12 noviembre 2015

Los comentarios

  Las madres hacendosas solían utilizar las sobras de las comidas para hacer otras aún más apetitosas, tan hábilmente camufladas que parecían un plato completamente distinto. El pollo se reencarnaba en canelones, el cocido en albóndigas, la gallina en sopa y a veces el agua en vino. A nadie le gusta comer lo mismo cada día. Supongo, que como tantas otras cosas, es nuestro antiguo vestigio de cazadores recolectores, que raramente podían repetir el menú. Hoy unas frutas salvajes, mañana un manatí, pasado hambre y al otro más hambre.

  Con la información nos pasa lo mismo. Una ración de independencia de Cataluña, unas tapas de debate sobre la violencia de género (que no es de género, es doméstica, insisto, sí es de género...) el Real Madrid, Ronaldo hoy le duele aquí, hoy ríe, hoy llora, Palestina. ¡Ay Palestina/Israel! ¿Veremos el fin del conflicto algún día? Bien, todo eso es divertido y estimulante. Es mejor que pelearse con los funcionarios, rellenar el IVA, hacer una entrevista de trabajo o esperar el metro, si se tiene el interlocutor adecuado. Visceral, pero no mucho. Informado (pero no tanto como uno mismo). Buen conversador y mejor perdedor. Cansa leer las noticias y estar debidamente manipulado, quiero decir informado.

  Suerte que las ediciones digitales nos han regalado una sección que sustituye por su amenidad y morbosidad a las necrológicas. La sección de comentarios de los lectores. Leo un insulso editorial del Financial Times en el que se declara (por razones no muy aclaradas) en contra de la independencia de Cataluña, (igual que antes estaban en contra de la de Escocia). Observo que más de noventa lectores, la mayoría anglosajones, se han animado a comentar el editorial y comienzo a salivar, igual que lo hago con los canelones (que antes fueron pollo) o con el relleno de las empanadillas (que antes fueron Dios sabe qué).

  Es verdad que algunos comentarios son de locales ibéricos. Se les nota por el tono y porque reproducen los argumentos cien veces regurgitamos. Pero por suerte la mayoría son anglosajones. Y comienzo a paladear el sabor de la ignorancia. Hay algunos hispanistas que han cursado estudios en barras de Benidorm y de la Costa Brava. Otros incluso tienen algún amigo nativo en la zona de conflicto. Alguno no diferencia bien España de Italia (el rico norte y el deprimido sur), otros en cambio están seriamente preocupados por el futuro del FC Barcelona. Paso un rato y extraigo mi preferido. De acuerdo con un lector, la independencia no tiene sentido ya que el aspecto de los españoles y los catalanes es idéntico y además hablan igual "y mueven las manos igual". 

  ¿Cómo muevo yo las manos? Me voy al espejo y empiezo a hablar conmigo mismo pero como si yo fuera otro, por ejemplo un tipo listo y guapo que se lleva a las chicas de calle y trabaja asesorando peces gordos por todo el lugar del globo. —"Mañana me voy a Singapur" ¿En serio? Tú si que sabes. No noto que mueva las manos de ninguna manera. ¿Será el mismo lector que confundió España con Italia?

  Por desgracia, no siempre es fácil encontrar comentarios extranjeros. Algunos asuntos carecen de esas delicatessen y tienes que acudir al producto local. Eso sucede por ejemplo con el último artículo de Arcadi Espadas, sin trascendencia internacional, pero un volcán en nuestra rebotica. Se trata de un artículo por supuesto falaz, donde se mezclan medias verdades con falsedades para llegar a una conclusión insultante. Tengo una debilidad sin duda morbosa por los provocadores, incluso cuando deba reconocer que tienen la catadura del tal Espada. 

  Quizá mis niveles de serotonina andan bajos y leo con cierto placer (no tanto que con "mi inglés" experto en manos hispanas) los comentarios que el artículo ha generado. Por supuesto la mayoría de ellos son insultantes con Espada. Machirulo. Despreciable... Alguno pide la intervención de la policía y la fiscalía. El más original es uno que le llama "mamífero". Sospecho que el propio autor los paladea más que yo, seguramente con un gin tonic. El editor le dará la enhorabuena, le informará de cómo han subido las visitas a la edición del periódico. Todo bien. Sigue así muchacho.

  Los comentarios de los demás me hacen bien, más civilizado, pues cuando empiezo a pensar insultos me sube la tensión y me baja la líbido. Más culto, al menos sé poner en el mapa Cataluña y sé que el valenciano no es un dialecto del español. Puede que mis opiniones no sean tenidas en cuenta por nadie, y que básicamente soy otro tipo más que espera solo en un andén y no siempre para tomar el tren correcto, pero las opiniones de los demás me hacen mejor persona. 

  Seguramente no valen gran cosa. Ni están fundadas, y ni siquiera son imparciales y bienintencionadas, pero debidamente troceadas, aliñadas y empanadas, fritas en un buen aceite de oliva, son deliciosas, y se pueden comer de un día para otro.

Fred One Litch


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