25 julio 2015

Érase una vez un león

  Érase una vez un león llamado Cecil. Cecil estaba a lo suyo, a lo que todos los leones. Me echo una siesta de quince horas, acecho a una manada de gacelas Thompson o unas cuantas cebras. Pongo a raya a los advenedizos que tratan de disputarme mi condición de macho alfa. Me doy una carrerita, me como un ñu, cubro unas cuantas hembras. Una vida de león en libertad, en suma. Nada que envidiar a ningún felino y menos a esos idiotas de los tigres de Bengala. 

Lizzy Stewart - The Lion's Laugh
  Cecil era además el símbolo viviente y a cuatro patas de un país, Zimbabue. En términos vulgares podríamos decir que era en el parque de Hwange lo que Guardiola en Cataluña o Pablo Iglesias en Podemos. Con permiso de los elefantes y de algún grupo de hienas descontroladas y risueñas, Cecil era el rey de la selva. Viendo su magnífica estampa no es de extrañar que fuera un animal tan emblemático. Cecil era un magnífico ejemplar de porte regio y caminar mayestático. Era el león al que todos los escudos adornados con leones del mundo (y son muchos) les hubiera gustado parecerse. Tenía 13 años, y era el felino más grande de una región llena de felinos grandes. 

  Y todo estaba en estos felices y armónicos términos hasta que la pasada semana apareció un cazador que como en el cuento, puso fin al rey león, al dragón, a Cecil (quizá lo confundiera con el cruel Cecil Rhodes). Del cazador se sabe que pertenece a una curiosa asociación de cazadores y guías profesionales conocida, como siempre, por sus siglas en inglés, ZPHGA, que pagó 50.000 euros por el ejemplar, que lo mató con una flecha y que su pasaporte es... español

  Lo primero que se me ocurre cuando se dice que es un español, es que probablemente no sea un español. Es decir, que sea español de pasaporte pero tenga un sentimiento nacional de alguna de las otras autonomías y ciudades autónomas. Ignoro cuántos españoles hay miembros de la ZPHGA. Quizá sean una multitud y por eso no dan con su identidad. Yo estoy deseando conocer quién es. No solo para poder sumarme al escarnio que ya le tienen preparado en las redes sociales, también porque estos sucesos siempre sacan a luz historias insólitas. Por ejemplo, un abogado que perseguido por el colegio provincial aprovechó su última minuta para ocultarse en un país africano y convertirse en el arquero más letal de la sabana. ¿Un político corrupto? ¿Un ex consejero de la CAM? ¿Un ex futbolista, tenista, solista, dentista? ¿El hijo de un famoso? ¿Oleguer Pujol?

Solo para divertirnos. Hagamos una lista de sospechosos. 

  Debe de tratarse de una persona amante de la caza mayor, con tiempo y recursos económicos. Un cazador experto. Una persona que se haya cobrado todo tipo de piezas, desde rinocerontes a elefantes de Botsuana, desde impalas a empleados de gasolinera, y que por tanto, su apetito cinegético solo pueda ser saciado con un animal realmente único y exclusivo. Pongamos que su nombre empieza por "Juancar" y termina en "Bon". Buena hipótesis, pero altamente improbable. No porque dijera que nunca más lo volvería a hacer. Si se tiene una pasión es para siempre, y por supuesto es más poderosa que la voluntad. Pero debemos recordar que Cecil fue cazado (asesinado si usted es animalista) con una flecha. Eso supone una energía que parece requiere una persona en excelente forma física. Eso casi lo descarta (aunque la cirugía y el tiempo libre bien aprovechado obran milagros). Sin embargo veo altamente improbable que pague una cuota de la ZPHGA o cuota alguna.

  La otra persona célebre, además de por su talento, por su rara afición a la caza con arcos y flechas, es el insigne cirujano y arquero Pedro Cavadas. Da el perfil. Es cazador y arquero. Pudo arrancar la cabeza de Cecil con precisión y meterla en un tupperware sanitario gigante. Está forrado de pasta. Es lo suficientemente excéntrico como para pagar esa suma de dinero y no es de extrañar que esté en la ZPHGA así como en una veintena de asociaciones más, desde los expertos en esperanto, a la esgrima, el salto de trampolín y los traductores de sánscrito. Sin embargo, me temo que debemos descartarle.  En primer lugar porque, seguramente, después de cazarlo lo hubiera intervenido, curado y mejorado con un par de alas de águila perdiguera. Y en segundo lugar, porque fuentes solventes informan que le vieron el día de autos interviniendo quirúrgicamente primero y zampando después una croqueta de jamón en una tasca de Valencia.

  ¿Y si se tratara de una cazadora y no de un cazador? Las sospechosas son la mitad de la humanidad. En ese caso, si la culpable se llamara Angela o Christine podríamos nombrar a Cecil héroe por la libertad. Pero en cambio si se llamara Artemisa (y tiene unos antecedentes francamente desfavorables) no creo que ni una coalición de Syriza y simpatizantes de Demis Roussos sacara de ésta a Grecia.

  Me inclino, no obstante, más por el ex Consejero de la CAM, por un antiguo alto cargo de Canal Nou, por alguno de los hijos de Pujol o un directivo de televisión gallega... el bisnieto del inventor de la empanada gallega.... un bosquimano nacionalizado español  que ha hecho una fortuna organizando viajes de aventura... Lo que es seguro es que se mostrará contrito ante las cámaras. "No quería matarlo, solo asustarlo. Me dijeron que la flecha le hería pero no le mataba. No sabía que el león era Cecil, pensé que era el león José Carlos, no sabía que era un león, pensé que era un gato sobrealimentado, disparé a una gacela, pero de manera inopinada Cecil se puso en medio. Cecil me atacó y tuve que defenderme. Cecil mató a mi novia y tenía que vengarme, me envenenaron los nativos con un brebaje y después me obligaron a matarle...".

  Los expertos dicen que con la muerte del gran león está asegurada también la de sus cachorros a manos del nuevo jefe de la manada, con lo que la tragedia cobra tintes shakesperianos. 

  Cecil era un león símbolo de la vida salvaje de Zimbabue y el cazador español (aunque vete a saber de qué nacionalidad). Zimbabue ya no tiene a su león pero a nosotros nos sobran los pretextos que tarde o temprano ofrecerá el villano del cuento.




El humor está aquí, en alguna parte
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11 comentarios:

  1. Muy bueno. Gracias

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    1. Siempre quise que me llamaran tío muy bueno. Gracias a ti.

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  2. Va a ser que si se sabe la identidad del "héroe", pero no se dice. Me temo que la cosa apunta muy alto. Claro con tal gran pifia, todo tapadito. Y los otros pringados, detenidos.

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  3. Erase una vez un señor, torero de profesión, que en su época de mayor esplendor, vivía en casa rodeado de cabezas disecadas y en compañía de un tigre...No sé si aun tenga capacidad económica para resolver el problema de los 50.000 pero locura le sobra y afición a los safaris también.

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  4. ¿Y si al final no era español? He leido las primeras noticias y los comentarios dejados por los lectores, además de este post. La sorpresa llega cuando lees las últimas novedades, y los nuevos comentarios. Si es español, se merece como mínimo que su facebook/twitter sean bombardeados y como máximo ser lanzado a los leones o sufrir la misma muerte que Cecil; pero cuando la nacionalidad cambia, hay quien hasta lo defiende, lo considera un favor para la naturaleza.
    Al margen de que los safaris me parezcan una especie de aberración sádica, me planteo la siguiente duda: ¿La nacionalidad de este personaje era relevante para condenar su acto?

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    1. Buena reflexión. Es curioso como todos envestimos como toros (con perdón) y acabamos arrastrados por las mulillas (con perdón). Ya preparo un post sobre los tontos, que como yo, lo hacemos.

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  5. Es usted la primera persona que "enviste" y al tiempo mete la pata por creerse lo primero que dicen los periódicos.

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  6. Bueno, "todos" los leones ..., pues no. El que domina -siempre temporalmente- la manada puede comer el primero, pero las que cazan son las hembras. El león mientras sea el dominante se dedicará a intentar a transmitir sus genes (cosa no fácil, y a la que ha de dedicar tiempo), y lo hará hasta que otro más joven ocupe su lugar (momento en el que ha de irse a otra parte o -al igual que los demás leones- aceptar que hay otro liderazgo. La parte menos idílica es que el nuevo dominante matará a su prole para que las hembras vuelvan a ser fértiles). Una vida programada para la supervivencia limitada de la especie (no tiene enemigos que lo devoren y controlan la población con esas reglas), aunque con más de una opción (un dominante que es temporal, las que cazan, los que van en solitario, los que hacen las paces ...) .

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