando.

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    2. ¡Por supuesto! Le doy la razón, ¿acaso no es esa la sociedad en que vivimos? Vivir unos de otros, de las buenas intenciones, y de las campañas sociales. Las ONG contratan diariamente en condiciones nefastas a gente para que lo acosen a uno por la calle. Pero volviendo al tema. ¿Quién disimula? No veo disimulo en la niña, hizo el dibujo con su mejor intención y puso su marca debajo del mismo. Es una tienda de manualidades, no engaña a nadie. Estar en contra del maltrato no es propiedad de nadie, debe ser obligación de todos, y esta mujer hizo lo que mejor pudo. O como mejor se le ocurrió. No es ninguna estafadora. ¿Aprovechada? ¿Y qué?

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    3. Gracias por su comentario. Puede que tenga razón.

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