03 diciembre 2015

Cómo ser Arcadi Espada

  Debe de ser algo muy divertido ser Arcadi Espada.

   Durante años te lo curras como escritor, y para qué negarlo, llegas a ser un escritor bueno, a veces incluso brillante. Por otro lado tienes esa mala baba irónica y tóxica que se les supone a los literatos de postín. Algo así como si fueras un heredero de Quevedo, un sobrino de Camilo José Cela pero con la inventiva de Oscar Wilde, pero sin la necesidad de ser homosexual y pasar por un proceso penal penoso.

  El caso es que eres todo eso y llegas a una edad en que estás descreído de todo, y la verdad, ya sabes que no vas a escribir nunca como Vargas Llosa, pero al menos sabes que no vas a morir de sífilis ni tienes deseos de convertirte en un escritor de culto, uno de esos que se fuman seis cajas de cigarrillos al día, que viven obsesionados por la literatura mientras sorben sopas de sobre en alguna pensión de mala muerte. Tienes los cincuenta o casi, y lo que te apetece es pasarlo más o menos bien, trabajar lo justo y no tener que preocuparte por las facturas, comprarte un traje, invitar a una chica, jugar al pádel, darte un chapuzón en Tenerife, ir de compras a Nueva York. Tienes talento y te lo mereces, qué coño.

  Y llega alguien y te dice: Aquí la pasta. Aquí barra libre. Da rienda suelta a tu imaginación más delirante. Pisa el acelerador de tu ironía, dale caña a tu sarcasmo, atragántate de bilis y luego la sueltas a placer. La esparces con gracia y salero por el folio. Además te vas a convertir en columnista estrella. Miles de tipos compartirán tus artículos en Facebook, en Twitter. Se partirán de risa con tus cornadas de tres trayectorias. Eso sí. La única condición es que ya sabes quiénes son los otros. ¿Lo sabes? Claro que sí, y en el fondo te caen tan gordos como a nosotros, ya lo sabes. Son los resabiados rojeras, los perroflautas de los cojones, los izquierdos de la música indie y de la sinfonía "Júpiter" en su vejez. Leña al mono.

  El escritor sabe que casi ningún escritor vive de escribir. Los que tratan de hacerlo (y más en un país que desprecia la cultura como éste, un país donde hay más escritores que lectores) malviven rumiando su rencor de intelectual fracasado por las esquinas. A veces, la única manera de diferenciarlos de los sintecho normales y corrientes es que sus carteles no tienen faltas de ortografía. Y piensas. ¿Y por qué no? Es lucrativo, no requiere gran esfuerzo. No lo requiere Arcadi. Tú te sacas veinte artículos buenos (no buenos, sino cojonudos) en contra de Zapatero, Carmena, Iglesias, Monedero, Jordi Évole, las feministas, las Femen y toda su santa familia, en un santiamén. Igual que mete los triples Kobe Bryant. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete...

  Los grupies de derechas o de izquierdas no piden además gran cosa. Dar caña al enemigo con algo de gracia (y a Arcadi le sobra) y te moverán la cola. Te harán palmas con las orejas. Además debe ser divertido eso de escribir artículos transgresores de ultraderecha. Como saben los publicistas, si tienes que crear una campaña para una crema contra las almorranas no hay mucho material, pero si en cambio es una tienda de moda o un refresco de piña, puedes dar rienda suelta a tu imaginación y tu lengua. Es lo que tiene la derecha, que además, paga. Ni que decir tiene que me encantaría currar de eso. ¡Manolo ataca! ¡Sit! ¡Plas! Escribe. Patita. ¡Muy bien!


  "Observo gran indignación porque un Osborne ha invitado a su plácido programa de la cadena pública al presidente Rajoy". (Bien sentada la premisa. Los quejicas comunistas de siempre y sus lloriqueos de monaguillo). Ahora vayamos por el argumento dos. El doble rasero de estos progres de medio pelo. "No la percibí hace pocas semanas cuando invitó al socialista Pedro Sánchez". ¡Zasca! En toda la boca. Ahora toca ponerse serio y dar un diagnóstico de entendido. "El programa de Osborne es lo que parece" (¿una emisión casposa para una población sin estudios superiores?). "De la cursi (a la derecha le encanta llamar cursi, mariconada, blandengue a la izquierda) suficiencia de los programas de Évole hay que subrayar todo lo contrario: parecen programas de investigación - Operación Palace - y debates - el del Tío Cuco - pero solo son ficciones editadas, es decir, muchos más dañinas".

  Bien Arcadi. No te olvides de recalcar la "idea fuerza". Ahora lo llaman así. El concepto que debe quedar claro. Rojos cursis pero dañinos, blandengues pero tóxicos, bobalicones pero peligrosos, meapilas pero retorcidos, buenistas pero de satánicos propósitos.  ¿Que a usted esta opinión le indigna? Eso está bien. Indignarse es como el deseo sexual, supone que uno está aún vivo. Y puede además hacérselo llegar en su blog a Espada, eso sí, al parecer, previo pago. (Conmigo en cambio es gratis. Aproveche mientras dure). Si lo quiere hacer en su Twitter, lamento decirle que el martillo de herejes, lo tiene protegido. Lástima.

  ¿A qué viene hablar de Espada? Lo reconozco. Escucho a veces a Losantos. Leo por supuesto a Arcadi Espada e incluso a Sostres (que es a Espada lo que el Neardental al Homo Sapiens). Reconozco que a menudo me gusta su prosa, que me desahogan y cabrean, que sacan lo peor que hay en mí e incluso que me río con sus ocurrencias, hasta donde el pudor me llega y con sus falaces comparaciones. A veces escriben muy bien, y no pocas veces es tal su descaro que resulta imposible creerlos. En mi opinión, son como los buenos criminales que en las novelas clásicas policíacas, desafiaban a los investigadores con su ingenio al tiempo que clamaban por ser descubiertos. Dejan una pista aquí y allá para que alguien por fin les eche el guante y diga: —Ya sé que no te crees una sola palabra de lo que opinas y escribes. Has sido muy hábil (el más hábil) tratando de burlarnos durante todo este tiempo, pero todo terminó. Solo falta que nos diga dónde está oculto el arma (¡por Dios!  Se dice el arma, no "la arma", como escriben los cursis de El País).




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2 comentarios:

  1. Oportuno y certero, no obstante, que no nos falten los Espadas, Sostres, Tertschs, Mourinhos... si no, con qué nos íbamos a entretener cuando no veamos el sálvame limón?

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