18 mayo 2015

La supervillanía de los superhéroes

  En mi casa circulaban cómics de Marvel que eran propiedad de mi hermano Alberto. Incapaz como soy desde la más tierna edad para entrar en el mundo de la fantasía y también para encontrar el interés en los cómics o las películas de acción, me limitaba a mirar los dibujos, sin prestar demasiada atención a las tramas de villanos, supervillanos y superhéroes; pero al menos sí he tenido una cultura general básica sobre Thor, Superman, Spiderman, Batman, la Masa (ahora llamada Hulk) y la Cosa, que es un superhéroe menor que merodeaba por pantanos y cuyo aspecto y nombre me resultaban atractivos. 

  Ha sido con el tiempo cuando —pensando que me había perdido algo interesante— he prestado más interés al mundo de los superhéroes, y en parte por mi labor de tío abnegado que compra bocadillos y chuches (admiradoras razón aquí) he visto un buen puñado de películas de superhéroes y cada vez que las veo más me sorprendo, pero no en el sentido que ustedes creen (o que yo creo que ustedes creen).

  Les supongo enterados de la polémica entre el director mexicano González Iñárritu y el actor Robert Downey Jr. (desconociendo hasta la fecha quién es el senior). El primero dijo que las películas de superhéroes suponían un "genocidio cultural". Iñárritu manifestó que no hay nada malo cuando tienes siete años y te gustan los superhéroes, pero que hay algo enfermizo cuando no se madura y aún te sigue apeteciendo ver esas películas de buenos y malos, que además cuestan enormes sumas de dinero.

  Downey Jr. ( ¿pero quién puñetas será el Senior?) replicó que para una persona cuya lengua materna era el español, poner juntas la palabras genocidio y cultural dejaba claro lo brillante que era. Les doy diez segundos para que manden a Robert Downy Jr. al lugar que se merece, ni muy limpio ni muy honesto, antes de continuar, no si antes recordar que el actor carece de estudios. ¿Ya? Entonces sigamos. 

  El asunto de las películas de los superhéroes parece banal, pero la respuesta salvajemente racista del actor pone de relieve que se ha tocado un asunto delicado, como el nervio que de repente te descubre el fisioterapeuta en algún lugar recóndito de tu anatomía y te hace rabiar de dolor. Criticar a los superhéroes es en cierto modo tocar un nervio, un nervio americano, por supuesto.

  Nunca termino de sorprenderme por cómo las películas de entretenimiento para masas, las supertaquilleras como Los Vengadores, La Era de Ultron (The avengers. Age of Ultron 2015) son las más explícitamente políticas. Por poner el ejemplo de este último, el paralelismo que hace del papel norteamericano de garante de la paz realizado con operaciones rápidas sobre el terreno en vez de con costosas invasiones es tan grosero, que se acerca a la pura propaganda. Mención aparte es el papel de las mujeres, que si son felices, esperan a su superhéroe marido en su granja de Wisconsin, pero si son luchadoras, se debe a un oscuro trauma (son estériles o huérfanas) a la espera de ser rescatadas sentimentalmente. Debo añadir a esta mini-reseña que la película resulta enrevesada y soporífera. Se puede resumir en que los efectos especiales hechos por genios (que contaban con 220 millones de dólares de presupuesto) y un guión realizado para infantes poco exigentes (si es que existen).

  Pero sería injusto decir que esta película represente al subgénero de superhéroes, donde hay cintas notables, algunas son capaces de darle una vuelta de tuerca a los superhéroes, como el Caballero Oscuro (The dark Knight 2008) , Hulk (2003) o incluso Los Increíbles (The Incredibles 2004). Pero plomizas e interesantes comparten la misma naturaleza.

  Como dice el periodista de New Yorker, Richard Brody en su artículo "Advice for Robert Downey, JR.: "Iñárritu está en lo cierto. Las películas de superhéroes tratan sobre el poder (el poder personal, el poder militar, la autoridad pública y las fantasías individuales de poder. En su, a menudo torpe forma, juntan a escala mundial el conflicto entre los sueños íntimos y sus fracasos. Esa es la razón de su éxito. Representan de manera caricaturizada los grandes miedos, esperanzas, anhelos. Es verdad que no tienen mucho que ver con la vida real, pero si están llenos del material de la imaginación". 

  ¿De la imaginación, de los miedos, de los anhelos de quienes? 
¿De todo el mundo, especialmente del mundo norteamericano? 

  Los superhéroes no solo son bichos raros, y en esa faceta son toda una ayuda para comprender la diversidad funcional. No se debe olvidar que tienen una labor fundamental: luchar contra el mal y el crimen, habitualmente supervillanos que no se conforman con llevarse el dinero a las Islas Caimán, sino que quieren destruir el mundo, comenzando por alguna ciudad de Estados Unidos. 

  Puede que el superhéroe hable de poder, pero principalmente habla del miedo. Es una fantasía que se construye sobre el terreno abonado del pánico a fuerzas desconocidas que quieren imponer el terror. El superhéroe es una respuesta fantástica al pánico histérico, quizá el mismo que hace armarse hasta los dientes al granjero de Texas o a militarizar a la policía de los Estados Unidos. Un miedo local que se quiere hacer global.

  Seguramente alguien objetará que de ser así no se explicaría el éxito global de los superhéroes y del cine americano de acción a lo largo y ancho del mundo. No niego el atractivo de sus personajes, mitad dioses, mitad monstruos. Pero denme a mi, o mejor a alguien con talento, 220 millones de dólares, (y otro buen puñado para promocionar la película) y verán lo que es capaz de hacer, sin necesidad ponerse histérico porque un robot chalado nos quiere aniquilar. 




El humor está aquí, en alguna parte
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5 comentarios:

  1. Es un género tan válido como cualquier otro. Se le puede dar una vuelta de tuerca atractiva o mezclarlo con otros géneros y tener algo bueno. Sus temas son tan infinitos como los de cualquier otra ficción. Un escritor o director sin talento pueden destrozar o hacer infantil cualquier otro género por mucho que se venda al mundo adulto. Películas románticas, dramáticas, etc. infantiles las hay a puñados. Y el hecho de romperse la cara en un bar porque se han metido con tu equipo de fútbol ni te cuento. La madurez no es algo que se alcanza y se tiene todo el tiempo. El mismo Iñárritu que se cree tan mayor, está haciendo su pataleta porque le dan más dinero a los superhéroes que a su cine(y ojo que mal no le va, ya quisiera yo currar en sus circunstancias). Al final, pienso yo, lo mejor es ir al cine y juzgar las películas por su calidad independientemente de si son de género o pertenecen al mainstrean más academicista donde no todo lo que reluce es oro.

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  2. Te doy la razón en gran parte. No todo el cine que se dice "independiente" es de calidad, igual que no todo lo "alternativo" es trigo limpio. No hay que dar carta blanca ni a ellos ni tampoco a la producción más comercial, que no solo dispone de mucho dinero, sino que además no es tan inocente como quiere aparecer. Como tu bien dices no solo en los superhéroes, más aún en las peliculas de acción y no digamos en las "románticas".

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  3. Válidos son todos, y más con dinero, pero que sea apto o no para mentes no adocenadas es otra cosa. Quiero decir, todo es demasiado SIMPLE, el bien y el mal, el bueno y el malo, las traumas, complejos etc. No me gustan las películas de superhéroes, pero sí las de fantasía, no sé si será una incoherencia. Se pueden hacer películas divertidas, originales, ácidas, irónicas, como lo fue en su día Stardust, que no tuvo ninguna repercusión en los medios pero sin embargo tuvo un elenco muy importante de actores. Y está llena de escenas, diálogos etc que le dan mil vueltas a los manidos superhéroes. Buen artículo.

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    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario y tu opinión. No he visto Stardust, pero voy a solucionarlo este mismo fin de semana.

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  4. Interesante manera de verlo, aunque nunca me lo había planteado. Ahora que lo veo desde lejos, creo que cuando leía algo en mi juventud era para pasar el rato, sin más...aunque aquellos cómics de hace treinta años eran muy distintos !

    Saludos

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