15 julio 2015

Memorias de un toro de encierro

 Me llamo Antidisturbios y nací en un pueblo de Cáceres. Soy un toro negro bragado meano de 450 kilos aproximadamente y cuatro años de edad, aunque todos me dicen que aparento tres y medio. Era astifino hasta que un veterinario, vendido al capital ganadero, me limó los pitones. Gracias a la Virgen del Buen Rabo y Dos Orejas, se trataba de un facultativo negligente y todavía tengo un buen par. Me gusta el cine clásico, la novela histórica, trotar con mis amigos, beber en el abrevadero y fastidiar a los cabestros. 

  Durante este verano he conseguido un contrato con la mercantil "Paco el del Corral" para ir de fiesta en fiesta amenizando con mi amenazadora presencia los encierros pueblerinos. No puedo decir que eso es lo que había soñado de pequeño, cuando pacía por las dehesas extremeñas y corneaba a los idiotas en los tentaderos. Hubo un tiempo que incluso me veía sacrificado en La Maestranza de Sevilla, pero luego comprendí que la tauromaquia era una cosa brutal, teniendo en cuenta que las banderillas se las clavan a uno y no al torero, como rumoreaban los fulanos de los sementales. En realidad el empresario me propuso una oferta "a la griega". O me hacía toro de encierros o me convertían en filete ruso. Por eso, dadas las circunstancias, estoy contento con el empleo. Viajas, conoces gente, haces ejercicio, aunque no todo el monte son vacas.


  • Un viernes de julio. Debuto en el pueblo de Villacafres de Arriba. Las fiestas se hacen en honor del patrón, el Banco de Santander. El local donde actuamos es en realidad una plaza vallada con unos ridículos tablones que podría demoler con dos envestidas desmañadas. Tengo que hacerme el loco y fingirme encerrado. Los mozos visten de blanco, pañuelo rojo o en calzoncillos. Se muestran en general gritones, torpes y timoratos. Debo andarme con cuidado para no llevarme por delante a unos cuantos. Aún así le doy un revolcón a un zagal que cae al suelo de mala manera. Compruebo que no le pasa nada. Su novia la espera subida a la cerca y le da un achuchón como premio a su torpeza: ¡humanos! Al cabo de un par de horas, aburridos todos, se clausura el espectáculo.


  • Un domingo de julio. Villacafres de Abajo. Nada que ver con los villacafrinos de arriba. Los mozos llevan camisa blanca y un pañuelo azul. El patrón del pueblo es el Deutsche Bank. Son muchos más numerosos y desafiantes. Esta vez el espectáculo es en una plaza mucho más grande. En el centro han puesto una especie de escenario. El perímetro está cerrado con barrotes de hierro (pocas bromas). La chusma se muestra agresiva conmigo. Me insulta y tira objetos. Los mozos son ágiles, fibrosos y con aspecto pendenciero. Decido hacer boicot y quedarme parado, como si el asunto no fuera conmigo, pero un tipo empieza a tirarme del rabo. Otro alude a que mi lugar estaría en cierta desconocida carnicería local. Me harto, hago un par de carreras y sin mucha dificultad empitono a dos mozos despistados. La gente grita, las chicas lloran y las ambulancias ululan como búhos. Ahora los mozos se muestran desconfiados, irritados pero acobardados. Está mal decirlo, pero me lo paso bien. Escucho a "Paco el del Corral" afirma que si me hago fama de peligroso aumentará mucho mi caché y lamenta que los dos mozos hayan salvado sus vidas. Al cabo de un par de horas, aburridos todos, se clausura el espectáculo.


  • Otro viernes de julio. Villacafres "A secas". Hay muchísima más gente que en los festejos anteriores. Parece que comienzo a afianzar una fama de res correosa y de malas intenciones. Me gusta. La patrona del pueblo es Mercadona. Los mozos tienen diferentes procedencias y, como es natural, deciden pegarse e increparse antes de iniciar el encierro. Actúo en un lugar en el puerto. Es obvio que quieren tirarme al agua para amargarme. Pero resulta que me caí a un arroyo de pequeño y el agua, el barro y los charcos me encantan. Los mozos están encendidos. Me insultan y arrojan objetos. Uno saca una espada no reglamentaria. Me tiro al agua y corneo a dos o tres mozos. Salgo del agua con un grácil salto ante el asombro general. Paco no cabe en sí de gozo. Al cabo de un par de horas, aburridos todos, se clausura el espectáculo.


  • Hoy. Actúo en Puebla de Paletos. Patrón: Apple. Estoy resfriado después del chapuzón del pasado viernes. Los corrales tenían corriente y el pienso fue malo. La verdad es que solo estoy para estar tirado debajo de una encina. Me viene el mismo veterinario vendido al capital ganadero e incompetente que me limó los pitones. No me hace ni caso y ni siquiera me receta una inyección. Me harto y le corneo. Sé que tengo mal genio, pero es que no soporto que las cosas se hagan mal. El encierro queda cancelado. Oigo a Paco que busca un sustituto. Se llama "Comediante". Lo conozco desde pequeño.¡Menudo paquete! Era el hazmerreír de la dehesa.




El humor está aquí, en alguna parte
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