07 septiembre 2015

El mar

  Me he pasado el verano mirando el mar Mediterráneo y pensando dónde iría de viaje. Unos viajes me llevaban a Brasil, otros a África y alguno también a Francia, pero todos daban igual, porque ninguno iba a ser realizado. Resulta que vivo en Alicante. El piso que tengo alquilado es alto y tiene unas ventanas enormes que dan a la bahía. Desde allí se puede ver Santa Pola, la playa de San Juan, el Cabo de las Huertas. Por las noches las lucecitas de lo que parece un barco titilan en lontanza, pero no es un barco sino la isla de Tabarca, refugio de pescados locales y de zampadores de caldero de bogavante. 

  A veces, mezquinamente, me reconforta tener la certeza que más de uno que se cree rico e incluso pensará que el PP vela por sus "perras", suspiraría por estas vistas. Miro por la ventana y pienso que no tengo un duro pero tengo el mar Mediterráneo, los barcos que pasan de un lugar a otro, la patrullera de la Guardia Civil, los mercantes y los remeros.

  Cuando me mudé aquí pensé que eso "de las vistas" era algo un poco absurdo. ¿Otra actitud vagamente snob o simplemente los efectos de una severa miopía? Confieso, por tanto, que me fijé más bien en que el baño estaba bastante nuevo, lo cual era una novedad en mis "soluciones habitacionales" anteriores, y que el suelo también parecía relativamente contemporáneo. Para completar un buen lugar para vivir, los armarios cerraban y eran amplios y había vitrocerámica. Cualquiera se hubiera fijado en las vistas, pero yo pensé que solo se veía el mar, que a fin de cuentas no deja de ser más que agua con cosas. Cosas interesantes, no lo niego, pero que no iba a apreciar desde mi ventana. 

  En la película de Sydney Pollack, protagonizada por Robert Redford "Las aventuras de Jeremiah Jonhson" (1972) los hombres de las montañas, que viven cazando osos y enfrentándose a la naturaleza salvaje, no comprenden cómo se puede vivir "allá abajo en el Valle". Desde luego no me han atacado indios ni ballenas blancas. No creo que contemplar durante unos cuantos años el mar desde una ventana te convierta en marinero ni en aventurero, pero sí te cambia en algo diferente de lo eras. Dejas de ver tanto la televisión y de escuchar la radio, a la que antes era adicto. También leo menos. Alguno dirá que es una depresión o simplemente la pereza y que no meta al Mediterráneo en esto, que bastantes problemas tiene. Yo sostengo que es el mar, que cada vez que lo ves, es diferente y te convierte en su voyeur

  Cuando era pequeño y aún ferviente católico, al acostarme hacía el siguiente ejercicio, supongo que alentado por algún buen padre jesuita. Pensaba en todas y cada una de las personas que me importaban y me los trataba de imaginar en dónde estarían y qué hacían en ese preciso momento. Una vez conseguido, les deseaba buenas noches. Por supuesto cuando uno es adulto es más descreído y además hacer el mismo ejercicio de imaginación no resulta tan inmaculado: se podría sorprender a alguien en un momento poco conveniente. 

  Pero esa costumbre no ha desaparecido por completo. Supongo que con tanto mar, desde el primer párrafo habrán adivinado dónde quería llegar. Veo el mar desde mi ventana e incluso yo, que no soy especialmente asertivo, por utilizar esa abominable palabra, no puedo dejar de pensar en que justo siguiendo esas olas, un poco más allá de la línea del horizonte, no solo hay remeros, veleros y patrulleras.


Hay gente que lucha por sus vidas en barcas de juguete y acaban ahogados con los ojos devorados por los peces, con el cuerpo hinchado y la piel blanquecina. Ahora mismo puedes oírlos pidiendo socorro si pones la oreja pegada a una caracola. 


 La foto de un niño ahogado en la orilla nos ha despertado. 

  ¿Por qué ese niño y no otros que también murieron y fueron fotografiados sobre la arena? Quizá aquel niño era el mapa escondido en la botella, que no lleva al tesoro sino al cofre de la ignominia que alguien enterró en la arena: cuarenta pasos a la derecha de un despacho y luego diez a la izquierda de un ministerio, junto al cráneo del hombre vacío y sin corazón.





El humor está aquí, en alguna parte
Síguenos en Facebook y Twitter

10 comentarios:

  1. si, si, pero que se queden en turquia, que si no hubieran ido en barca a grecia no habria pasado

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu comentario de ocho faltas de ortografía en veinte palabras.

      Eliminar
  2. Me parece muy bien pero Vd. ha contado con la opinión del resto de los españoles en particular y de los europeos en general, me temo que no. Mire tanto buenísmo empalagoso aburre, aunque quede muy bonito. Nosotros no tenemos ninguna responsabilidad de lo que esta ocurriendo en Siria e Irak, además no olvide que quienes los están masacrando son individuos de su misma religión, Es decir Islamistas, así que se pueden ir a los ricos países de la península arábiga.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si tiene la paciencia de estudiar la reciente historia de la zona, verá que es exactamente lo contrario de lo que opina. Verá que decisiones políticas se tomaron, el apoyo financiero y militar en la zona y otros datos de interés Le animo a hacerlo, es muy interesante. Por otro lado, no confunda islamistas con musulmanes, son dos conceptos distintos. Gracias por leer el blog y sus comentarios.

      Eliminar
  3. A su pregunta de por qué ese niño y no otros que también murieron y fueron fotografiados sobre la arena ha removido las conciencias de los políticos y de la sociedad europea, añadiría que aun reconociendo la terrible tragedia que ha supuesto para su padre que se ha quedado solo y ha tenido que volver a Siria después de rechazar el asilo que ahora le ofrecía hipócritamente Canadá después de habérselo rechazado en junio, me parece una tragedia aun mayor si cabe, lo del camión con 71 muertos, incluidos varios niños, asfixiados, y sin embargo este terrible suceso no pareció conmover a los políticos sobre todo, lo cual demuestra una vez más la hipocresía de la mayoría de los que tienen el poder.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hipocresía y poder parecen ir de la mano. Gracias por tu comentario.

      Eliminar
  4. Hay una oleada de buenismo, alentada desde determinados estamentos y ya se sabe, todos a llorar por las terribles fotos que vemos en los medios y a pedir que nos pongan un refugiado en el cuarto de estar. Yo, que tuve familiares en los dos bandos de la guerra española, recuerdo lo que me contaba mi abuela de familiares suyos, hermanos entre sí, que estuvieron en bandos distintos y de los soldados franceses y senegaleses que vigilaban en los campos de concentración a los que se les ocurrió pasarse a Francia al final de la guerra. Ninguno se fue de España durante la guerra porque esto era asunto de todos y estaremos de acuerdo en que sólo escaparon los imprescindibles. Ahora nos toca sentirnos culpables de las víctimas en las que pelean los hermanos, maridos o hijos de los que se vienen (no son marcianos los que luchan), cuando los países que han dado la patada al avispero son otros y tengo casi la certeza de que la gran mayoría no son sino emigrantes económicos y si no se lo creen miren a esos que llegaron a Uruguay y se quieren marchar porque "no se dan las condiciones apropiadas".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Precisamente porque los españoles tenemos una memoria reciente de ser refugiados, es por lo que estamos dispuestos a que sea real el ejercicio del derecho de asilo. No es "buenísimo" es justicia. Estoy seguro que si usted fuera quien huyera con su familia de la guerra y no quien escribe confortablemente desde un lugar seguro, estaría de acuerdo conmigo. Gracias por el comentario yo por leer el blog.

      Eliminar
  5. Como musulmana te agradezco que sepas distinguir entre los islamistas y nosotros. Y te agradezco también este texto tan entrañable y tan humano. Entre tanta propaganda, manipulación, buenísimo, xenofobia, multiculturalismo y demás discusiones políticas, a veces nos olvidamos de que estamos hablando de personas. En el Islam se dice que los que mueren en el mar son mártires. Gracias a Dios que ha querido poner al Paraíso para algunos entre la guerra y algún piso con baldosines del siglo XIX. Al fin y al cabo, como decía Manrique:
    allí van los señoríos,
    derechos a se acabar
    y consumir;
    allí los ríos caudales,
    allí los otros medianos
    y más chicos;
    y llegados, son iguales
    los que viven por sus manos
    y los ricos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias a ti por tus amables palabras, y por recordarme este bello poema.

      Eliminar

¡Gracias por tu comentario!