26 noviembre 2015

Música: Siete notas

DO. James Rhodes. "Instrumental. Memorias de música, medicina y locura". Editorial Blackie Books. La contraportada del libro dice: "Me violaron a los seis años. Me internaron en un psiquiátrico. Fui drogadicto y alcohólico. Me intenté suicidar cinco veces. Perdí la custodia de mi hijo. Pero no voy a hablar de eso. Voy a hablar de música. Porque Bach me salvó la vida. Y yo amo la vida". En realidad, como la mayoría de los drogadictos o exdrogadictos (y muchos músicos), Rhodes miente. Se habla de música, pero más de locura y abusos. Utiliza el estilo descarnado, corrosivo y faltón que tan bien utilizan los anglosajones. En España todavía se demuestra que sabe escribir cuando uno de tus personajes dice cosas como: "No pude por menos que descorrer las cortinas para que entrara el reconfortante aire del estío".

RE. No hace falta pasar por las experiencias tremendas y horribles de Rhodes para confirmar el poder terapéutico de la música. A veces todo lo que se necesita para recuperar la cordura es la música apropiada, una copa y un pañuelo, a ser posible limpio. La música que te pone melancólico, la que te convierte en Novak Djokovic, la que te recuerda a cierta persona o la que te ayudó a olvidarla o incluso a espantarla. El poder evocador de la música es tal que para cierta generación es imposible escuchar "Las cuatro estaciones" de Vivaldi sin pensar en la miel de La Granja San Francisco.

MI. Rhodes pasó por psiquiatricos y drogas, pero la ventaja de haber sido, y  todavía seguir siendo un capullo pirado (lo dice él, no yo), es que ha conseguido ser lo que quería. Un concertista y una celebrity. Todo ello gracias en parte al talento y la inteligencia, si no ahora solo sería un capullo y un pirado. ¿Pero dónde se compran el talento y la inteligencia? Los suizos están convencidos que en parte en la propia música. Parece demostrado que la enseñanza de la música en edades tempranas ayuda al desarrollo cognitivo, creativo, intelectual y psicológico. Por eso los suizos aprobaron en plebiscito consagrar la enseñanza de la música como un derecho constitucional.

FA. Los padres de Rhodes no querían que su hijo siguiera sus inclinaciones musicales y preferían que fuera a la universidad a estudiar "cosas serias". El arte genera admiración pero también desconfianza. Se trata de una actividad que se vuelve lícita con tal de que queden asegurados ventajosos beneficios económicos (como si algo diferente de tener un amigo en la política los garantizara ahora). Einstein decía que tocar el violín le ayudaba a pensar, y no dejó de hacerlo ni siquiera en la extravagante visita que hizo a España.

SOL. ¿Pero qué música? Tengo un colegio cerca de mi casa. No me molesta pero sí me hace sentir un extraterrestre cada vez que celebran uno de sus akelarres escolares, supongo que coincidiendo con Navidad, Semana Santa y la fiesta local, Las Hogueras. Alguien saca unos altavoces (que suenan fatal) y desde buena mañana hasta la noche (literalmente, puesto que acaban pasadas las doce) con algo que llaman música a todo volumen. ¿Qué música? Acabaré antes si digo que es sonido de macarras. El colegio se convierte en un after de pastilleros, un local de chulos sin puntos en el carné. Parece que mi colegio vecino no es la excepción. Los profesores se excusan en que "eso es lo que les gusta a los niños". —Ignorante, confiesa que eso es lo que te gusta a ti—. Educar el gusto debería ser parte de la pedagogía. Al menos dar a probar y si después deciden que les gusta más la carne de McDonalds que la gamba roja sabremos que es bueno para su economía y que el infante es un tontaina. ¿Soy un pedante por proponer a Wagner, Schubert, a Kinks, o solo soy viejo? La vulgaridad nunca será penalizada, estoy seguro.

LA. Una amiga norteamericana me dijo que le llamaba la atención lo mala que era la música que se escuchaba en España. En los bares, en las fiestas... ¿Le mandé a tomar viento? No, es algo que yo también pienso. La mala música nos persigue por las calles como la ensaladilla seca y los cacahuetes rancios de ciertos bares. La enseñanza musical ha sido perseguida en este país por curas y burócratas (mucho más intensamente y con más éxito por los segundos). Hay una atracción y un rechazo. Solo en la Comunidad Valenciana hay en la actualidad, según la Federación de Sociedades Musicales de la Comunidad Valenciana, más de 540 sociedades musicales. No es difícil encontrar en cada familia una persona que toque el saxo, el clarinete o la trompeta. 

SI. Mucho hablar y poco tocar. Mi madre me llevó de pequeño al conservatorio y según ella decidí no seguir acudiendo a clases. No se perdió nada. Soy patológicamente patoso con las manos, como ha descubierto mi sobrina intentando que aprendiera al piano "Imagine" y "Gatito y perrito". Mi sobrina mayor estudia ya el tramo profesional de piano. La mediana (como dicen las abuelas) estudia piano y percusión; y la pequeña espero que empiece pronto. La mayor todavía no acaba de comprender la enorme diferencia que existe entre poder tocar a Chopin y el resto del mundo. ¿Cristiano Ronaldo? Un ser humano notable, sin duda, pero un australopiteco al lado de Grigory Sokolov. Para ella tocar el piano no es una habilidad especial. Simplemente es fruto natural del trabajo (mucho) y de las enseñanzas que ha tomado, como saber hacer raíces cuadradas. Tiene un grupo de música, le parece que lo que su tío escribe en el blog son bobadas y está decidiendo qué papel tendrá la música en su vida. Yo mataría por poder tocar la Heroica de Chopin. Cómo no, solo puedo poner un enlace de youtube. Mi madre me la debía poner porque la tatareaba en la cama, mientras trataba de dormir conjurando a los monstruos. Hasta ahora nunca me ha fallado.

¿BEMOL O SOSTENIDO? Primero debo salir al paso de algunos comentarios a los que ha dado lugar el párrafo anterior. Aprendí a tocar "Gatito y perrito", ¿vale?. Y "dicho esto" (muletilla de moda) debería "sí o sí" (muletilla odiosa de moda) recomendar algo de música. Música para deprimirse (o para los amigos en la terminología de Trueba), música para ponerse "on fire" o música para para ligar. Pero eso supondría arrogarme (que bonita palabra) unos conocimientos que no poseo. ¿Dónde he dicho que yo soy experto en música? Pero saldré del paso recomendando la música de la película Master and Commander, que ya he mencionado otras veces. Me atrevo a volver a hacerlo porque una vez leí que a Javier Marías le encanta y citar a sabios siempre parece que convalida las propias debilidades. Toda la banda sonora es fantástica, pero mencionaré mis tres temas predilectos. El segundo movimiento del Trío Opus 100 de Schubert.  La musica notturna delle strade di Madrid de Bocherini utilizada en  la equívoca escena final que recuerda a la partida de tute con el que culmina Viridiana. Pero si tengo que elegir, me quedo con el marinero que se pierde para siempre en el océano mientras suena Fantasia on theme by Thomas Tallis de Vaughan Williams y que ya utilizó Gonzalo Suárez en "Remando al Viento".

Me callo ya, o como diría James Rhodes, cierro el puto pico, para que puedan escuchar.





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