13 agosto 2015

¡Peligro! WhatsApp

  Aunque no tengo la lista completa de todos ellos, (quedó en mandármela Lucifer) no me cabe duda de que hay dos ilustres difuntos que desearían haber contraído menos méritos y así no haber roto la "rueda de la vida" para volver de sus tumbas reencarnados en sí mismos y decir unas palabritas. Uno sería don Manuel Azaña, quien tendría con José María Aznar y los individuos de FAES una pequeña charla. El otro es el sabio canadiense Marshall McLuhan, a quien le bastaría decir: 

"Os lo dije, os lo dije, os lo dije, os lo dije". 

  Por supuesto, está su fundación, pero convengamos en que no es lo mismo.

  McLuhan, filósofo de la comunicación, falleció en 1980 y por tanto no pudo comprobar hasta qué punto era radicalmente cierta su famosa afirmación, frontispicio de las facultades de Ciencias de la Información de que "el medio es el mensaje". Sus críticos, que fueron muchos, deben estar rabiando su rencor por los rincones del camposanto. El conocido aforismo viene a decir que el medio por el que nos comunicamos (estaba pensando en los medios de comunicación de entonces), condiciona de tal modo lo que decimos (el mensaje) que viene a ser el mensaje en sí mismo. Aporto este vídeo que lo explica mejor. 

  Se habla mucho, y con razón, de la necesidad de prevenir a los niños sobre los peligros de las nuevas tecnologías de la información. ¿Y quienes lo vamos a hacer, los que hemos nacido en la época de los disquetes Verbatim y del video VHS? Estamos incluso más indefensos que ellos y no entendemos de la misa la media de las nuevas tecnologías. La mayoría vamos dejando rastros de nuestras vidas como el caracol su baba. Fotos inapropiadas, comentarios estúpidos u ofensivos, gustos reprochables.

  El WhatsApp, que desde luego es una fabulosa forma de comunicación, es también utilizando una expresión trillada, un campo de minas. No sé si les ha ocurrido a ustedes, pero yo he estado inmerso en más de un desagradable charco de confusión y malos entendidos en el WhatsApp. La otra tónica que domina en la comunicación por este medio, especialmente si se trata de grupos, es la banalidad y por qué no decirlo, la grosería y la suciedad informativa. Da igual que el grupo lo formen ex presidiarios o catedráticos de derecho administrativo. El discurso del grupo suele ser una amalgama informe, en el que proliferan trolls, personas que hacen spam informativo, mensajes más o menos ofensivos, otros que pretenden ser ingeniosos, y todos ellos tienden a sepultar información útil, que en ocasiones es el fin para el que fueron creados. Información como por ejemplo localizar un lugar, quedar con una persona o encontrar alguien con quien ir al cine o jugar al tenis. 

   Huir de nuestra soledad y desahogarnos en un mundo lleno de presiones y cortapisas. A solas con nuestro móvil nos sentimos relajados, acompañados (aunque sea solo de un modo virtual) y nos invita al desahogo. No creo pecar de exagerado diciendo que muchas veces es la puerta del baño donde poner groserías y soltar nuestras barbaridades para recuperar la condición de personas. Solo que la puerta del aseo es anónima, pero el móvil no. 

Pongamos un ejemplo inventado pero verosímil:


Javi: ¡Llorón!
Pepe: A que hora es el partido?
Juan: Llorón tú, veremos lo que dice el gordo, (Emoticono sacando lengua).
Luis: ¿Quien es el gordo?
Pepe: Yo no puedo ir al partido quien va.
Javi: Yo no te insultado, por qué me dices gordo.
Luis: Creo que era cariñoso jajaja. (Emoticono guiñando ojo)
Pepe: Alguien va por mi?
Javi: No creo que este bien insultar.
Juan: Tu dijiste llorón. (Emoticono ojiplático).
Luis: Seré gordo, pero no soy uno de esos asquerosos de Podemos. Je je je.
Vicente: Llorones y gordos, qué patetico.
Pedro: Vamos a ver quien es al final el asqueroso.
Javi: Yo paso de ir que vaya Pepe.
Pepe: Yo dije que no podía ir. Por favor, es un grupo para jugar, nada de política.
Javi: ¿Y ahora te mosqueas tú Pepe?
Miguel: ¿Sabéis que le dice un loro a una suegra?...
Isa: Ya estamos con las pobres suegras...
Juan: Que se vaya y no vuelva... ja ja ja...
Vicente: ¿Que vaya por cerveza?

Luis abandona el grupo.

Isa abandona el grupo.

  Y así, ad infinitum. Por pudor no he puesto las faltas de ortografía que jalonarían este "diálogo", pero los doy por reproducidos.

  ¿Queda demostrado? Dicho de modo más antipático, el WhatsApp es un impostor. Parece ofrecer privacidad cuando es público, el mensaje trasciende incluso a sus inmediatos destinatarios. Ofrece espontaneidad pero es formal. Nos invita a utilizar el lenguaje coloquial oral, pero es escrito. Los antiguos sabían que lo escrito, escrito está, y tiene una naturaleza simbólica diferente, más allá de su constancia documental, como diría un abogado. Dios, que es todopoderoso, pudo enviar al pueblo elegido sus mandamientos, por ejemplo, a través una cotorra santa e inmortal, que los repetiría fielmente y con voz de barítono al pueblo de Israel, pero en vez de eso prefirió grabarlas en unas tablas, para que tuvieran la solemnidad de la palabra escrita y para que Charlton Heston pudiera ir a recogerlas, y lo mismo hicieron todos los pueblos que conocieron la escritura a lo largo de la historia. Los que no, así les ha ido, y son pasto de documentales etnográficos. 

  Lo dicho para el WhatsApp por supuesto vale para Facebook, Twitter, pero entiendo que es aquí donde más se radicaliza su doble naturaleza. No se trata por supuesto de ser apocalíptico. Yo voy a seguir disfrutando de sus beneficios casi mágicos. Pero no como experto, pero sí como víctima, un zoquete de las trampas del medio, ofrezco unas sencillas reglas de manejo del WhatsApp y huir de las dos leyes de plomo de los mensajes instantáneos que dicen.

  • Si un mensaje tiene varios sentidos será interpretado en el más desfavorable de ellos.
  • Las posibilidades de malos entendidos son directamente proporcionales a la extensión de la conversación (que por su naturaleza tiende al infinito) y por el número de participantes. 
Así, solemne como me he puesto, en plan Moisés, bajo del monte:


  1. Recuerde siempre, el WhatsApp es un medio escrito, no es una conversación oral ni telefónica. Ni un ejército de emoticonos puede matizar sus palabras como lo hace un gesto, el tiemble de su voz o su mirada.
  2. El WhatsApp es torpe. Cualquier polisemia o ironía o doble significado podrá ser utilizado contra usted esté o no en presencia de un abogado.
  3. El WhatsApp es un medio inidóneo para mantener discusiones, especialmente si intervienen una pluralidad de participantes. Se pierden mensajes, se leen parcialmente y su brevedad les hace susceptibles de ser malinterpretados. Evite ponerse pomposo o trágico.
  4. Recuerde que no sabemos leer y menos mensajes de texto. No fuimos educados para ello, sino para aburrirnos con Ruiz Zafón y el Cantar del Mio Cid. Trate de escribir bien y asegúrese de que ha comprendido lo que le dicen.
  5. El WhatsApp es compulsivo. Antes de escribir, tome su tiempo, por ejemplo, coma una onza de chocolate o cante una canción popular corta.
  6. El WhatsApp no nos da ingenio si carecemos de él. Si no es gracioso en la vida real no lo será con sus mensajes, de modo que no lo intente. 
  7. Seleccione sus chistes. No llene de ruido las conversaciones y sea espontáneo pero cortés.
  8. Recuerde que si participa en un grupo no todo lo que le interesa a usted, le interesa o le importa a los demás. 
  9. Cuanto más WhatsApp utilice, menos llamará. Ni cien emoticos son más expresivos que el timbre de su voz. Si es importante llame, o mejor, quede para verse cara a cara, abrazarse y tomar una caña.



El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

  1. José Manuel alberca28 de agosto de 2015, 15:15

    Se dice que wassapp, facebook, twiter, etc. han sido creados por la CIA y aparecen personas fisicas o empresas como porpietarios, pero en realidad es para tener todos nuestros datos y m ovimientos.

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  2. Un gran artículo.
    Ciertamente la "red" acaba atrapándonos como peces par tenernos a disposición de los grandes manipuladores....

    Saludos
    Mark de Zabaleta

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