05 octubre 2015

Esta falsa tortilla gigante no pudo ser la primera

  Aunque les supongo al tanto del "tortillagate" (el chiste no es mío), les pongo en antecedentes, porque esta noticia me servirá de pretexto para todo que tengo que decir. El pasado mes de agosto Vitoria celebraba un evento llamado "Capital española de la Gastronomía". Una de los actividades consistió en hacer una tortilla de patata gigante, de dimensiones tan descomunales, colosales y ciclópeas, que no hubiera contemplado tan desaforada tortilla de patata desde que el mundo es mundo. Dicen que se descartó hacer una txistorra gigante, que era la primera idea, por sexista y por no querer vinculación alguna con el mundo abertzale.

  Particularmente tengo el pintoresco punto de vista de que todos estos récord Guinness de tortillas, salchichas, bigotes, uñas, caramelos, pizzas, hamburguesas, cejas, ingesta de champiñones por minuto, son por su naturaleza bastante absurdos. No niego la habilidad que hay que tener para realizar algunos de ellos, pero siempre me pareció que los poseedores del récord estaban mucho más cerca del diván del psiquiatra que de la gloria. Por otro lado ¿realmente puede comerse una paella para quinientos o una tortilla para mil?

  Me pondré la venda antes que la herida para recalcar que no soy tan aburrido como parezco. Simpatizo con los excéntricos, siempre que sean divertidos, que no pongan en riesgo su seguridad ni la de otras personas y que lo que hagan no nos cueste dinero a los demás. La tortilla vitoriana tenía un presupuesto de 50.000 euros (45.000 según otras fuentes). Mucho dinero para una ración de algo que te dicen que es tortilla de patata, pero que ni remotamente se parece a lo que ofrecen mis bares de referencia. Obsérvense las fotos de la criatura descomunal y compárela con una tortilla autóctona. Supongo que ya entonces debió hablarse de vergüenza, ridículo.



  Como es bien sabido, la historia acabó peor, puesto que Guiness no reconoció el récord, y la ciudad de Vitoria no podía pasar a la historia como padre de la madre de las tortillas y no pudo desbancar a la poseedora del récord, que como todos sabemos es la ciudad cuyo nombre es sinónimo de la tortilla de patatas: Tokio. El alcalde entonces de la ciudad Javier Maroto (PP), dijo que el mero intento había merecido la pena. Se trata de uno de los mantras postmodernos. Ya se sabe que el verdadero fracasado es el que no lo intenta y que si se puede soñar se puede realizar, etc. 

  Sin embargo, lo interesante de la historia es que Maroto sabía de antemano, de acuerdo con el nuevo equipo de gobierno vitoriano, que no se podía batir el récord japonés con las cantidades pactadas con el cocinero experto en tortillas, Senén González. De modo que siguieron adelante, no por un virtuoso espíritu "just do it". ¿El fraude por el fraude?


Póngase usted en el lugar del alcalde antes de cocinar y qué hubiera hecho. 
¿Abortar el falso intento de récord o seguir adelante? 
Tómese su tiempo.

  En la nueva película de Woody Allen, "Irrational man", un profesor de filosofía deprimido y que lleva una existencia vacía, encuentra en el crimen (que justifica como un acto de justicia) un modo de devolverle el sentido a su vida y la capacidad de gozar. En "Match Point"el criminal protagonista soñaba con las personas a las que había quitado la vida, dialoga con ellas y reprime su remordimiento mediante conversando con sus víctimas la necesidad de su crimen. Sin embargo lo inquietante estriba en que tanto si el arrepentimiento existe como si no, es mucho más sencillo cometer un crimen posterior.

  Por supuesto que la tortilla de patatas no sea la más grande del mundo no es un crimen. Tampoco 50.000 euros es una cantidad escandalosa si se compara con otros asuntos de despilfarro. Al menos sirvió para que un buen puñado de personas llenara el buche. Pero por lo visto sabían que era un fraude y siguieron adelante.

¿Qué cualidad se debe tener para tomar esta decisión?
 ¿Qué experiencias se han vivido? 
¿Qué hubiera hecho usted?



El humor está aquí, en alguna parte
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2 comentarios:

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